Testimonio sobre abuso sexual y violencias ejercidas por Cristian Aldana. #Yanonoscallamosmas !

Ya no tengo miedo.
Ya no siento vergüenza.
Ya no me callo más.

Conocí a Cristian Aldana una tarde del año 2007 durante una merienda que había organizado una amiga mía luego de haber hablado con él por internet.
La tarde transcurrió tranquila, él era el centro de atención con sus anécdotas y su simpatía, nadie sospechaba que era un psicópata abusador de menores disfrazado de hombre dulce y paternal.
Sus estrategias para encantar a la gente estaban ensayadas con una perfección espantosa.
Quiso asegurarse de caer bien, supongo que ganarse la confianza de las personas que lo rodeaban le daba libertad y tranquilidad a la hora de accionar.
Hasta ese momento solo lo había visto en recitales o a través de la televisión.
Escuché la banda por primera vez a los 12.
Empecé a ir a sus recitales a los 15.
Yo era fanática de El Otro Yo, igual que mi amiga.
Mi adoración por Cristian Aldana era directamente proporcional con el momento de mi vida que transcurría por ese año: mi adolescencia desenfrenada.
Pasó un tiempo y  un día mi amiga me cuenta que había arreglado para verlo a Cristian y que quería que la acompañara.
Iba a ir a Besótico (su sello independiente) a la mañana.
Nos escapamos del colegio y fuimos juntas a verlo.
No recuerdo muy bien como accedí a ir, pero sé que no requería de insistencia porque, como ya dije, él era mi ídolo.
Fuimos vestidas de colegialas en respuesta a una petición de él.
Hasta ese día yo había estado con una sola persona en toda mi vida, un chico que fue mi novio durante casi un año, que me respetó y cuidó en todos los aspectos y más aún en la intimidad.
Llegamos, nos invitó a tomar un té pero le dijimos que no, estábamos muy nerviosas.
La hizo pasar primero a ella, yo me quedé en el living esperando, sentada en la computadora.
Luego me hizo pasar a mí, tuvimos una escena de sexo que no recuerdo en detalle, lo único que recuerdo es estar encima suyo tirados en el piso mientras golpeaba mi cabeza contra un mueble, claro que a él no le importaba.
Recuerdo que usó forro aunque aclaró muchas veces que no le gustaba.
Hizo que mi amiga le practicara sexo oral y mientras tanto le pegaba con su miembro en la cara.
Nos abrazaba y nos decía en todo momento que lo que teníamos era una conexión especial, que el mundo no iba a entender porque no estaba preparado para el “amor libre y sin ataduras”, que todo era mágico y que nadie se tenía que enterar.
Recuerdo que me denigraba verbalmente con adjetivos como “putita”, “trolita”, “pendejita” y que se la pasaba dando directivas, “ahora hacé esto” “ahora ponete así”, lo cual no era congruente con su discurso del amor y la magia, pero en ese momento yo no lo podía ver.
No recuerdo mucho más de esa mañana pero sí sé que después de ese día empecé a gestar en mi interior un montón de sentimientos que antes no tenía o por lo menos no estaban tan desarrollados: vergüenza, culpa, falta de amor propio, baja autoestima.
Finalmente logró que me creyera el cuento de que era una pendeja putita.
Luego de eso hablé un par de veces con él por chat y hasta tuve su número de teléfono celular.
Volvimos a vernos una vez más, también con mi amiga, pero esta vez en su departamento del centro (en el que convivió con Ariell Carolina Luján), pero yo estaba bajo los efectos del alcohol y no recuerdo casi nada, sólo recuerdo que estuvimos en su cama matrimonial los tres y que su discurso dictatorial y lleno de directivas no había cambiado.
Tampoco recuerdo el año en el que éste segundo encuentro sucedió, pero debe de haber sido por el 2009 aproximadamente.
Después de eso empecé de a poco a dejar de frecuentar los recitales de El Otro Yo (a pesar de pasar gratis muchas veces porque nos ponía en lista gracias a nuestros “favores sexuales”).
No fue sino hasta hace poco que logré explicarme a mí misma por qué la banda había dejado de gustarme.
Entendí que fueron mi mente y mi cuerpo reaccionando a sus abusos.
Empezó por disgustarme y después por asquearme.
Él siempre se presentó como ese “ser de luz” que viene a salvarte, a juntar tus pedazos cuando estás rota, sanarte, llenarte de amor desinteresado, preocuparse por vos con frases como “el alcohol hace mal” o “sos muy chica para tal cosa, cuando seas más grande vas a entender lo que te digo”, esas acciónes son las que te confunden y hacen pensar que quizás es buena persona…
Pero lo que nunca te dice es que sos muy chica para dar tu consentimiento en el aspecto sexual, que a los 15 o 16 años (o incluso menos) no deberías estar con alguien que te dobla la edad, que te usa y manipula para satisfacer sus antojos perversos, que utiliza su condición de ídolo para seducir y reducir sexualmente.
Siempre negué su abuso y eso fue algo que me fue carcomiendo lentamente a lo largo de los años.
Jugó con mi autoestima, con mi  consentimiento, con mis parámetros de lo que está bien y lo que está mal en el ámbito sexual.
Sentí vergüenza, pudor, inhibición y hasta asco de mí.
Me sentí sucia mucho tiempo.
Hoy quiero deshacerme de todos estos sentimientos que NO me pertenecen porque son suyos, fue él quien los puso en mi mente.
Hoy me libero de vos y de tus manipulaciones.
Hoy digo basta.
Hoy no me callo más.
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