Matías Javier Rodríguez Pennacchi alias “Morti” abusador de menores! #YaNoNosCallamosMas

Soy de Necochea. Quería escrachar públicamente a Matías Javier Rodríguez Pennacchi alias “Morti”.

Abusó de una niña de 5 años (hoy tiene 14) en su momento se hizo la denuncia penal porque ella decía que “mi papá me pone el pito en la boca”. “Me toca la vagina“.

La causa se archiva por falta de prueba y porque las psicólogas que la atendían rechazaron la cámara Gesell por el bienestar de ella.

El año pasado fue denunciado por lo mismo: abusó de un nene de 7 años y además lo vieron mirando pornografía infantil varias veces además de confesar que se sentía atraído por menores.

La cuestión es que hoy me entero que él está ayudando en una escuelita de verano de un barrio muy vulnerable y dije basta hay que hacerlo saber de alguna manera.

Si no hay justicia hay escrache.

Las feministas de mi ciudad ya lo escracharon y salió gente a defenderlo como todo hijo de este patriarcado.

Quería hacerlo más masivo el escrache ya que el vivió en la plata y en Bahía blanca y ahora está acá en Necochea.

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Ilustración: Tenshi

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Marcelo Ruiz, Osteópata Abusador, Acosador! #YaNoNosCallamosMas!

Hoy tengo la necesidad de sacarme toda la mierda de adentro.

De gritar y ser escuchada, de que deje de doler.
Siete meses después puedo escribir, para mí y para todas, porque con cada relato nos apoyamos la una a la otra, y además porque soy una convencida de que lo personal es político: esto que me pasa, nos pasa a todas. De diferentes formas lo vivimos – más o menos graves – pero a todas nos toca de cerca las expresiones de violencia del patriarcado.
En Julio de 2017 fui a mi tercera sesión de osteopatía/mesoterapia con un señor llamado Marcelo Ruiz. Se dedica a hacer varias terapias alternativas, desde reiki, alineación de chacras, acupuntura, etc. Llegué a él por recomendación de una amiga que se atendía y varias amigas de ella también, por lo cuál me inspiraba confianza.

Las sesiones se realizaban en corpiño y bombacha en la camilla, lo cuál no me pareció extraño porque mi amiga ya me había contado que era así, y por ir también a otrxs profesionales. Las dos veces anteriores empezó con acupuntura, otras técnicas y a lo último me hacía masajes. Pero esa última sesión empezó masajeandome la cintura y rápidamente los gluteos y piernas. Me pidió si me podía bajar un poco la bombacha para que pueda masajearme mejor, yo frente al desconocimiento de la técnica y con toda la confianza depositada en una persona que me había hecho sentir muy bien en dos sesiones anteriores, en tiempos de mucha inestabilidad emocional, tomando clonazepam por los ataques de pánico (que él sabía que yo tenía), le permití que bajara un poco la bombacha sin cuestionarme que algo no iba bien. Luego de un rato, volvió a bajarme un poco más la bombacha hasta sacármela, argumentando que de esa forma podía masajearme mejor, y que iba a ser lo mejor para mí. Ahí yo me di cuenta que algo no iba bien. Estaba desnuda (porque también me había desabrochado y sacado el corpiño antes para taparme con una manta) en un departamento sola con ese hombre. No había otra persona, nadie me iba a escuchar si gritaba, y no sabía que tan violento se podía poner. Todo fue desde la manipulación, y hoy viéndolo a la distancia me pregunto cómo no reaccioné antes, como no lo pude frenar y decirle que no. En ese momento me petrifiqué. En esos momentos de violencia que te descolocan – por lo menos a mí me pasa y me volvió a pasar con otra situación violenta – no puedo reaccionar como me gustaría y defender mi cuerpo.

Este señor, luego de sacarme la bombacha, me puso boca arriba y me empezó a tocar el clítoris, luego a introducir los dedos, tocarme las tetas y pedirme que me masturbe para él. Tenía miedo en ese cuarto, y el miedo me paralizó. Junté fuerzas y le dije que me estaba sintiendo incómoda. Por suerte, no se violentó más y accedió a parar. Me repitió varias veces que todo eso fue para que yo me sienta mejor, y que yo había querido que eso sucediera. Le manifesté una vez más que me había sentido “un poco” incómoda (porque no me animaba a decirle lo mal que la estaba pasando), a lo que me respondió “tampoco fue que te penetré”. Me pidió que lo abrace antes de irme, y mi sensación era de tanto asco por él, ese lugar, por mi cuerpo abusado.

Lo único que deseaba era llegar a mi casa y bañarme para sacarme toda la mugre de sus manos.

Me costó días caer. No entendía que en ese ámbito me podía haber pasado eso. De chicas nos dicen que tengamos cuidado en la calle, en los taxis, pero nunca me dijeron que me cuide en un consultorio. Unos cinco días después en el trabajo de la nada era un mar de lágrimas. Le mandé un mensaje (con previa charla telefónica con mi psicóloga) diciendo que no me había parecido bien lo que sucedió el jueves y que no iba a volver a ir. A lo que me respondió “lamento muchísimo tu mala interpretación”. Este perverso manipulador me quería hacer creer que lo que me hizo yo lo quise, que era para mi bien, y que yo interpreté todo mal si pienso que no fue así.

Esto pasó hace siete meses, pero lo revivo cada vez que alguien menciona la palabra abuso, cada vez que leo el testimonio de alguna otra mujer que le sucedió, cada vez que intento tener sexo – algo que estuve meses sin poder -, cada vez que escucho un comentario machista. O cuando fui a hacerme una ecografía transvaginal y me tiemblan las piernas, y lloro porque me recuerda la relación de poder, el no control sobre mi cuerpo, el estar en una camilla desnuda. Porque por más que la situación ya pasó y salí adelante, aún estando mejor, tengo fuertes angustias por sentirme humillada y objetivizada,

Mi deseo es que este tipo no trabaje más, para que a ninguna mujer le vuelva a suceder.

Porque según abogada, psicólogas y trabajadora social consultadas para poder denunciar este tipo no es la primera vez que lo hace, al contrario, es una práctica sistemática donde escoge muy conscientemente mujeres vulnerables como lo estaba yo en ese momento, y él lo sabía.

Por ahora elegí no denunciar porque por todas mis averiguaciones, la Justicia patriarcal que tenemos no avanza con las situaciones de abuso por falta de pruebas, y por suceder en el ámbito de “lo privado”. Deseo que haya escrache de todas las formas posibles y que la difusión permita que otras mujeres que hayan sido abusadas por este hombre puedan hablar y ponernos en contacto, para que seamos más voces diciendo no más machitos abusadores y llevar esa exigencia a la Justicia, porque es en ese ámbito donde la sociedad valora nuestras voces denunciando.

YA NO NOS CALLAMOS MÁS.

Datos de este perverso: Marcelo Fabian Ruiz.

Tiene el consultorio en: Pacheco de Melo 2668 PB “c”, C.A.B.A.

Atiende: osteopatía, mesoterapia, acupuntura, entre otras terapias alternativas.

Si te pasó y queres ponerte en contacto conmigo: hermanayotambien@gmail.com

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Silvano Cordoba ex integrande de LightHouses, Acosador, Violento. #YaNoNosCallamosMas!

Escrache público y anónimo a Silvano Cordoba (Sil D’ Odorico) integrante -ahora ex- de la banda LightHouses.
Esta persona sistemáticamente acosó a muchísimas chicas de diferentes maneras, tanto virtuales como en persona, se aprovecha de su lugar dentro de la escena hardcore punk para pedir fotos a cambio de descuentos en entradas para recitales, por ejemplo.
Debemos entender la gravedad del asunto, el pedir constantemente fotos a las chicas (muchas menores de edad), el enviar fotos de él desnudo sin consentimiento y el tocar los cuerpos de las demás sin consentimiento es una situación grave y no debe quedar impune.
El post original del escrache hecho  en facebook fue denunciado y dado de baja, a continuación se adjuntan fotos de muchísimos testimonios de chicas y capturas de pantallas de diferentes chats en los cuales vemos el accionar de Silvano.
Esta persona cerró sus redes sociales y amenazó a quien visibilizó con denunciarla por difamación. 
Basta de encubrir estas situaciones, todos los espacios (en este caso, musical) deben ser lugares seguros para cualquier persona, si sabemos como se comporta alguien y no hacemos nada estamos siendo cómplices, basta de machos.