El derecho a réplica.

Hay denunciantes que no quieren revelar su identidad y el por qué es más que respetable, no hace falta explicarlo. Se publicaron las iniciales de las denunciantes, lo cual me parece una falta de respeto muy grande y parte de esta cultura de la revictimización.
También  se ha utilizado relatos de mi declaración confidencial, lo cual me hiere y enoja, no estamos obligadas a exponer en los medios más de lo que tengamos ganas de exponer. 

Aún no he escrito mi testimonio en las redes. Declaré en un lugar donde se supone que debe estar resguardada al máximo la intimidad de las denunciantes, y la declaración de los testimonios. No es grato revivir esas historias.

Y tampoco tienen por qué estar publicadas en un diario digital, sin nuestro consentimiento.

Porque son confidenciales.

No puedo dejar de pensar en que fue un hombre el que realizó esta acción tan machista y maltratadora. Me lo imagino eligiendo el peor párrafo, el que más morbo le generaba y exponiéndolo. ¿Para ayudar? ¿Para generar conciencia? No. 

Quiero agradecer en nombre de todas, a todos esos espacios que se nos han acercado desde el respeto y el compromiso de visibilizar para ofrecernos vuestros espacios. Se les agradece mucho. Porque desde medios televisivos, medios digitales e impresos, nos han tratado con muchísimo respeto y calidez. 

El periodismo también tienen que limpiar sus espacios, eso lo aprendimos con las denuncias de compañeras a Palma y Carrasco, por ejemplo.

Antes dije que no podía dejar de pensar que había sido un hombre el que realizó una actitud tan machista y maltratadora. Lo que me lleva al segundo punto de esta réplica.

El machismo nos atraviesa a todxs.

Incluso atraviesa las declaraciones nefastas realizadas por Mariana Moyano. No voy a ir punto por punto, porque eso sería darle una consideración que no se merece. Pero sí, quiero expresar mi máximo repudio a su falta tan grande de responsabilidad. Tenés micrófono y lo usas para ser una irrespetuosa, desconsiderada, para reproducir la cultura de la violación y revictimizar a todo un movimiento en lucha y expresión.

No pretendas aplicar tu verdad a todas nosotras.

De nuevo, agradecemos a quienes aportan con su respeto y coherencia en el ámbito del periodismo. Es sentido y apreciado.

Finalmente, quiero rescatar la importancia y labor que emprendimos todxs este año con #YANONOSCALLAMOSMAS, tomando la proclama como grito de lucha y empoderamiento colectivo.

Saquemos la basura afuera, no nos pertenece.

Por otra parte pienso en la magnitud de irresponsabilidad que significa el silencio de las bandas de rock en Argentina, bandas que conocen al sujeto…

Con una amiga charlábamos sobre ¿Que ejemplo le estás dando a un público adolescente, en su mayoría, quedándote callado ante este tema?, tema que nos atraviesa a toda la sociedad y que en su ambiente es muy frecuentado.
Claramente estamos rompiendo con un sistema, una cultura, un paradigma normativo impuesto para muchos fines, todos insalubres.

Nos agradezco mucho que tomemos la palabra, nuestro Valor y Fortaleza para expresar nuestras historias y así aportar este granito de arena, esta semilla, en esta lucha colectiva.

Ariell Carolina.

yano
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Mi verdad, Charlie di Palma

Hoy vengo a contar mi verdad. Y en cuanto digo mía, se ha transformado en nuestra. Doy el pie para que todxs aquell*s que quieran conozcan lo profunda que es mi sinceridad y se  multipliquen; para que esta verdad, mi verdad, nuestra verdad, cobre el sentido que nos merecemos.

De repente todo lo que era un recuerdo de esos instantes, de ellx, cambiaba de color mis estados bruscamente en una monotonía de sinsabores, sinsaberes, sensaciones dolidas: teñía todo de una oscuridad parcial que otra vez recurrente, dividía mi ser y estar;  que sin detectarlo conscientemente configuró una ambigüedad de mis conductas, irrefrenables; que no me permitían evidenciar lo verdadero de mí y que no respondía a lo que mi esencia quería trascender, sujeta en aquel pasado que en un espacio y tiempo puntual se había configurado a través de placeres ajenos a los cuales sentía la necesidad de corresponder, a pesar de que los sentía fuera de mi cuerpo y mente.

Perversiones que configurarán mis maneras de accionar,  vincularme y disponerme en los caminos de mi vida.

Dictadas por un individuo —referente incondicional por ese entonces— que me enseñaba que “Así estaba bien” y que “No estamos haciendo nada malo, pero no le cuentes a nadie”.

Así fue que empecé a proceder —desde mis 14 años, a internarme en el mundo de este hombre— y de intentar una aceptación en un contexto social —porque además no era la única que lo exaltaba— donde el héroe era esta persona que evidenciaba sus actitudes y las transmitía oportuna e insistentemente a través de su música.

Ser músico es tener un rol de comunicador social masivo, a través de un canal de transmisión muy potente conformado por el micrófono —quien tiene la palabra—, el escenario —quien debe estar ante la vista del público— y, sobre todo, la convocatoria —que es su poder de representación, cuánta gente se siente reflejada, cuánta gente le escucha, cuánta gente legitima ese poder. El mal uso de ese canal implica un mal ejemplo a seguir.

Poder. Poder de decir. Poder de convencer. De convencer amar. De convencer hacer daño. De convencer dominar. De convencer ser dominad*s. Poder que, depende de quien lo detente, puede hacer bien o puede hacer mal. Y ÉL lo usó mal.

Años de aguantarnos decir lo que en realidad sentíamos al respecto. Vacío del todo. Incluso ya siendo jóvenes adultas.

Al punto de establecer una forma naturalizada de ser oprimida frente a una manipulación grave en momentos vulnerables de nuestro crecimiento que ha desmedido nuestra inocencia. También el sentirnos únicas respecto a este pensa/sentimiento contribuyó a callarlo, o a contarlo desde otro ángulo: aquel que él quiso que le atribuyéramos.

Nos hemos echado la culpa cada una durante mucho tiempo por sentir que elegíamos ese andar.

Y nos hemos mal/hecho cargo de cada “resplandor” que, de tanta claridad, nos enceguecía de dolor mostrándonos que las heridas de ayer no son las cicatrices de hoy sino que la costra recién empieza a formarse, que aquellos momentos “felices” no eran sino una tregua. Al punto que preferí dejarlos en algún rincón ambiguo de mi psiquis creyendo que allí residirían, sin soltarse, encadenados a una oscuridad donde pudieran ser olvidados.

Pero en cambio determinaron encarnizadas conductas autodestructivas que incidían en cada vínculo que intentara formar o mantener en la mayoría de los rincones de mi vida, sobre todo en el plano social.

Nos delimitaban a estar expuestas ante situaciones que no tenían que ver con nuestra esencia —y para las cuales, por lo tanto, no estábamos preparadas— mientras esta persona aplaudía con una sonrisa y corroboraba fehacientemente nuestras anécdotas. También correspondía, que casualidad, a lo que él buscaba que asimiláramos, justificándonos en ese proceso de base, que nada tenía que ver con los que nosotras queríamos vivenciar.

Atravesamos adicciones, relaciones violentas, y perdimos la noción de quiénes éramos y/o por qué lo hacíamos.

La impunidad se ha hecho de mí en esos momentos, de lo primero poco a lo mucho último, una singular manifestadora de sensaciones enfermizas frente a la otredad —y más de una vez fue el arte, emancipador y sanador en mi caso, quien canalizó esas manifestaciones— para poder al fin, después de muchos tropiezos, dolores y resquemores, despertar y poder empezar a reconocer —y a enfrentar— lo que me estaba aquejando.

Fueron años de búsqueda.

De a poco, en esas búsquedas repletas de infinita soledad, esas niñas vulneradas ahora adultas nos fuimos encontrando, entendiendo que nuestras visiones, finalmente, no eran tan particulares, sino colectivas.

Fue un alivio torrencial poder vernos, escucharnos, hacernos espejo, eco de nosotras mismas, y comprender, felizmente —si se puede usar esta expresión en este contexto— que no estábamos solas.

Escuchar a Mailén y a Rocío nos dio el valor para poder saber, para poder comprender, para poder aprehender NUESTRO DERECHO A NO CALLAR.

SOMOS MUCHAS…

Algunas denunciamos, otras no. Se respetó cada decisión. Pero SÍ puedo afirmar que tenemos un punto en común y es que TODAS terminamos lastimadas a varios niveles —sobre todo, psicológico— por las vivencias con ese “Artista”.

Si no salimos a dar la cara todas juntas de inmediato, no es porque no queramos.

Es porque no queremos que se cuestione nuestro accionar.

Es porque no queremos que se mediatice de la manera inapropiada, que se vincule a un sensacionalismo político y mediático, que se tergiverse su verdadero eje.

Porque una perversión de esta magnitud, naturalizada en éste y otros casos,  no afecta sólo a la víctima: inciden en toda la sociedad. Estos actos de perversión nos alienan. No nos permiten fluir.

Quince años —desde mi experiencia personal— de dolor son demasiado para que una noticia corra por todos los medios y se desdibuje en menos de lo que unx imagina. Y más todavía si a esos dolores se le agrega el de tener que convivir con la realidad de la certeza de que, siendo adolescentes, no éramos conscientes de que esa no era una elección.

ES PORQUE QUEREMOS que este sea un punto de re/inflexión necesario para que se multiplique y reproduzca ayudando.

Si los sueños de cambio, la reflexión constante y las ideas para poner en práctica son suficientes, las podremos hacer valer. Si nunca desarmamos el rompecabezas después de mirarlo un rato, nunca veremos nada.

La negación esclaviza nuestras maneras de sentir. Y nunca nos hemos sentido bien al respecto. Por eso hoy las voces están GRITANDO, AL FIN.

Porque nos hemos tomado el trabajo intenso de descubrir quiénes somos, qué queremos y cómo nos sentimos. E hicimos de esto Nuestra Tarea, rescatando a esas niñas que a partir de los 13 han sido vulneradas y que vislumbraron todas éstas cosas a través de su cuerpo y mente.

Buscando comunicar y configurar otra manera de acceder a la cultura, esta vez en clave de herramienta de transformación social que ponga fin a estas situaciones de abuso, humillación, dominación, sabiendo muy bien que éstas son impuestas y apoyadas por una sociedad que exalta el poder como meta.

Proponemos a partir de nuestra denuncia erradicar los mandatos patriarcales  que naturalizan y consecuentemente nos condenan, “desevangelizar” esas palabras que en el discurso expresan una cosa y en la práctica son otra.

Yo admiraba a ese hombre que a través de su arte me suavizaba las apariencias de mensajes altamente dañinos que me convencían, que necesitaba oír.

Quería creerle cuando me hablaba de su alegría, del amor, de la paz, de la rabia cósmica adolescente, del sexo.

Sabemos, hasta el punto de haberlo consensuado, que direccionar esto hacia un costado político/partidario no va a responder a la necesidad que estamos planteando: la JUSTICIA que nos merecemos.

Ahora va más allá de encontrarlo culpable —la razón que nos había unido—, porque la lucha sigue.

LA CULPA NO EXISTE, NO RECAE EN QUIEN DEBE CAER, SI NO NOS HACEMOS CARGO.

NOSOTRAS ESTAMOS ACCIONANDO, GENERANDO CONSCIENCIA, FRENTE A ESTAS SITUACIONES, PORQUE DE LO CONTRARIO, QUIENES CONTINUEMOS PAGANDO SEGUIREMOS SIENDO LAS VÍCTIMAS.

Al no sacar el problema de raíz se nos condiciona a revivirlo.

A través de este cambio —de este paso que decidimos dar con mucha valentía— muchas mujeres, hombres, niñxs podrán denunciar y contar sus abusos.

Hablar al respecto.

Sacarlo.

Sintiendo contención ante una situación que lxs marcó en muchos aspectos en el trayecto de sus vidas.

Redimensionar. Reestructurar. La fuerza está aquí para hacerlo.

Revalorar sistemas. Desestigmatizar. Aprender lo sano y latente que a tantos nos ha costado encontrar.

Hoy aprendimos una lección que va mucho más allá de ser “importante” y “dura”: debemos desaprehendernos de todo lo que nos han inculcado desde siempre para que seamos sumisas, meros objetos de satisfacción sin voluntad de un otro mucho más poderoso. Y debemos ENSEÑAR desde nuestra experiencia a la siguiente generación, y a la actual, una cultura sin abusos, violencia, violaciones, misoginia, manipulación sobre nuestrxs cuerpxs y todx cuerpx que pueda ser dominadx.

Debemos HABLAR y apoyarnos entre sis —y entre nos—, a partir de esa manifestación, para que algo se modifique.

Nuestros objetivos no se basan en reprimir las ideas y deseos de nuestrxs hijxs ni sus salidas.

Que  NO recaiga en ellos la culpabilidad. SÍ se trata de deconstruir/reconstruir una cultura donde, denunciando juntos este tipo de abusos y discursos manipuladores, se entienda que el adulto ES QUIEN TIENE la responsabilidad de decir NO a un menor, ante sus inquietudes adolescentes.

Que ese NO tenga una explicación objetiva para que esa niña o ese niño tome consciencia en su fase de crecimiento sexual, educativo y social, tan necesario para enfrentarse a la vida, sin que se le tergiverse o manipule la trama de su aprehender nunca más desde ningún punto de vista. Para no enfermar a ese niño que se predispone a la exploración sana de su cultura y sus vivencias,  a través de las cuales se formará un adulto.

Resignificar la cultura,  la música, el arte.

Creemos que el arte cumple una función VITAL en donde los adolescentes necesitan ser escuchados manifestando sus cambios de visión sobre el mundo y sus propias construcciones.

Que el arte no sea un medio manipulador —como ha probado este señor y muchos más— para que sus perversiones personales sean parte de nuestros espacios, poniéndonos en riesgo. Sino EMANCIPADOR, enseñándonos a vivir libremente.

Que no se adueñen de nuestrxs hijxs, hermanxs, amigxs.

Porque hemos vivenciado y sufrido en primera persona esta apropiación y no queremos que siga ocurriendo.

Sabemos que no es nada fácil. Por eso, este es un camino en el que invitamos a  artistas, trabajadores culturales, vecinxs, madres, hermanxs, a que recorran, a que re piensen, a que reflexionen y debatan para que reconstruyamos juntxs y planteemos un nuevo punto de inflexión donde nos cuidemos unxs a otrxs.

Por eso y por más, hoy gritamos mientras esperamos que se sigan multiplicando las voces: YA NO NOS CALLAMOS MÁS.

CHARLIE DI PALMA

ABRIL-MAYO 2016

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La crisis de los fans

“No fue culpa del violador, ni del abusador, ni del violento, fue culpa de los padres de esas chicas”. Cuanta ignorancia y apatía que existe. Lo más triste es que probablemente, las personas que emiten esos comentarios tan desafortunados, también hayan pasado por situaciones vulnerables. Como todo ser humano de este sistema esclavizador, que enseña a repetir como un robot los slogans de la cultura de la violación. Una persona, que es más que seguro, le dolería mucho que alguien que no te conoce, ni a vos, ni a tu historia, ni tu vida, ni tus circunstancias, te juzgue… a vos o a tu entorno.

No juzguemos al ídolo de Rock, “que está en su derecho”. Es un buen hombre con instintos, después de todo.

Señalar a otra persona que no sea al agresor, es ser cómplice de la cultura de la violación. Es reproducirla y afirmarla. Porque en una situación de abuso, violación, violencia, pederastía el responsable, el único responsable es el perpetrador. El que viola. El que golpea. El que corrompe. Entre otros tantos padecimientos, cuyo peor escenario es la muerte.

La violencia de género no sabe de clases o estatus sociales. Nos atraviesa a todxs.

A ustedes también.

A ustedes que justifican, que apañan, que promueven y que repiten la cultura de la violación. Sea como cómplices, sea como victimarios.

Y es muy curioso cómo, el artista de Rock es un “contestatario” hasta que tiene que hacerse responsable de sus acciones, y el discurso vira a la hipocresía más pequeñoburguesa que puede existir. Ante la sola idea de tener que “pagar” por esos abusos que consideraba privilegios, el contestatario, el rebelde, se transforma “en un buen esposo y padre de familia, ¿¿¿por qué me están haciendo esto a mí???”. Así mismo sus seguidores, pasan de acusar a las víctimas y sobrevivientes de “despechadas”, “resentidas”, “locas” hasta que llega la resolución judicial… y vuelve a aparecer ese bichito pequeñoburgués reproductor de la cultura de la violación más rancia. Ahora, ya no son unas “despechadas”, “resentidas” o unas “locas”… Ahora fueron los padres y madres. Es culpa de la familia… que no la cuidó. Es culpa de la familia, que la dejó ir… pero NUNCA, parece, es culpa del perpetrador.

Esta es “la buena gente”, “la buena gente del Rock y de todos lados”. Los cómplices. Los que permiten que la cultura de la violación se perpetúe. Esxs que hablan de las “buenas y malas víctimas”, de “las verdaderas víctimas” y las otras, “las despechadas”.

Estos “contestatarios”, estos “rebeldes”, devenidos en el baluarte de la familia tradicional (con sus silencios, encubrimientos, y perpetuaciones) falta que aludan al “Síndrome de Alienación Parental”, cuando un niño o niña es abusado en su entorno familiar. Porque así suenan. Esto es lo que están reproduciendo, en nombre de vuestro “ídolo de Rock”. “Seguramente es la madre que le llena la cabeza”, “es una loca despechada”, “es culpa de los padres que no las cuidaron”, “FEMINAZIS, FEMINAZIS”, son el tipo de cosas que se escuchan, cuando se rompe el pacto de silencio.

El pacto de silencio de la cultura de la violación.

Ese pacto de la cultura de la violación que se rompió, mientras ustedes se abrazan a sus entradas, a sus cds, a sus posters y  a sus remeras con todas sus fuerzas.

Sigan defendiendo la familia, la tradición, las buenas costumbres, los privilegios, el silencio y la ignorancia.

Cuando despierten, todas nosotras vamos a estar acá.

Porque esto también lo estamos haciendo por ustedes.

Todo el movimiento lo hace por todxs nosotrxs.

Ariel Luján, Carolina Charlin. 

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“Chicas que denuncian la verdad” en Revista Cítrica

Entrevista a Charlie di Palma y Felicitas Matafioti en Revista Cítrica publicada en su portal el 26 de diciembre de 2016.

Muchas gracias por el espacio, por el respeto y por el compromiso.


¿Cómo fue el primer contacto con Cristian Aldana?

Felicitas Matafioti: Por los chats de El Otro Yo. Hubo dos: Trakatraka.com.ar y elotroyo.com. Cuando los músicos se conectaban, el chat te indicaba de quién se trataba. Desde ahí se comunicaba con sus fans. Cristian te preguntaba la edad y si eras virgen. Era nuestro ídolo y referente.

Charlie di Palma: Te hacía creer que debías ser desvirgada por él y nos hacía sentir las elegidas. Me manipulaba, adelante de las otras chicas me hacía sentir fea. La primera vez que estuve con él me violó. Tenía 14 años. Me pegaba mientras cogíamos, me daba trompadas y cachetazos.

Leer nota completa aquí

Rechazan la excarcelación del músico Cristian Aldana, imputado por abuso sexual y corrupción de menores

Extraído de “Centro de investigación Judicial-Agencia de noticias del Poder Judicial”.

Fecha de publicación: viernes, 23 de diciembre de 2016

Lo resolvió el juez Roberto Oscar Ponce, a cargo del Juzgado Nacional de Instrucción N° 17 de la Capital. Según la resolución, se encuentra configurado en el caso el riesgo de fuga y la posibilidad de entorpecimiento de la investigación

El juez Roberto Oscar Ponce, a cargo del Juzgado Nacional de Instrucción N° 17 de la Capital, no hizo lugar este viernes al pedido de excarcelación solicitado por la defensa de Humberto Cristian Aldana, imputado por el delito de abuso sexual gravemente ultrajante y con acceso carnal en concurso ideal con corrupción de menores en calidad de autor, reiterado en siete oportunidades.

En la resolución, el magistrado señalo que “no pueden obviarse las graves características de los hechos atribuidos al imputado, dado que sabiendo de su condición de ídolo musical de las víctimas menores de edad y, en aprovechamiento de la adoración que éstas le dispensaban, como así también de su inmadurez sexual, las forzó a mantener relaciones sexuales con él en forma violenta e intempestiva, accediéndolas carnalmente por vía vaginal y anal, y a practicarle sexo oral. Además, por su influencia sobre las niñas, logró manipularlas para que participaran de orgías sexuales que organizaba con otras menores de edad, como así también las incitó a incorporar a otras niñas a dichas prácticas”.

“En todos los casos pesquisados se denota la ausencia total de consideración a la minoridad de las víctimas, también un claro desprecio al género femenino e incluso una falta total de respeto a la noción más elemental de la dignidad humana”, aseguró.

Y añadió: “En tales condiciones, entiendo que se encuentra configurado el riesgo de fuga previsto por el artículo 280 del ordenamiento adjetivo, sin que se advierta la posibilidad de que sea neutralizado por una medida de menor injerencia atendiendo a las razones que se han desarrollado”.

Leer fallo completo aquí