Testimonio sobre abuso sexual y violencias ejercidas por Joaquin Tenenbaum. #YaNoNosCallamosMas

Estoy viva porque lo dejé.

Estoy “viva”.

Respiro, camino, por suerte leo, sigo fumando, voy al cine, tengo amigos y tengo amigas.

Estoy viva porque hablé.

Estoy “viva”.

Simbólicamente le dije basta un 2 de Abril del 2016, simbólicamente le dije basta la noche anterior cuando decidí contestarle con una mentira a sus “¿dónde estás?”, “¿qué hacés?”, mientras me metía en la cama de otro pibe y pensaba: ya está.

Ya está un carajo.

Me volví a la mañana siguiente feliz a la casa de mi cómplice, encubridora y amiga con un alfajor para dejar en su heladera y una historia bonita para compartir junto a un desayuno. Tenía el teléfono apagado pero cuando llegué a su casa lo prendí: tenía más mensajes de él y todos se leían enojados, con ese tono que sonaba a “sé que hiciste algo mal, algo me molesta pero suplicame porque no te voy a contar nada”. Fui a bailar, contesté. Te amo, agregué con algo de rechazo para que se calmara.

***

Él se llama Joaquín, Joaquín Tenenbaum. Tenemos la misma edad, fuimos a la misma secundaria. Su papá era profesor en el colegio. Lo conocí en 2014 apenas llegada a la Argentina. Tuve la mala suerte —y la inmensa suerte, por las otras personas que conocí— de caer en 4° “2” y de estar bajo su mira desde el comienzo de las clases. Todo empezó de manera tierna: yo era muy tímida y él muy torpe, nos reíamos en clase y nos mirábamos de reojo. Lo charlaba con algunas chicas que en los pocos meses que llevaba en el país podía considerar mis amigas. Una de ellas, un día decidió que era tiempo de actuar. Así que con la excusa de fumar algo, los llevé a los dos a mi casa después de clase un viernes a la tarde. Era Junio, y el día anterior se había dado la inauguración del Mundial. Lo recuerdo porque por mucho tiempo dijo que dos de sus pasiones habían empezado juntas. Estábamos bastante locos mirando la tele y riéndonos de nuestra profesora de Literatura cuando nuestra amiga decidió que era momento de dejarnos solxs. La miré con cara de desesperación cuando se iba y ella se rió. Estaba muy nerviosa, tenía mucho miedo de que la situación se hiciera oscura pero esa noche no pasó nada: miramos las Chicas Superpoderosas, nos dibujamos las manos y me besó. Después del beso me quedé en silencio. Cuando decidió irse, me besó de nuevo en la puerta y yo di un paso para atrás. Estaba contenta porque me gustaba. Todo empezó en ese momento.

***

Ese 2 de Abril del 2016 me dió una cita en Parque Centenario. Yo no sabía nada pero me lo veía venir: nunca me salen bien las mentiras y una parte de mi deseaba esa discusión. Había intentado dejarlo muchas otras veces pero nunca podía: me sentía culpable, siempre. Lo amo, me esta dando un lugar donde vivir y me ayuda. Yo me había escapado de un padre con el cual no me llevaba nada bien y de una madre que decidió que su lugar para vivir era uno que yo no compartía para nada. Con dieciocho años me fui a “vivir sola” teniendo mucha Fe en esa fuerza imaginaria que de alguna forma u otra me llevaba como un barrilete hacia casas calientes y platos de comida. Estaba sola, no trabajaba, me habían dejado afuera de la secundaria por el solo hecho de que no podía cursar en la misma institución en la que enseñaba su padre y encima, la única familia que sentía tener era la suya.

Me dio una cita en el lago, pero algo en mi me dijo que no, que era necesario un lugar más visible. Quedamos en el Mastil. Estaba ahí parado con ojos muy… turbios. Eran ojos turbios, como agua sucia. Yo estaba en piyama —mi amiga vivía a unas cuadras de ahí— con un buzo y cagándome de frío. Lista a para irme en cuanto todo se pusiese demasiado intenso.

Me dijo que sabía que yo nunca fui a bailar y me preguntaba en donde había estado. No le contesté porque si sabía eso, también sabía que había estado haciendo. Y eso le dije, le dije que ya sabía y que no necesitaba escucharlo de mí. Me contestó que no lo podía creer —y yo menos— y que me había estado revisando el Facebook porque ese pibe que yo le había nombrado de pasada no le había convencido. Se había leído todas nuestras conversaciones, hasta citó una parte en la que este chico me decía: “tu curiosidad es encantadora”. Lo recuerdo y tengo escalofríos porque me lo repitió más de una vez. Empezó a gritarme: porque le había faltado así el respeto, porque no lo habíamos charlado. Me quedé muda porque sabía que tenía razón y al mismo tiempo le quería decir que siempre le había tenido miedo. “Necesito tiempo”, le dije antes de irme. “Espero que haya sido un buen polvo, por lo menos”, lo dijo para herirme pero yo solo me reí con todos los nervios que tenía en la panza. Mientras caminaba lloraba y en vez de sentirme mal sentí un gran, gran, gran alivio.

***

Empiecé a recibir mensajes y más mensajes: por whatsapp, por facebook…

Se presentó esa misma noche al cumpleaños de un amigo y me acorraló en el balcón: me pidió que volviéramos. Le dije que no con insistencia y entonces empezó a reclamarme todo lo que había hecho por mí. Me dijo que yo era una hija de puta, que era una desagradecida y que era/soy una puta. Que nuestra relación había sido hermosa y que sí, que él se había equivocado mucho pero que él estaba tratando de enmendar todo. Le pedí perdón por haberlo engañado pero le repetí que así tenían que quedar las cosas, que la relación se había terminado. Me abrazó, me pidió por favor que volviéramos. Mientras, adentro había una fiesta y nosotros dos estábamos llorando de manera desconsolada en el balcón. Y yo no sabía ni por qué lloraba, solo quería que dejara de tocarme. Todos se fueron, él se fue. Yo estaba ebria de vino tinto y en un momento me dormí.

Puta.

Fui puta durante, fui puta después:

Me decía “puta” mientras me tironeaba muy fuerte el pelo.

Me decía “puta” mientras me rasguñaba la espalda.

“Puta” mientras me agarraba con mucha fuerza los pechos llenándolos de marcas.

“Puta” mientras me lastimaba los pezones llevándolos a la insensibilidad.

“Puta” mientras me pegaba.

Y todo lo expresado mientras me cogía.

Puta, me sentí por mucho tiempo una puta. Mientras me bajaba los pantalones sin que yo dijera que sí, mientras sentía que sus manos eran mas fuertes que yo. Me sentí una puta las veces que me desperté y él ya me estaba manoseando bajo las sábanas. Las veces que me desperté porque yo estaba durmiendo y él me estaba penetrando. Las veces que me “rompió el orto” —así lo dijo, porque lo dijo, porque lo contó, porque se jactó de ser el primero— sin que yo diera mi consentimiento. Me acuerdo sobre todo de la primera vez y del dolor que empezó a subir por la sangre rumbo a mi cerebro para después estallar en mi cara: lloré en silencio, en cuatro, en su habitación, mientras mi cuerpo estaba inmóvil y él me cogía haciéndose el boludo.

Puta me sentí cuando me hizo sexo oral pero yo cerré las piernas. Y me las abrió. Me sentí puta la tercera vez que cogimos, me dolía muchísimo y le pedí si podíamos parar. Se hizo el boludo, como siempre, aunque cuando terminó yo estaba temblando. Fui al baño, me miré al espejo: supuse que eso era normal y que al principio el dolor siempre es parte del placer. “Supuse” porque no lo sabía, el sexo para mi era algo totalmente nuevo.

Puta me sentí con todas las otras personas que vinieron después de él: me gustaban y no me gustaban, los quería pero me desnudaban y me asustaban. Tuve sexo con ellos, pero estuve perdida en otros tiempos. Los miraba pero no recuerdo nada de sus caras. Me movía sobre ellos, pero solo había una pared. Me esforzaba en ser buena en lo que hacía, porque también por mucho tiempo sentí —y siento todavía— que lo único que me quedaba para ofrecer no era más que un orgasmo. Me sentía desvalijada, desamparada y con los bolsillos vacíos.

***

Me vi esconderme en las penumbras. Me vi correr como cucaracha. Me vi rechazar caricias, me vi pero no me sentí porque por mucho tiempo fui incapaz de sentir de verdad mis pensamientos. Me escuché mentir: “sí, te quiero”, “sí, me gustas”, “sí, está todo bien”, “sí, hoy duermo en lo de una amiga”. Me vi buscando el lugar más seguro de la calle porque no estaba dispuesta a molestar a nadie, nunca más. No quería molestar nunca más, quería desaparecer. Me vi por fin durmiendo en un banco del Parque Avellaneda, me vi llorando a la mañana. Me vi llena de vergüenza, una vergüenza que se nota por todos lados en el cuerpo. Me vi triste, me vi silenciosa y desesperada. Me vi tan en el fondo, sin saber el por qué. Nunca voy a olvidar mi mirada vacía en las vidrieras, nunca voy a olvidar el frío que tuve. Porque fue mucho, fue violento, fue de adentro y de afuera para los huesos y para mi psiquis.

Este es mi testimonio:

De como se apropió de mi vida. De como me ató las manos a las suyas. De como me menospreció en cada cosa que decía. De como me rebajaba, de como me callaba, de como me manipulaba para hacerme sentir loca. De como me alejó de mi familia, de como me alejó de mis amigxs, de como me persiguió en las pesadillas. De como me aisló y no pude sacármelo de encima.

Me costó muchísimo dejar de verlo e incluso, después de haber cortado oficiamente nos volvimos a encontrar luego de un par de meses. Volvimos a hablar, a vernos y a coger. A coger con más enojo que antes. Volví a ser su objeto sexual favorito y mientras descargaba su ira en mi cuerpo podía ver pequeñas neuronas explotar en mis ojos. Lloré todas las veces. Fueron meses interminables, fue un invierno muy largo. Pasaba días enteros en la cama sin querer salir. No pude escribir nunca más. Dormía todo el día y a toda hora. Tenía ataques de pánico en el colectivo, ataques de pánico en los baños. No sabía en que pensar, porque todo me recordaba que había algo que no me dejaba vivir. Supe lo que era en la fiesta de un amigo, abrumada por el vino: lo vi sentado riéndose a unos metros míos. Gozando la vida mientras se me morÍa algo en la garganta. Recuerdo que lo vi y pensé en matarlo. Después pensé:  “no es justo”.

¿No es justo qué? Me pregunté.

Me lo pregunté un par de días después en voz alta en la pieza. Y ahí mismo me contesté:

No es justo que mi violador disfrute de la vida mientras me estoy muriendo.

Fui a vomitar. Vomité por cinco minutos.

Empecé a recordar todas sus actitudes machistas. Actitudes que él me convencía de que eran celos y no simple asco: como seguía el culo de las pibas en las calles, cuando le encontré fotos en bolas de una chica de 14 años; o cuando con intención de salvar en una carpeta una foto graciosa para ponerle de fondo de pantalla, se me abrió una carpeta en la cual coleccionaba fotos de un montón de chicas que yo conocía —todas sacadas de Instagram, Twitter o alguna red social— en ropa interior o semi-desnudas, hasta había  —otra vez— fotos de muchachas de 13 años y hasta algunas de su hermana que se había sacado fotos artísticas con proyecciones sobre el cuerpo. Él las tenía en la que de a poco descubrí que era su carpeta “porno”.

***

Fue denunciado el 24 de Marzo 2017 en la Comisaria 43 de Floresta.  A menos de un mes de realizada la denuncia el fiscal y luego la jueza decidieron sobreseer la causa por “falta de elementos” en primera instancia. Este ser humano nefasto no solo vive gozando de su impunidad si no que estudia para ser docente, protegido por un amplio grupo de profesores y profesoras del lugar en el cual estudia. Lugar que estigmatiza y señala como violentos a los y las que luchan desde dentro por una comunidad libre de abusadores y violadores.

Ningune de nosotres elije ser víctima, recuerden siempre que si hay una víctima hay un victimario avalado por una sociedad que fomenta y se nutre de sus practicas violentas y de nuestra sumisión. Y que con tus dudas, tu doble moral, tus ojos cerrados estas eligiendo el bando del opresor. Ya no nos callamos. Ya muchxs salieron, muchxs estamos saliendo, muchxs más van a salir. Frente a la violencia machista, ¡organización! Seguimos de pie, seguiremos por siempre de pie, por amor seguiremos.

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2 thoughts on “Testimonio sobre abuso sexual y violencias ejercidas por Joaquin Tenenbaum. #YaNoNosCallamosMas

  1. Así tiene q ser, con nombre, apellido barrio, ciudad y foto, xq la condena debe ser social, ante todo social, la justicia es una mierda, podés violar, podés matar arriba de un auto, podés robar a gran escala, la justicia te cubre. Es necesario escrache para q todos sepan quienes son los violadores, un registro público en Facebook q se actualice con cada denuncia para q podamos compartir en cada muro virtual la cara y el nombre y llegue a su entorno para q spam quién es.

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