Testimonio de acoso y abuso en INIDEP #YaNoNosCallamosMas

Desde el 2008 al 2014 fui observadora de pesca en el Inidep. Tuve que subirme a barcos donde nunca se habían embarcado mujeres. Tuve que estar 2 meses en alta mar con 90 hombres, siendo la única mujer a bordo. Pasé por situaciones que no me fueron nada fáciles de afrontar.

Hoy soy consciente de que desde que subí al primer barco hasta que pedí a gritos el desembarco en el último, fui víctima de muchísimos acosos en situaciones muy extremas.

Como quien dice, sin dejar que eso me afecte, seguí embarcándome y las situaciones de abuso y acoso por parte de capitanes, oficiales y marineros nunca pararon. Como quién dice, sin dejar que esto me afecte… pero la realidad es que me afectó mucho y acumulé muchas broncas.

Estos abusos son tan normales que se pasan por alto o minimizan. No quisiera que esto siga pasando en la sociedad.

Para quién nunca se embarcó es muy difícil llegar a entender que arriba de un barco se vive al límite.

También es cierto que muchas empresas no quieren contratar mujeres a bordo, justamente para ahorrarse todos estos problemas de violencia de género.

Nada distinto de lo que pasa en tierra. Tanto arriba como abajo de los barcos hay muchos hombres que se piensan con derecho a estos abusos. Se manejan con total impunidad.

Mi historia en los barcos terminó mal por no hablar a tiempo de estos abusos que tan sutiles parecen a veces.

Lo único que hice público en uno de mis informes como observadora de pesca fue el nombre y apellido de un capitán, pero no di detalles. Todo quedó en una queja mía por el mal desempeño que tuvo este señor para con toda la tripulación durante la marea.
No dije nunca hasta hoy, que el señor Jorge Zanier tuvo que ser contenido por el primer oficial y solo por eso no se atrevió a proponerme tener relaciones sexuales con él. Agradezco que había un primer oficial mucho mas profesional que el capitán que supo manejar la situación. Ese mismo capitán, cargaba con un arma de fuego escondida en una bolsa los últimos días de marea como protección porque tenía miedo de que su tripulación se amotine por, entre otras cosas, querer extender la marea solo porque a él le resultaba económicamente beneficioso.
Jorge Zanier era un peligro para su tripulación, y al mismo tiempo el responsable de la seguridad a bordo. Solo por eso lo denuncié en mi informe. Hasta donde sé, tres años después seguía navegando para la misma empresa.

Esto que cuento fue anecdótico para mí. Es normal vivir situaciones así a bordo.

Quiero dar testimonio también de algo ocurrido en mi última marea, en el 2014. El problema puntual lo tuve con el enfermero del barco (no recuerdo el nombre, le decían “bruja”). A este otro señor se le había metido en su cabeza que yo le recordaba a su esposa y por eso tuve que soportar, producto de su psicosis, un cuestionamiento totalmente fuera de lugar sobre porque yo había llegado tarde a almorzar un día, sin contar torturas psicológicas como por ejemplo decirme que no trabaje tanto ya que me estaba obsesionando con mi trabajo y que mi cara tenia un aspecto muy amarillo. Nunca trabaje de más, solo cumplía con el protocolo, y en muchos casos y ya a esas alturas de la marea, ni llegaba a cumplirlo. Pero este señor estaba obsesionado conmigo. Esa misma noche durante la cena él y el primer oficial hablaron entre risas de que la comida estaba envenenada. Se reían. Si eso fue un chiste o no, no lo voy a saber nunca. Esa misma noche fui a hablar con el capitán respecto de lo acosada que me sentía por el enfermero. Sobre el episodio de la cena no dije nada. También recuerdo luego de eso haber tenido una charla con el jefe de máquinas, en la cual me alertó de que me cuide del enfermero porque era una persona jodida. No pude dormir y me sentí muy mal esa noche. Sudaba mucho y tenia palpitaciones. Estaba descompuesta y tuve sangrado vaginal. Tuve miedo, mucho miedo de que me estuvieran envenenando y violando.
Al dia siguiente fui a hablar con el capitán para pedir mi desembarque. Me pidió explicaciones que no pude darle. Ya había llegado a mi límite y solo me quería bajar. Discutimos y en mi impotencia tuve un arrebato de ira y lo agarré del cuello. Aun así me dijo que la secretaria de pesca no autorizaba mi desembarco. Tenía que esperar 4 días para hacer un trasbordo a otro barco que me llevase a puerto. Yo no me sentía en condiciones de esperar. Seguí gritando y rompí algunas cosas en el puente. El enfermero subió y le dijo al capitán que no se animaba a darme un sedante. Era consciente, de a ratos, de a ratos la voz que me salía ni siquiera sentía que fuese mía. El capitán me dijo que el no podía hacer nada para acelerar mi desembarco y que intentara llamar por mi cuenta. Logré comunicarme con una administrativa del Inidep que entendió que la situación era grave y enviaron al barco a puerto.

Al día antes de llegar a rada y un poco mas tranquila recuerdo haberle preguntado al enfermero si tenía algo que decirme a lo que respondió: “si hablo voy preso”. Ese día me desembarqué y no quise saber mas nada con el Inidep. No conté nada ni a la empresa ni al Inidep. Bajé muy desequilibrada del barco y decidí que no quería saber que había pasado. No me hice estudios médicos ni de sangre. No podía dormir. Gritaba y tenía mucha bronca. No me acuerdo de todo. Tengo algunos baches. Me acuerdo que a los pocos días fui al Inidep a entregar el informe. Me acuerdo que me sentía excitada y mi mente no paraba. Me acuerdo que en un momento dejé que quienes me acompañaban esos días me llevaran a ver un psiquiatra que me medicó y me dormía a cada rato. Me acuerdo poco de esa semana. Se que viajé con mi mamá a Buenos Aires pero no me acuerdo cómo. Se que a los pocos días me sentí mejor y decidí que ya esta bien y que me podía volver sola a Mar del Plata. Pero seguía mal de a ratos y una noche tomé una sobredosis de la medicación esperando despertarme en otra realidad. Pero no fue así. Después de eso corté por mi cuenta con el tratamiento psiquiátrico. Esto fue por noviembre de 2014.

Al día siguiente, una amiga me propuso que hagamos el curso de guardavidas, viajé a Buenos Aires a reponerme y decidí que era un buen plan para empezar de cero. A principios de Diciembre volví a Mar del Plata acompañada por mi prima y en marzo comencé el curso de guardavidas en la Escuela A.R.A. de Mar Chiquita, con sede en el club Kimberley de Mar del Plata.

Al final me encontré con compañeras en la misma situación de abuso y acoso que yo. Algunas llegaban de otras escuelas de guardavidas porque tenían los mismos problemas en los otros establecimientos. Pocas se animan a hacerlo público hasta hoy.

El 31 de marzo de 2016, día del examen final de trabas y zafaduras, ninguna de las mujeres fuimos aprobadas.
El 28 de abril de 2016, día de la segunda fecha para el examen de trabas y zafaduras, Horacio Martin, uno de los directores de la escuela, me avisa telefónicamente que por el fallecimiento del padre de uno de los profesores, el examen quedaba postergado hasta nuevo aviso. Sí justifico la situación esa como razón válida para postergar el examen, lo que no puedo justificar después de todo lo vivido es la respuesta fuera de lugar por parte del sr. Horacio Martin cuando le expliqué que ya no podía esperar para rendir (tenía un viaje programado). Su respuesta fue: “pasate por casa jua”.

Como mi reacción fue negativa, me dijo que era broma. Y ese es el punto. NO ES BROMA. Una respuesta así dada por un directivo de un establecimiento NO es ninguna broma. Es una provocación que genera mucha bronca y es un ACOSO mas.
Antes de volverme a Buenos Aires pedí por favor un certificado con las materias aprobadas hasta el momento y días después me llegó a mi domicilio el título de guardavidas. Declarando que el 31 de marzo de 2016 yo había aprobado trabas y zafaduras. Firmado por Horacio Martin, Fernando Soto, y certificado al dorso por Nestor Nardone. No sé por qué me dieron ese título sin haber aprobado nunca el examen final. Supongo que Horacio me apreciaba y sintió que me estaría haciendo un favor. No lo sé, pero prefiero no callarme mas nada.

Florencia Maccarini, 06/06/2017.

Testimonio de abusos y violencias ejercidas por Tato Toledo. #YaNoNosCallamosMas

Este tipo es Tato Toledo, y él me violó.
La noche del sábado 24 de septiembre del 2016, en Lincoln, provincia de Buenos Aires, una amiga (14) y yo (16) salimos, nos emborrachamos demasiado y decidimos ir a lo de otra amiga a dormir, pero nunca llegamos.
En el camino nos caímos, porque estábamos ebrias, y pararon dos motos, en una, quién luego supe que era Tato Toledo, y en la otra un amigo suyo, nosotras no queríamos que nos lleven, nos negamos muchas veces y quisimos irnos, pero cargaron a mi amiga en la otra moto y quedo inconsciente, no la podía dejar, yo también estaba muy borracha, y tuve que subir con Tato.
Les pedí que nos lleven a la casa de mi amiga, pero nos llevaron a su casa, en él barrio La Rural, entró primero él, otro pibe con mi amiga a upa, y de nuevo, no podía dejarla, y me tuve que dejar llevar por Tato hasta adentro, nos acostaron en una cama de dos plazas y se fueron, nos dormimos.
Cuando me desperté Tato Toledo estaba acostado atrás mío, me tocaba, la saque la mano y empezó a tocar a mi amiga, yo no podía permitir que a ella, siendo mas chica y estando en peor estado que yo, le pase algo.
Le corrí la mano para que la deje y cuando me volvió a tocar no dije nada, lloraba en silencio, me dio vuelta para sacarme la ropa y traté de resistirme, pero me amenazó diciendo “¿No querés? Tranquila, no llores, no te voy a hacer nada que no quieras, no importa, yo se que tu amiga no me va a decir que no” entonces llorando le dije que no, que me haga lo que sea, pero por favor no la toque.
Mientras Tato Toledo me violaba, yo mordía una almohada para no quejarme por él dolor, y lloraba sin hacer ruido, no quería que mi amiga se de cuenta, ella me hablaba y yo le decía que estaba todo bien, que siga durmiendo y no mire para ahí.
Cuando terminó Tato Toledo salió de la pieza, con mi amiga nos abrazamos y empezamos a llorar y temblar, teníamos miedo, frío, a mí me dolía el cuerpo, a las dos nos dolía el alma, tratábamos de ver como irnos pero no íbamos a poder porque estaba él, la cosa es que nos escuchó y entró gritando, retándonos y obligándonos a parar de llorar, repetía “acá no pasó nada, vos quisiste coger, nadie le hizo nada a nadie sin autorización” le pedimos que se fuera de la pieza, se fue.
Lloramos bajito y hablamos en susurros un rato, pero él volvió, se acostó atrás mío y me tocaba, con mi amiga nos mirábamos a los ojos, llorábamos en silencio, yo le apretaba los brazos y ella me secaba las lágrimas.
Me volvió a violar, ahora estando despierta mi amiga, mientras él me violaba nosotras nos dábamos fuerte la mano, ella le pedía por favor que nos deje ir, él me seguía diciendo que podía seguir con ella y entonces yo volvía a decir que no, que por favor no la toque.
Después de violarme por segunda vez se acostó atrás mío, nosotras solo nos miramos en silencio hasta que lo escuchamos roncar, y salimos tratando de no hacer ruido.
La puerta estaba trabada con una pala y él se despertó, así que salió a recordarnos que “nadie le hizo a nadie nada que no quiera” y nosotras corrimos hasta la ruta del acceso.

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Testimonio sobre abuso sexual y violencias ejercidas por Cristian Aldana. #Yanonoscallamosmas !

Ya no tengo miedo.
Ya no siento vergüenza.
Ya no me callo más.

Conocí a Cristian Aldana una tarde del año 2007 durante una merienda que había organizado una amiga mía luego de haber hablado con él por internet.
La tarde transcurrió tranquila, él era el centro de atención con sus anécdotas y su simpatía, nadie sospechaba que era un psicópata abusador de menores disfrazado de hombre dulce y paternal.
Sus estrategias para encantar a la gente estaban ensayadas con una perfección espantosa.
Quiso asegurarse de caer bien, supongo que ganarse la confianza de las personas que lo rodeaban le daba libertad y tranquilidad a la hora de accionar.
Hasta ese momento solo lo había visto en recitales o a través de la televisión.
Escuché la banda por primera vez a los 12.
Empecé a ir a sus recitales a los 15.
Yo era fanática de El Otro Yo, igual que mi amiga.
Mi adoración por Cristian Aldana era directamente proporcional con el momento de mi vida que transcurría por ese año: mi adolescencia desenfrenada.
Pasó un tiempo y  un día mi amiga me cuenta que había arreglado para verlo a Cristian y que quería que la acompañara.
Iba a ir a Besótico (su sello independiente) a la mañana.
Nos escapamos del colegio y fuimos juntas a verlo.
No recuerdo muy bien como accedí a ir, pero sé que no requería de insistencia porque, como ya dije, él era mi ídolo.
Fuimos vestidas de colegialas en respuesta a una petición de él.
Hasta ese día yo había estado con una sola persona en toda mi vida, un chico que fue mi novio durante casi un año, que me respetó y cuidó en todos los aspectos y más aún en la intimidad.
Llegamos, nos invitó a tomar un té pero le dijimos que no, estábamos muy nerviosas.
La hizo pasar primero a ella, yo me quedé en el living esperando, sentada en la computadora.
Luego me hizo pasar a mí, tuvimos una escena de sexo que no recuerdo en detalle, lo único que recuerdo es estar encima suyo tirados en el piso mientras golpeaba mi cabeza contra un mueble, claro que a él no le importaba.
Recuerdo que usó forro aunque aclaró muchas veces que no le gustaba.
Hizo que mi amiga le practicara sexo oral y mientras tanto le pegaba con su miembro en la cara.
Nos abrazaba y nos decía en todo momento que lo que teníamos era una conexión especial, que el mundo no iba a entender porque no estaba preparado para el “amor libre y sin ataduras”, que todo era mágico y que nadie se tenía que enterar.
Recuerdo que me denigraba verbalmente con adjetivos como “putita”, “trolita”, “pendejita” y que se la pasaba dando directivas, “ahora hacé esto” “ahora ponete así”, lo cual no era congruente con su discurso del amor y la magia, pero en ese momento yo no lo podía ver.
No recuerdo mucho más de esa mañana pero sí sé que después de ese día empecé a gestar en mi interior un montón de sentimientos que antes no tenía o por lo menos no estaban tan desarrollados: vergüenza, culpa, falta de amor propio, baja autoestima.
Finalmente logró que me creyera el cuento de que era una pendeja putita.
Luego de eso hablé un par de veces con él por chat y hasta tuve su número de teléfono celular.
Volvimos a vernos una vez más, también con mi amiga, pero esta vez en su departamento del centro (en el que convivió con Ariell Carolina Luján), pero yo estaba bajo los efectos del alcohol y no recuerdo casi nada, sólo recuerdo que estuvimos en su cama matrimonial los tres y que su discurso dictatorial y lleno de directivas no había cambiado.
Tampoco recuerdo el año en el que éste segundo encuentro sucedió, pero debe de haber sido por el 2009 aproximadamente.
Después de eso empecé de a poco a dejar de frecuentar los recitales de El Otro Yo (a pesar de pasar gratis muchas veces porque nos ponía en lista gracias a nuestros “favores sexuales”).
No fue sino hasta hace poco que logré explicarme a mí misma por qué la banda había dejado de gustarme.
Entendí que fueron mi mente y mi cuerpo reaccionando a sus abusos.
Empezó por disgustarme y después por asquearme.
Él siempre se presentó como ese “ser de luz” que viene a salvarte, a juntar tus pedazos cuando estás rota, sanarte, llenarte de amor desinteresado, preocuparse por vos con frases como “el alcohol hace mal” o “sos muy chica para tal cosa, cuando seas más grande vas a entender lo que te digo”, esas acciónes son las que te confunden y hacen pensar que quizás es buena persona…
Pero lo que nunca te dice es que sos muy chica para dar tu consentimiento en el aspecto sexual, que a los 15 o 16 años (o incluso menos) no deberías estar con alguien que te dobla la edad, que te usa y manipula para satisfacer sus antojos perversos, que utiliza su condición de ídolo para seducir y reducir sexualmente.
Siempre negué su abuso y eso fue algo que me fue carcomiendo lentamente a lo largo de los años.
Jugó con mi autoestima, con mi  consentimiento, con mis parámetros de lo que está bien y lo que está mal en el ámbito sexual.
Sentí vergüenza, pudor, inhibición y hasta asco de mí.
Me sentí sucia mucho tiempo.
Hoy quiero deshacerme de todos estos sentimientos que NO me pertenecen porque son suyos, fue él quien los puso en mi mente.
Hoy me libero de vos y de tus manipulaciones.
Hoy digo basta.
Hoy no me callo más.

Testimonio sobre abusos y violencias ejercidas por Cristian Aldana. #Yanonoscallamosmas !

Escrito publicado en facebook el 26 de febrero de 2016:
Hoy por segunda vez me puse a leer testimonios del caso de Cristian Aldana.
Me costó mucho… de verdad soy muy ilusa, confío y quiero mucho…y a él lo quería.
Me costó mucho entender lo que pasaba.
Mi relación con Cristian Aldana empezó igual que como lo cuentan las pibas.
Por sexo.
Tenía 16, 17 años cuando me habló por chat.
Todo lo que paso fue consensuado… pero cuando leo los testimonios entiendo que quizás fue así porque yo vivía lejos y no nos veíamos nunca, no sé.
Que conmigo haya sido bueno en ciertos momentos, no quita lo que fue con el resto.
Yo estaba aburrida y quería vivir algo distinto,creo.
Estuvimos un par de veces cuando viajaba a BsAs.
Una vez me llamó a casa, así tal cual cuentan los testimonios,
atendió mi padrastro y me pasó el teléfono, que era con cable, asi que él escuchaba todo lo que yo decia, era obvio.
Mi padrastro dijo cuando colgué el teléfono que parecía la voz de un hombre mayor quien me hablaba, y lo era.

También me invitó a hacer orgías, me dijo que invitara amigas.
Yo le decía que despues veía, nunca le seguí la corriente y no insistió.
Conmigo no se cuidaba, aunque yo le pidiera que lo hiciera.
Eso me duele mucho porque me malenseñó habitos.

Hoy tengo una enfermedad de transmisión sexual que se llama HPV, no por culpa de él, sino mía y de la persona con la que estuve.
Estoy aprendiendo de esto mientras pasa el tratamiento.
SIEMPRE NOS TENEMOS QUE CUIDAR.
Se lo enseño a mis hermanos, mis amigxs y compañerxs.

Nos reencontramos con Cristian Aldana acá en Buenos Aires.
Estuvimos una vez, llevó profilácticos a pedido mío.
La verdad es que  siempre me gustó el sexo en general, me llama la atención, me agrada la sensación, pero con RESPETO.
Hoy elijo hacerlo con quien me cuide y respete.

Creo que venimos de un paradigma muy machista.
También pasé por una secuencia de violación con mucha vergüenza por lo que había pasado, no pude hablarlo hasta hace poco, ya grande, a un terapeuta con quién trabajé este hecho.

Es muy duro, pero es el mundo que nos rodea y para cambiarlo hay que HACER ESTO: VISIBILIZAR !
Cristian Aldana abusó de la confianza de chicas muy pibas y es muy valiente de parte de ellas el poder hablar de ello.
Que esto sea un aprendizaje como cada día de nuestras vidas y que no volvamos a pasar por esto nunca mas.
Ni con él ni con nadie … no dejemos pasar por alto estas cosas.
Hagamos visible de a poco, para conocer el machismo y la desigualdad que vivimos y peleemos juntxs por un día a día mejor.

P.d.: Perdón si no pude hablar antes de este tema, pero la verdad es que me siento muy herida con lo que leo y escucho de Cristian Aldana, de verdad que lo quería mucho, pero como dije al principio soy muy ilusa…

FANZINE LIBERTINA x Lucila

DES-CUBRIR

Cuando caen los ídolos, aparecen las personas reales.

A mi también me convenció Cristian Aldana, pero comprendí que estuva mal y con ello normalicé muchas malas costumbres, hasta el punto de no saber distingüir entre Amor y Violación.

“ALDANA ABUSADOR DE MENORES E IDOLO DE CIENTAS DE ELLAS”.

De a poco voy recordando un hecho que pasé por alto toda mi vida.

A mí me manipuló Cristian Aldana, me convenció de estar haciendo lo correcto.

De no cuidarnos, de hacer lo que él quería.

MI MAESTRO FUE UN PEDOFILO ABUSADOR !

Después sufrí una violación y no pude distinguirlo porque normalicé la situación.

HABLEMOS DEL TEMA! MANIFESTEMONOS!

Aprendamos a valorarnos, cuidarnos y querernos a nosotrxs mismxs.

Gracias a las pibas que dan testimonio por ayudar a ser más consciente el abuso machista.

YA NO ME CALLO MAS !!

#YANONOSCALLAMOSMAS !

 

 

 

 

 

Visibilización sobre violencias ejercidas por Gustavo Cordera con su presentación impune en La Trastienda. #Yanonoscallamosmas !

Este sábado 16 de junio se presentará con total impunidad y aval del espacio La Trastienda y difundido por Media&Media Films: Gustavo Cordera.

Este sujeto fue repudiado masivamente por sus dichos misóginos en TEA y denunciado por apología del delito y discriminación.

Gustavo Cordera fue el vocalista de la banda La Bersuit y es un “referente del rock nacional” que nos recuerda tal como lo hizo Pappo, Aldana, Del Poppolo, Arnedo y tantos otros más, que no importa lo que se diga o haga si “somos rockeros y nos avala toda una cultura y sociedad”.

Pregonó que merecemos que nos violen, abusen y violenten.

  Utilizó la mediatización para realizar un documental donde el eje son sus dichos en TEA, revictimizando y violentando una vez más.

Es importante que reflexionemos y dejemos de ser cómplices como sociedad al consumir productos repletos de mensajes violentos y patriarcales que nos denigran y MATAN.

Repudiamos todo el accionar violento de Cordera y sus cómplices que alimentan, sostienen y divulgan la cultura de la violación.

#YANONOSCALLAMOSMAS !

Aquí dejamos el link de quienes se manifestaron contra esta acción impune en La Trastienda, que reivindica el derecho del hombre a violar, abusar y violentar a una mujer, adolescente o niña.

Comando Anti-Pajeros BsAs// Repudio a Cordera

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Rolling Stone – “Piden que Gustavo Cordera NO toque en La Trastienda”

Testimonio sobre abuso sexual y violencias ejercidas por Joaquin Tenenbaum. #YaNoNosCallamosMas

Estoy viva porque lo dejé.

Estoy “viva”.

Respiro, camino, por suerte leo, sigo fumando, voy al cine, tengo amigos y tengo amigas.

Estoy viva porque hablé.

Estoy “viva”.

Simbólicamente le dije basta un 2 de Abril del 2016, simbólicamente le dije basta la noche anterior cuando decidí contestarle con una mentira a sus “¿dónde estás?”, “¿qué hacés?”, mientras me metía en la cama de otro pibe y pensaba: ya está.

Ya está un carajo.

Me volví a la mañana siguiente feliz a la casa de mi cómplice, encubridora y amiga con un alfajor para dejar en su heladera y una historia bonita para compartir junto a un desayuno. Tenía el teléfono apagado pero cuando llegué a su casa lo prendí: tenía más mensajes de él y todos se leían enojados, con ese tono que sonaba a “sé que hiciste algo mal, algo me molesta pero suplicame porque no te voy a contar nada”. Fui a bailar, contesté. Te amo, agregué con algo de rechazo para que se calmara.

***

Él se llama Joaquín, Joaquín Tenenbaum. Tenemos la misma edad, fuimos a la misma secundaria. Su papá era profesor en el colegio. Lo conocí en 2014 apenas llegada a la Argentina. Tuve la mala suerte —y la inmensa suerte, por las otras personas que conocí— de caer en 4° “2” y de estar bajo su mira desde el comienzo de las clases. Todo empezó de manera tierna: yo era muy tímida y él muy torpe, nos reíamos en clase y nos mirábamos de reojo. Lo charlaba con algunas chicas que en los pocos meses que llevaba en el país podía considerar mis amigas. Una de ellas, un día decidió que era tiempo de actuar. Así que con la excusa de fumar algo, los llevé a los dos a mi casa después de clase un viernes a la tarde. Era Junio, y el día anterior se había dado la inauguración del Mundial. Lo recuerdo porque por mucho tiempo dijo que dos de sus pasiones habían empezado juntas. Estábamos bastante locos mirando la tele y riéndonos de nuestra profesora de Literatura cuando nuestra amiga decidió que era momento de dejarnos solxs. La miré con cara de desesperación cuando se iba y ella se rió. Estaba muy nerviosa, tenía mucho miedo de que la situación se hiciera oscura pero esa noche no pasó nada: miramos las Chicas Superpoderosas, nos dibujamos las manos y me besó. Después del beso me quedé en silencio. Cuando decidió irse, me besó de nuevo en la puerta y yo di un paso para atrás. Estaba contenta porque me gustaba. Todo empezó en ese momento.

***

Ese 2 de Abril del 2016 me dió una cita en Parque Centenario. Yo no sabía nada pero me lo veía venir: nunca me salen bien las mentiras y una parte de mi deseaba esa discusión. Había intentado dejarlo muchas otras veces pero nunca podía: me sentía culpable, siempre. Lo amo, me esta dando un lugar donde vivir y me ayuda. Yo me había escapado de un padre con el cual no me llevaba nada bien y de una madre que decidió que su lugar para vivir era uno que yo no compartía para nada. Con dieciocho años me fui a “vivir sola” teniendo mucha Fe en esa fuerza imaginaria que de alguna forma u otra me llevaba como un barrilete hacia casas calientes y platos de comida. Estaba sola, no trabajaba, me habían dejado afuera de la secundaria por el solo hecho de que no podía cursar en la misma institución en la que enseñaba su padre y encima, la única familia que sentía tener era la suya.

Me dio una cita en el lago, pero algo en mi me dijo que no, que era necesario un lugar más visible. Quedamos en el Mastil. Estaba ahí parado con ojos muy… turbios. Eran ojos turbios, como agua sucia. Yo estaba en piyama —mi amiga vivía a unas cuadras de ahí— con un buzo y cagándome de frío. Lista a para irme en cuanto todo se pusiese demasiado intenso.

Me dijo que sabía que yo nunca fui a bailar y me preguntaba en donde había estado. No le contesté porque si sabía eso, también sabía que había estado haciendo. Y eso le dije, le dije que ya sabía y que no necesitaba escucharlo de mí. Me contestó que no lo podía creer —y yo menos— y que me había estado revisando el Facebook porque ese pibe que yo le había nombrado de pasada no le había convencido. Se había leído todas nuestras conversaciones, hasta citó una parte en la que este chico me decía: “tu curiosidad es encantadora”. Lo recuerdo y tengo escalofríos porque me lo repitió más de una vez. Empezó a gritarme: porque le había faltado así el respeto, porque no lo habíamos charlado. Me quedé muda porque sabía que tenía razón y al mismo tiempo le quería decir que siempre le había tenido miedo. “Necesito tiempo”, le dije antes de irme. “Espero que haya sido un buen polvo, por lo menos”, lo dijo para herirme pero yo solo me reí con todos los nervios que tenía en la panza. Mientras caminaba lloraba y en vez de sentirme mal sentí un gran, gran, gran alivio.

***

Empiecé a recibir mensajes y más mensajes: por whatsapp, por facebook…

Se presentó esa misma noche al cumpleaños de un amigo y me acorraló en el balcón: me pidió que volviéramos. Le dije que no con insistencia y entonces empezó a reclamarme todo lo que había hecho por mí. Me dijo que yo era una hija de puta, que era una desagradecida y que era/soy una puta. Que nuestra relación había sido hermosa y que sí, que él se había equivocado mucho pero que él estaba tratando de enmendar todo. Le pedí perdón por haberlo engañado pero le repetí que así tenían que quedar las cosas, que la relación se había terminado. Me abrazó, me pidió por favor que volviéramos. Mientras, adentro había una fiesta y nosotros dos estábamos llorando de manera desconsolada en el balcón. Y yo no sabía ni por qué lloraba, solo quería que dejara de tocarme. Todos se fueron, él se fue. Yo estaba ebria de vino tinto y en un momento me dormí.

Puta.

Fui puta durante, fui puta después:

Me decía “puta” mientras me tironeaba muy fuerte el pelo.

Me decía “puta” mientras me rasguñaba la espalda.

“Puta” mientras me agarraba con mucha fuerza los pechos llenándolos de marcas.

“Puta” mientras me lastimaba los pezones llevándolos a la insensibilidad.

“Puta” mientras me pegaba.

Y todo lo expresado mientras me cogía.

Puta, me sentí por mucho tiempo una puta. Mientras me bajaba los pantalones sin que yo dijera que sí, mientras sentía que sus manos eran mas fuertes que yo. Me sentí una puta las veces que me desperté y él ya me estaba manoseando bajo las sábanas. Las veces que me desperté porque yo estaba durmiendo y él me estaba penetrando. Las veces que me “rompió el orto” —así lo dijo, porque lo dijo, porque lo contó, porque se jactó de ser el primero— sin que yo diera mi consentimiento. Me acuerdo sobre todo de la primera vez y del dolor que empezó a subir por la sangre rumbo a mi cerebro para después estallar en mi cara: lloré en silencio, en cuatro, en su habitación, mientras mi cuerpo estaba inmóvil y él me cogía haciéndose el boludo.

Puta me sentí cuando me hizo sexo oral pero yo cerré las piernas. Y me las abrió. Me sentí puta la tercera vez que cogimos, me dolía muchísimo y le pedí si podíamos parar. Se hizo el boludo, como siempre, aunque cuando terminó yo estaba temblando. Fui al baño, me miré al espejo: supuse que eso era normal y que al principio el dolor siempre es parte del placer. “Supuse” porque no lo sabía, el sexo para mi era algo totalmente nuevo.

Puta me sentí con todas las otras personas que vinieron después de él: me gustaban y no me gustaban, los quería pero me desnudaban y me asustaban. Tuve sexo con ellos, pero estuve perdida en otros tiempos. Los miraba pero no recuerdo nada de sus caras. Me movía sobre ellos, pero solo había una pared. Me esforzaba en ser buena en lo que hacía, porque también por mucho tiempo sentí —y siento todavía— que lo único que me quedaba para ofrecer no era más que un orgasmo. Me sentía desvalijada, desamparada y con los bolsillos vacíos.

***

Me vi esconderme en las penumbras. Me vi correr como cucaracha. Me vi rechazar caricias, me vi pero no me sentí porque por mucho tiempo fui incapaz de sentir de verdad mis pensamientos. Me escuché mentir: “sí, te quiero”, “sí, me gustas”, “sí, está todo bien”, “sí, hoy duermo en lo de una amiga”. Me vi buscando el lugar más seguro de la calle porque no estaba dispuesta a molestar a nadie, nunca más. No quería molestar nunca más, quería desaparecer. Me vi por fin durmiendo en un banco del Parque Avellaneda, me vi llorando a la mañana. Me vi llena de vergüenza, una vergüenza que se nota por todos lados en el cuerpo. Me vi triste, me vi silenciosa y desesperada. Me vi tan en el fondo, sin saber el por qué. Nunca voy a olvidar mi mirada vacía en las vidrieras, nunca voy a olvidar el frío que tuve. Porque fue mucho, fue violento, fue de adentro y de afuera para los huesos y para mi psiquis.

Este es mi testimonio:

De como se apropió de mi vida. De como me ató las manos a las suyas. De como me menospreció en cada cosa que decía. De como me rebajaba, de como me callaba, de como me manipulaba para hacerme sentir loca. De como me alejó de mi familia, de como me alejó de mis amigxs, de como me persiguió en las pesadillas. De como me aisló y no pude sacármelo de encima.

Me costó muchísimo dejar de verlo e incluso, después de haber cortado oficiamente nos volvimos a encontrar luego de un par de meses. Volvimos a hablar, a vernos y a coger. A coger con más enojo que antes. Volví a ser su objeto sexual favorito y mientras descargaba su ira en mi cuerpo podía ver pequeñas neuronas explotar en mis ojos. Lloré todas las veces. Fueron meses interminables, fue un invierno muy largo. Pasaba días enteros en la cama sin querer salir. No pude escribir nunca más. Dormía todo el día y a toda hora. Tenía ataques de pánico en el colectivo, ataques de pánico en los baños. No sabía en que pensar, porque todo me recordaba que había algo que no me dejaba vivir. Supe lo que era en la fiesta de un amigo, abrumada por el vino: lo vi sentado riéndose a unos metros míos. Gozando la vida mientras se me morÍa algo en la garganta. Recuerdo que lo vi y pensé en matarlo. Después pensé:  “no es justo”.

¿No es justo qué? Me pregunté.

Me lo pregunté un par de días después en voz alta en la pieza. Y ahí mismo me contesté:

No es justo que mi violador disfrute de la vida mientras me estoy muriendo.

Fui a vomitar. Vomité por cinco minutos.

Empecé a recordar todas sus actitudes machistas. Actitudes que él me convencía de que eran celos y no simple asco: como seguía el culo de las pibas en las calles, cuando le encontré fotos en bolas de una chica de 14 años; o cuando con intención de salvar en una carpeta una foto graciosa para ponerle de fondo de pantalla, se me abrió una carpeta en la cual coleccionaba fotos de un montón de chicas que yo conocía —todas sacadas de Instagram, Twitter o alguna red social— en ropa interior o semi-desnudas, hasta había  —otra vez— fotos de muchachas de 13 años y hasta algunas de su hermana que se había sacado fotos artísticas con proyecciones sobre el cuerpo. Él las tenía en la que de a poco descubrí que era su carpeta “porno”.

***

Fue denunciado el 24 de Marzo 2017 en la Comisaria 43 de Floresta.  A menos de un mes de realizada la denuncia el fiscal y luego la jueza decidieron sobreseer la causa por “falta de elementos” en primera instancia. Este ser humano nefasto no solo vive gozando de su impunidad si no que estudia para ser docente, protegido por un amplio grupo de profesores y profesoras del lugar en el cual estudia. Lugar que estigmatiza y señala como violentos a los y las que luchan desde dentro por una comunidad libre de abusadores y violadores.

Ningune de nosotres elije ser víctima, recuerden siempre que si hay una víctima hay un victimario avalado por una sociedad que fomenta y se nutre de sus practicas violentas y de nuestra sumisión. Y que con tus dudas, tu doble moral, tus ojos cerrados estas eligiendo el bando del opresor. Ya no nos callamos. Ya muchxs salieron, muchxs estamos saliendo, muchxs más van a salir. Frente a la violencia machista, ¡organización! Seguimos de pie, seguiremos por siempre de pie, por amor seguiremos.

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