Santiago González Raimondi VIOLADOR #YaNoNosCallamosMas

EL SILENCIO NO ES SALUD
Hace meses que cargo con esto y hoy es el día que decido hacerlo público y expresarlo en palabras gracias a la iniciativa de los movimientos feministas y a todas las pibas que con su fuerza y entereza se animan a no callarse más.
No nos callamos más porque eso es lo que quiere el patriarcado y todos los machitos sanos fabricados por este sistema que nos quiere silenciar; pero su impunidad tiene fecha de vencimiento.
El dolor tiene que salir para sacar toda esta mierda que es inexplicable de describir, la violencia debe hacerse visible porque sino somxs todxs cómplices.
El silencio ya no es opción cuando hablar es una llave para que otras mujeres violentadas puedan hacerlo.

YA NO ME CALLO MÁS
Fui violada por Santiago González Raimondi la madrugada del 25 de febrero de 2017 en una obra en construcción en el centro de la ciudad de La Plata. Lo conocía porque habíamos compartido amigos en común y espacios de militancia y formación política en la JP Evita.
Nunca pensé que este hijo sano del patriarcado, que se había pronunciado contra otros casos de violencia de género y que había participado de movilizaciones #NiUnaMenos, podía ser un violador. A pesar de los reiterados “no”, “no quiero”, “vos que te la das de militante no me podes hacer esto” en el momento de la violación, nunca paró.
Mi cuero cabelludo quedo resentido por los tirones del pelo, mis brazos y piernas quedaron todas lastimadas y es hasta hoy que me quedaron marcas. Hizo lo que quiso con mi cuerpo.
Asimilar una violación lleva todo un proceso de días, meses; hasta años. Me costó asumirlo, porque el sentimiento de culpa y de miedo de enfrentar la situación me envolvieron.
Recuerdo el día posterior: me desperté, observe mis rodillas sangrando; sin embargo, reprimí todo indicio de lo que había pasado esa madrugada.
Gracias al apoyo y al acompañamiento de amigxs y compañerxs del Movimiento Evita pude digerirlo y juntar valor para realizar la denuncia. Cabe señalar que desde el Movimiento Evita no se lo dejó pisar más un espacio de militancia.
Cuando una mujer es violentada sexual y psicológicamente y toma la fuerza y el valor para denunciarlo, las instituciones del Estado replican ese ADN machista y terminan protegiendo al agresor.
Cuando fui a hacer la denuncia al área “especializada” en género de la DDI me pidieron, en un pasillo, que contara rápidamente lo que había ocurrido y enseguida me cuestionaron por qué había tardado tanto en ir (habían pasado tres días).
Además, querían que pasara sola a hacer la denuncia. Gracias a la sororidad de las amigas que estuvieron conmigo, logramos que me dejaran pasar acompañada.
Otro de los hechos nefastos a destacar de este proceso de denuncia penal fue que me dieron turno para realizar las pericias recién una semana después: el día de la mujer. Ese día tuve que irme de la marcha para esperar horas en la comisaría, donde no pararon de pedirme datos del violador, tales como su dirección para que la causa avanzara.

FIJATE DE QUÉ LADO DE LA MECHA TE ENCONTRÁS
“NO” ES NO; pero parece que no lo entienden y se les hace más fácil tildarme de “problemática”, como me llamaron algunos de sus amigos, cubriéndolo, creyendo en su versión y sosteniendo que fue consentido.
Si bien es difícil calificar los distintos tipos de violencia que vinieron después del abuso sexual y de la violación, sin dudas uno de las más dolorosos es la respuesta de gente cercana y no tan cercana luego de relatar lo que me pasó. “¿No pudiste hacer nada?”, “No pudiste gritar o salir corriendo?”, “¿Fue con consentimiento?”, “¿No hablaste con él?”; “Pero él dijo que fue con consentimiento”, “Pero es un pibito”; fueron algunas de las frases que además de provocarme una gran angustia, terminaron generando culpa.

ES NECESARIO REVERTIR LA CULPA Y QUE CAIGA SOBRE EL AGRESOR
La culpa es lo peor que una mujer puede sentir, es uno de los peores sentimientos que te quita el sueño, te genera miedo y te paraliza. Pero es imprescindible superarla para liberarse(nos), porque los que tienen que sentir culpa son los culpables: ellos.
No quiero el lugar de víctima, porque no es para nada liberador. Quiero que las pibas que injustamente sienten culpa logren sacarse las ataduras que el sistema patriarcal nos impone. Rodearse de compañeras, de amigas, de militancia feminista,de mujeres empoderadas es fundamental para procesarlo.

¡Sin feminismo popular no hay justicia social!

No estamos solas. No nos callamos más. Nos queremos libres y sin miedo.

¡SI HAY VIOLENCIA HAY ESCRACHE, SI NO HAY JUSTICIA HAY ESCRACHE!

viento femininja
Ilustración: Tenshi

 

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Claudio Blanco Baterista de “Chaki Chan/Satan Zaguero/ex Pie de Guerra Violento, Golpeador, Manipulador. #YaNoNosCallamosMas!

Esto fue entre 2011 y 2012 en una relación de un año y medio que tuve con Claudio Blanco, actual baterista en Chaki Chan y Satan Zaguero (en ese momento baterista de En Pie de Guerra).

Como a muchas, esto me parecía algo “normal”, algo que podía suceder en una relación de parejas, en alguna discusión o pelea.

Ahora tomo consciencia de que no es así, que es algo muy grave.

Lo cuento ahora para que muchos caigan de a quién tienen como amigo o compañero de banda.

Principalmente porque tengo una hija y no quiero que en un futuro se encuentre con “machitos” como este.

La primera vez que me pegó estábamos en un recital en Vadenuevo de Morón. Estábamos discutiendo afuera del lugar, me pegó una cachetada y me dijo “ubicate estas muy alterada”.

Me puse a llorar muy mal, quería salir corriendo.

Quería ir a tomarme el bondi para irme a mi casa, pero no me dejó.

Me pidió disculpas de forma tan insistente que como una tarada lo perdoné.

Hasta le conté a sus amigas que me había pegado y lo justifiqué con que yo me había puesto muy nerviosa…

Cuando estaba concluyendo nuestra relación, una mañana estábamos en la sala de ensayo que tenía al fondo de su casa, en un momento me quedé sola y le llega un mensaje de texto, cuando lo leo caigo de que es una mina con la que ya estaba empezando algo sin haber cortado del todo conmigo.

Luego vuelve a la sala y le pregunto porque me había mentido de que no estaba con nadie, no me contestaba, se quedaba callado.

Me pongo muy nerviosa porque no me contestaba y pateo una botella de 7up que estaba en el piso.

Ahí me arrinconó con total agresión y me agarra del cuello contra una puerta, me ahorcó asfixiándome hasta casi dejarme sin aire.

Como pude me lo saqué de encima, luego me empezó a pegar piñas en la cabeza insultándome, está vez contra la pared mientras yo intentaba cubrirme con mis brazos.

Cuando frenó me empezó a echar de la casa y me gritaba que me fuera.

Entre los golpes me gritaba de todo.

Logré agarrar mis cosas para irme, cuando llego a la puerta de calle que es de rejas, me doy cuenta que estaba con llave y no me quedó otra que volver a la sala a pedirle que me abra la puerta.

Temblaba tanto de los nervios que no podía saltar la reja, sino de una me iba de esa casa.

Vuelvo a pedirle la llave y me dice que no me las iba a dar, que saltara la reja.

Vuelvo a la puerta, no podía parar de llorar y no sabía que hacer.

A todo esto los padres estaban en la casa, no se les movió un pelo por ayudarme.

Viene él con la llave en mano y seguía insistiendo en que saltara la reja y saltara la reja, yo le gritaba que por favor abra la puerta, que me quería ir.

Le grité tanto que al final abrió y mientras me iba me seguía insultando.

Me fui a la estación para tomar el tren, pero el cortó camino y llegó antes que yo.

Le dije que se fuera, que no lo quería ver más, me pedía perdón llorando, lloró tanto que le dije que lo perdonaba pero que la relación llegaba hasta ahí.

Al final ese día se le hizo tarde para el laburo, y faltó siguiéndome hasta capital. Estuvo todo el trayecto callado poniendo cara de arrepentimiento, yo le decía que ya estaba, que ya pasó la situación.

Así nos despedimos, como que nada había pasado.

Naturalicé lo sucedido desde primer momento, hasta llegué a ensayar 2 veces en una banda en común un par de años más tarde.

Por favor dejemos de pasar por alto estas situaciones de violencia en total desventaja y sometimiento.

Dejemos de darle lugar en el mundo a estos golpeadores.
¡Basta!

Nadia Soledad.

viento femininja
Ilustración: Tenshi

Javier Mollo Director de Cine Violento, Acosador, Manipulador. #YaNoNosCallamosMas!

Soy actriz, en el duro y largo proceso de buscar trabajo de lo que había estudiado me encontré con un grupo de actores manejados por un director y una asistente que trabajaban en una escuela de actuación frente a cámara llamado “Actor’s Proyect” en el que, mediante el pago de la cuota mensual de clases se financiaba el ambicioso proyecto de hacer un largometraje con los alumnos del nivel más avanzado.

El guión era escrito por el director y profesor del curso: Javier Mollo.

La primera parte del proceso de selección era encontrarse con él, en la que después me enteré que era su casa, supuestamente para ver si uno estaba apto o no para participar en el proyecto.

Pasé su casting y empecé a ir a las clases.

Era el nivel “inicial” y aparentemente, cuando hicimos una prueba de cámara, él determinó que tenía más experiencia que el resto, por lo tanto, decidió subirme  al curso avanzado, con un grupo de gente que se conocía hacía un par de años y que ya habían hecho un cortometraje que incluso, había llegado a varios festivales.

Al tiempo, entendí que todos tenían una relación de  pseudo-amistad y de mucha pleitesía hacia el director, particularmente los hombres.

Una vez elegido el guión de la película que se iba a filmar, Mollo me dice, después de una clase, que me tenía que preguntar algo que le daba “mucho miedo y vergüenza”: estaba terminando el guión de la peli que tenía planeado hacer en el fin de ese año pensando en mí. Q

uería que  yo la protagonizara, pero no sabía si yo “ME LA IBA A BANCAR”.

Le dije, muy sinceramente, que no lo sabía pero que iba a dar lo mejor de mí.

Unos días más tarde, me citaron él y Victoria, (su asistente) para asegurarse de mi compromiso con el proyecto, porque no me conocían tanto como a los otros.

Empezamos con los ensayos.

Mollo hacía una entrada en calor y una larga relajación a ojos cerrados que finalizaba con él haciéndole masajes SIEMPRE a mujeres.

Empezamos a grabar.

Me tiñeron el pelo más oscuro, y este director empezó, de a poco a invadir mi vida: a mandarme mensajes a cualquier hora, primero con referencias sobre tal o cual escena de una película y después diciendo que era muy talentosa, la joya de un grupo con pocas luces (algo que lejos de hacerme sentir bien me deprimía mucho) y que la película básicamente existiría en plena forma sólo por mi aporte.

Se puso intenso.

Me dijo que yo tenía que estar 100% para la película, que tenía que llegar antes e irme después que cualquiera, y más aún por ser la “nueva” que él había elegido, porque el resto venía remando hacía tres años por un protagónico.

“Esta película es nuestro tesoro, y nosotros somos como una secta que guarda el secreto y la protege frente a todo y a todos”.

Hoy entiendo que Mollo quería provocarme, enloquecerme o llevarme a estados emocionales complejos que seguramente necesitaba para el personaje trastornado que diseñó para mí.

En resumen, Mollo se enteró que no estaba sola y de movida me dijo que mi novio iba a ser un problema porque “sus celos” (sin conocerlo) podrían ser un problema para todos.

Había días en los que me pedía que vaya a su casa a cualquier hora con imperativos “venite ya para mi casa” y tanteaba mi terreno con preguntas del tipo “Vos estás re enamorada, ¿No? No lo cagás ni en pedo a tu novio…

Me decía que teníamos una conexión especial, maravillosa, que no podía ni hablar de eso porque se volvía loco…Que si fuera soltero me diría de irnos a vivir a otro lado.

Yo contestaba con “jajaja” porque era el director de mi película, y sentía que sería desubicado mandarlo a cagar de una.

En un momento, orquestó un ensayo privado en la terraza del lugar en donde siguen ensayando actualmente, en el que él,  actuaba de un ex novio fantasma de mi personaje y me besó forzosamente en la terraza del lugar en donde ensayábamos.

Yo no pude continuar con esa supuesta escena que estábamos haciendo, y lo empuje riéndome y diciéndole que era raro.

Me dijo que “estaba complicando todo” porque claramente no cooperé y dimos por terminada la escena.

Hoy entiendo que Victoria sabía muy bien lo que Mollo hacía y lo ayudaba a manipular actrices.

Un día me contó que su novia estaba loca, que tenía ataques de locura e histeria, que se encerraba a llorar en el baño y se lastimaba. Me dijo que no daba más de la depresión, que se quería separar pero que tenía miedo que ella hiciera una locura.

Yo había visto a la chica un par de veces, no parecía coincidir con sus descripciones, en sus chats me contaba sobre lo triste que lo tenía el tema, que la dejaría, que “se guardaba de decirme ciertas cosas porque si no, dejaba todo”. Yo nunca respondí a nada de eso. Creo que lo volvió aún más loco.

En el medio del rodaje “agregó” una escena sexual que no estaba en guión, y junto con la complicidad de mi co-protagonista y su asistente Victoria, me presionaron al extremo para que la haga porque si no, la película ENTERA carecería de sentido.

La escena fue incómoda, no solo porque me habían presionado y teníamos que estar desnudos, si no porque por problemas técnicos tuvimos que hacerla tantas veces que me largué a llorar ante la apatía de los presentes.

Él estaba agresivo, nervioso, y se olvidaba de los micrófonos.

Estuvimos muchas horas con eso, él ni siquiera se encargó de que hubiera comida para los que estábamos trabajando, (le sacó galletitas de la alacena al dueño de casa).

Era un domingo de votación en Buenos Aires, estábamos en el departamento de uno de los actores (que no estaba en el lugar) y teníamos los celulares en silencio para no interrumpir la escena.

Yo le había dicho a mi novio que me pasara a buscar tipo 12.00, y al no poder chequear los teléfonos, alrededor de las 2.00 AM él tocó timbre (con obvia preocupación) y eso dio lugar a la culminación total de su personalidad psicópata y violenta.

Mollo explotó en ira, estaba rojo, me gritó que ubicara a mi novio para que no tocara timbre ni una vez más o él mismo iba a bajar a decírselo.

Me decía que le pusiera límites a sus celos enfermos, que para qué venía a controlar lo que hacíamos.

Yo le dije que era tarde, que tocaba timbre porque hace horas que me esperaba, le pedí que por favor lo dejara subir.

Me dijo que no.

Me gritó delante de mis compañeros y ninguno me defendió, Victoria decía que bajara la voz por los vecinos y porque la casa no era nuestra.

Yo, afortunadamente, exploté de la misma forma: le grité de la misma manera, le dije que era una desubicado y un enfermo que lo único que había hecho era presionarme durante todo este tiempo, que me había mandado mensajes desubicados y a cualquier hora y me había querido enfermar de todas formas.

Al sentirse descubierto, me pidió casi llorando que fuéramos al cuarto y me dio un abrazo mientras me pedía que lo perdone.

Me acuerdo que yo temblaba, que no lo abracé y que por fin pude ver al monstruo.

Me dolió confirmar que estaba en el baile con un psicópata, en el medio de un rodaje que involucraba a cada uno de los actores, incluso económicamente.

Por esto, al otro día decidí hablar con las chicas, contarles lo que había pasado, para confirmar que a todas ellas Mollo les mandaba mensajes insinuantes o incluso muy directos, y como gustaba porque era “lindo”, había llegado a tener algo con alguna.

Una de ellas me contó que él alardeaba de ser profesor en una institución y amenazar a alumnas con no aprobarlas si no hacían tal o cual cosa con él.

A los días un compañero que era terapeuta, me preguntó cómo estaba porque no me veía bien.

Yo le conté todo, y él me confesó que Mollo había tenido problemas de este tipo con otras actrices que estaban en el grupo desde hacía años, pero que se habían ido por esa razón.

Le conté de las otras chicas del elenco, de lo del rodaje, de mi angustia y por fin me sentí contenida por uno de los chicos, con el poder de haber expuesto al director.

Al poco tiempo, Mollo se puso muy nervioso.

Me llamó por teléfono y me dijo que me quería ver para hablar conmigo en su casa, que yo no estaba dando lo mejor de mí y la película se caía (con un tomo sumamente amenazante).

Anteriormente había hecho lo mismo, y me dijo que consideró sacarme de la peli, porque tenía una “fila de actrices que harían cualquier cosa por un protagónico”.

Le dije que no, que no iba a ir a su casa bajo ningún aspecto.

Me dijo que fuera al Starbucks que le quedaba cerca, que él y “la negra” Victoria querían hablar conmigo.

Nuevamente me negué.

Me dijo que se había enterado que estuve hablando con Luis y le había dicho un par de boludeces que eran graves y estaba equivocada.

Yo le dije que era un cínico, un manipulador y psicópata, que sabía muy bien lo que hacía con otras mujeres y que no me iba a callar ni le tenía miedo.

Le aseguré que todas las chicas estábamos en contacto, conectadas, y que solamente terminaba la película por mis compañeros que ya habían financiado el proyecto: si me iba, no había peli porque lamentablemente era la protagonista.

Me dijo que cuando terminara el rodaje, yo no lo iba a ver nunca más.

Me causo gracia que lo hiciera sonar como una amenaza.

Le dije que me parecía bárbaro, que yo tampoco veía la hora de terminar el rodaje.Me dijo  que jamás creyó tener un problema así con una actriz. Yo, le dije muy suelta de cuerpo que seguramente jamás creyó que yo iba a tener los ovarios tan puestos como para darme el lujo de no dejarme someter por él, y encima, decirle todo lo que le estaba diciendo en la cara y contárselo a terceros.

A partir de ahí, no hablamos más.

Tampoco me hablaban mis compañeros varones, y se burlaban con ironía a mis espaldas, yo me daba cuenta, pero no me importaba: Mollo los tenía obnubilados de una forma sectaria, tribal, entre chistes misóginos y una complicidad muy fiel, machismo puro.

Había un claro clima conspiratorio en mi contra: “la actriz que se volvió loca y lo pone nervioso al director”. Por suerte estuve muy apoyada por mis compañeras.

A pesar del clima del horror, terminé con la película porque las órdenes me las daba Victoria y él solamente filmaba y no me hablaba. Borró a las chicas que nos habíamos “despertado” del grupo de Facebook que teníamos en ese momento.

Una vez terminados sus roles, ellas también lo borraron de sus redes. Terminó la película, y nadie me avisó del estreno, ni del hecho de que la peli quedó finalista en tres festivales. Me llegaron fotogramas photoshopeados de la peli, en donde me había borrado, como si yo no existiera, aún siendo la protagonista.

Cuando filmamos la última escena, cumplió con su palabra.

Me bloqueó de (en ese momento) Facebook y desapareció de mi vida, gracias a Dios. Un par de veces lo ví en la calle, desde lejos.

Escribo esta historia, porque es una persona psicópata y peligrosa, que se aprovecha de la ilusión de un montón de chicas que creen que ser parte de una película es dejarse humillar, gritar, aceptar insinuaciones, y posiblemente acceder a un tipo muy oscuro, que obliga a escenas que aparecen de la nada mediante la manipulación y complicidad de su asistente, y todo esto sin contar lo misógino, retorcido, y enfermo de ciertas escenas de su autoría.

Basta con ver sus trabajos anteriores.

Es un personaje nefasto, que sigue teniendo esta escuela, dando clases, pagando con el dinero de aspirantes a actores sus proyectos personales.

Hoy, cuando entré a su web, ví que estoy en la foto principal de la página, en una escena de la película en la que también actuaba Victoria.

Me alegra tener un espacio para poder prevenir a quien sea: No hay que hacer cualquier cosa por actuar, aparecer en una peli, ES MENTIRA que hay una fila de personas esperando para eso, que todos lo harían y callados.

Obligar a alguien a hacer una escena (encima sexual) que no estaba pactada es un abuso, amenazarlo, gritarle, meterse con su vida personal, estigmatizarlo son manejos de un psicópata manipulador.

Disculpen lo largo que se hizo, pero me hizo muy bien poder contarlo y espero poder servir de ayuda ante quien esté en una situación parecida, que lo conozca, haya vivido esto con él, en fin.

No me da miedo Mollo ni su grupo, me parece que es justo exponerlo. Gracias!

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#VivosLosQueremos – Ingrid Beck saca un protocolo para acosos sexuales en la redacción para Mariano Lucano. La Revista Barcelona está bien y no hace comentarios.

Agradecemos a la gente de AGUAFUERTES DE SANGRE por la difusión de los casos de acoso sexual de Mariano Lucano, redactor de la revista Barcelona a raíz del comunicado anónimo que la revista Barcelona emitió el 15 de diciembre, sin siquiera nombrar a Mariano Lucano.

(…) Es como si para algunos medios argentinos, clubes nocturnos, asociaciones de músicos, etc., a diferencia de la gran industria de Hollywood y toda su maquinaria de medios, les fuera necesario esperar la denuncia “formal” en la justicia para: dar el nombre del violador a abusador, comprometerse y tomar una postura política al respecto y dejar de apañar al violador o abusador.

Es decir, para creerle a las víctimas.

Lo mismo sucedió con el caso de Ariell, Mailén y Rocío. La mayoría de los medios no dejaron de acosarlas y poner en duda sus testimonios hasta que del Pópolo y Aldana estuvieron procesados. Cuando denunciar ante la justicia no es una obligación de la víctima sino un derecho.

(…) Un claro ejemplo de esto, es lo sucedido hace poco con Ingrid Beck en cuanto a los casos de Mariano Lucano, redactor de la revista Barcelona (pueden informarse aquí y aquí) quien al enterarse del acoso de Lucano a una joven menor de edad se comunicó con  #YaNoNosCallamosMas para solicitar su colaboración en esclarecer este caso y “ayudar” a las denunciantes, quienes prestaron sus testimonios de forma anónima para evitar ser expuestas a revictimizaciones. Ingrid Beck, solicitó el nombre de la persona que realizó el primer testimonio —ya que el segundo todavía no se había publicado—, dato que se le denegó para manter protegida su identidad.(…)

28/12/2017 -¡ÚLTIMAS NOTICIAS! – “Los que hacen revista Barcelona” HOY dejaron de mantener en el anonimato al acosador. Ahora en el comunicado figura el nombre de Mariano Lucano. ¿Todo lo demás? Bien gracias.

 

Podés leer la nota completa aquí

 

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Tenshi

Chaman del Garden (Nico) ACOSADOR #YaNoNosCallamosMas

Conocí a esta persona (chaman garden, segun su perfil de fb) a mediados de este año en la ocasión de concurrir a su sala por motivos de ensayos con la que era mi banda en ese momento, como a cualquier otra sala.

Luego de esa primera vez, me agregó a su fb, hablamos algunas veces, yo nunca le quise dar trascendencia a sus palabras ya que conocía aunque perfil acosador mediante algunos comentarios y relatos de amigas. Le pedí que no me escribiera porque no nos conocíamos y nada tenía para hablar con él.

Pero al parecer no fue suficiente, me empezó a mandar videos de sus genitales y no entendía la negativa mía, le pedí que no lo haga y no sólo no le importó, sino que según sus palabras le resultaba excitante. Continuó con los mensajes y los vídeos, hasta que ante mi enojo decidió bloquearme de las redes sociales, de hecho yo ya lo había eliminado.

Este personaje se regocija y abusa de su condición de empleado/dueño de un estudio de grabación y acosa a las mujeres que concurren.

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EL JUICIO POR EL TRAVESTICIDIO DE DIANA SACAYAN SERÁ EN EL MES DE FEBRERO DE 2018.

La Comisión de Familiares y Compañerxs de Justicia por Diana Sacayán- Basta de Travesticidios comunica que el juicio oral y público por el travesticidio de nuestra compañera, amiga y hermana Amancay Diana Sacayán será la segunda quincena del mes de febrero de 2018, según lo informado en las últimas horas a la querella familiar por parte del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 4 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sasha Sacayán, querellante de la causa y coordinador de Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) y de la Comisión de Justicia por Diana Sacayán expresó: “Después de más de dos años de luchar con mucha fuerza para que se haga justicia por el travesticidio de Diana llegamos a la instancia de Juicio oral y público para juzgar y condenar a uno de los travesticidas. Estamos en un contexto difícil y venimos de dos instancias judiciales donde si bien se logró de manera muy significativa una pena perpetua para los casos de Vanesa Zabala en Santa Fe y Natalia Sandoval en Mendoza, no se consideró en estos crímenes los agravantes por odio y por género. Queremos que en el juicio de Diana Sacayán se hable de la situación de violencia estructural que viven nuestras compañeras y se juzgue a los culpables con las calificaciones de crimen de odio y travesticidio”.

Por su parte, Darío Arias, coordinador de Conurbanos x la Diversidad e integrante de la comisión manifestó que: “En este momento tan significativo del proceso judicial queremos recordar el legado de Diana Sacayán y agradecerles a todxs lxs compañerxs que nos acompañan desde el primer día para hacer justicia por Diana. Estamos en un momento que sin dudas es doloroso y para el cual venimos haciendo un profundo trabajo político, jurídico y comunicacional en distintos frentes y con distintos actores para lograr una condena ejemplar y hacer justicia por nuestra hermana y compañera. Les pedimos a todas y todos que nos sigan acompañando en esta etapa fundamental”.

La Comisión de Familiares y Compañerxs de Justicia por Diana Sacayán- Basta de Travesticidios viene realizando un conjunto de acciones políticas, jurídicas y comunicaciones con el fin de visibilizar y reclamar que se investigue y se juzgue el asesinato de nuestra compañera Diana. Por ello, le exigimos al Poder Judicial que castigue a los culpables y que este brutal crimen sea juzgado como un travesticidio y un crimen de odio.

Convocamos a todas las organizaciones sociales y políticas a que nos sigan acompañando para lograr una sentencia que contribuya a la lucha contra la violencia machista, patriarcal y travestofóbica contra la comunidad travesti trans. La Comisión de Justicia por Diana convocará a una reunión la primera semana de enero para articular la última etapa de la estrategia de trabajo con las distintas organizaciones y militantes que deseen apoyarnos.

Estamos en las instancias finales de un largo y difícil proceso donde dejamos el corazón y el alma para hacer justicia por Diana.

Hoy más que nunca gritamos:

JUSTICIA POR DIANA SACAYÁN! FUE UN TRAVESTICIDIO! NI OLVIDO NI PERDÓN! DIANA PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE!

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Juan Manuel Halvide Manipulador,Violento, Abusador Psicológico, Acosador. #YaNoNosCallamosMas!

Vengo a compartir mi testimonio que no contaba por ser viejo (como si un par de años borraran lo que viví), por no contener golpes (como si el abuso psicológico fuera aceptable), porque me creía sin derecho a escrachar por haber hecho cosas horribles yo también (como si la violencia de lx oprimidx justificara la violencia de lx opresorx).

Yo, piba tranquila, estudiante de secundaria, 19 años viviendo en la pequeña San Martín de los Andes. Ella, cuatro años mayor, rapada, con camisa a cuadros y fiestera de Capital Federal. Estereotipo de torta chonga que me encandiló y me sumió en la fantasía lésbica, mononormada y dramática.

Voy a nombrarme en femenino porque prefiero respetar mis pronombres de esa época (ahora me identifico como no binarie). Él es un pibe trans, pero en ese momento se identificaba como mujer. Voy a nombrarlo en masculino para respetar su género actual, pero creo que es importante aclarar que los tres años de relación nos identificábamos ambxs como mujeres cis lesbianas, porque considero que tiene relevancia en cómo se dieron las cosas. Jamás habría tolerado estos tratos de un chongo cis. Fui sumisa y me dejé manipular porque pensaba que las mujeres “no eran forras como los hombres”. Muchas veces me encontré pensando “si fuera un chabón, lo que está haciendo me parecería re machista”. Sí, era una pueblerina muy boluda, pero no tenía nada de calle, de experiencia ni de información. De todas formas esta historia me sirvió para empoderarme y para aprender que las mujeres pueden ser abusadoras y que lo trans no quita lo machirulo. Y no me lo olvido más.

A finales del 2011, conocí por facebook a un amigo de un amigo. Yo tenía una vida tranquila en mi mini ciudad, vivía con mi familia, iba a la escuela, a algunos talleres, el tiempo libre lo pasaba dando vueltas con amigxs, o leyendo, o dibujando, o tocando el piano. Él vivía en Capital Federal con su mejor amigo, trabajaba y salía mucho a bailar. Empezamos a chatear todos los días. Desde siempre me hablaba de las mujeres con las que se había acostado de una manera machista e irrespetuosa: “me cogía una mina distinta cada fin de semana”, “después de coger me daba vuelta y las ignoraba”, “cuando se hacía de día les señalaba un cartel en la pared que decía vestite y andate”. Se hacía el frío, el duro, y el fuerte, pero en su heladera sólo había agua, y en sus ojos también. Yo comía hasta no tener hambre y me sentía mal hablando por teléfono con su agotamiento, su hambre, su tristeza.

Durante mucho tiempo tuve mucho magnetismo con las personas que están en una mala situación. Flashaba príncipe azul y me urgía “rescatarlxs” y demostrarles que la vida era hermosa. Nuestro amigo en común y yo juntamos nuestros mangos y le pagamos un pasaje para que venga a pasar unas semanas con nosotrxs a San Martín. A los días, ya éramos inseparables. Empezamos a estar.

Un par de semanas duró ese viaje. Él me parecía una persona bastante imponente, egocéntrica y orgullosa, siempre era el centro de atención autoproclamado y hablaba todo el tiempo de sí mismo, pero yo justificaba esas actitudes y las minimizaba porque me atraía mucho, por la comprensión hacia todas las cosas horribles que le habían pasado en su vida y por la admiración que le tenía por poder ser una persona tan alegre pese a todo ello.

Cuando se fue, no lo soportamos y me fui yo para allá. Paré en su casa otro par de semanas. De ese viaje sólo recuerdo sexo, porro, escabio, baile, plaza, risas y diversión. La pueblerina encantada. Pero  también tuve el primer indicio de que las cosas no iban a estar bien. Una noche en una plaza decidí decirle, de la mejor manera que pude, que sentía que me mandoneaba y que no me gustaba. Su respuesta fue interrumpirme diciendo “no quiero estar más con vos”. Lo acepté, me brotaron las lágrimas y me dispuse a irme, pero me paró, me abrazó y seguimos juntxs. Esa fue la primera vez (de millones) que usó el “cortar” para desviar una conversación donde yo estaba expresando lo que sentía o pensaba.

Los meses que siguieron, fueron a distancia. Nos veíamos para semana santa o algún finde largo que algunx pudiera viajar. Cuando cumplimos los seis meses, a mediados del 2012, decidió venirse a vivir a San Martín. Yo le aclaré que no quería cargar con la responsabilidad de que se mudara por mí, y me dijo que no era así, que se había enamorado del lugar. Me quedé tranquila con esa respuesta, pero desde que pisó San Martín empezó a absorberme y controlarme cada vez más.

Yo estaba en mi último año de secundaria y al terminar planeaba irme a Buenos Aires y mi casa la iban a vender. Aparte de que siempre necesité pasar tiempo sola, viví toda mi vida en esa casa y le tenía mucho cariño y apego, quería disfrutar ese útimo tiempo de la casa y mi cuarto, pero casi nada estuve ahí porque él no me dejaba estar sola o juntarme con gente sin él, me manipulaba por el lado de la culpa, del “me vine a vivir acá y me dejás solo”, y aunque me parecía injusto, me terminaba convenciendo de que yo era una forra y cedía.

Una vez estábamos en mi casa y se enojó porque “dibujé todo el día y no le di bola a él y se aburría”. Éste es sólo un ejemplo de miles de situaciones que se daban cada vez más seguido y me hacían sentir la responsabilidad de entretenerlo y estar con él todo el tiempo, cuando antes de mudarse yo le había dicho que no quería eso.

Durante el tiempo que estuvo en San Martín (9 meses) me consumió todo el tiempo, pero gradualmente, por lo que nunca pude hacer click y reaccionar. En dos ocasiones conocí a dos pibas (tortas) y pegué buena onda, y me prohibió verlas porque “seguro había onda y me las quería chamuyar”, cosa que nada que ver.

Me molestaba mucho no poder hacer nuevas amigas sólo por el hecho de que fueran tortas, pero él es una persona muy hábil de palabras y siempre lograba “tener razón” (aunque yo en el fondo no me conformaba, sentía que era injusto pero como él argumentaba con más destreza que yo, cedía ante lo que me pedía o exigía). Una de esas veces se fue gritándome “¡Sos una puta de mierda (o hija de puta, o algo por el estilo) y no te quiero ver nunca más!”. Eso me re shockeó porque nunca me había insultado hasta ese día, y me hizo mierda, me fui a mi casa llorando. Parecía que ese día terminaba nuestra relación, pero seguimos. En un par de ocasiones me ha gritado de manera súper violenta “¡Andá, cogetelá, cogetelá!” refiriéndose a chicas con las que yo sólo quería amistad.

También me hizo cambiar mi trato con mis amigas que tenía hacía años porque decía que éramos muy cariñosas y que me tenían ganas. Varios días me obligaba a acompañarlo al trabajo porque “yo tengo que trabajar toda la tarde y vos no sos capaz de hacerme el aguante”. Yo le expliqué que cuando yo estaba en la escuela él tenía tiempo para estar solo y que yo también necesitaba ese tiempo para mí, pero él nunca me lo permitió y siempre terminaba convenciéndome de que yo era una forra. Una vez me invitaron a una juntada con amigxs en una casa por la tarde y se enojó porque yo fui (él estaba invitado pero tenía que trabajar).

Cada vez más amigxs y familiares me decían que no me veían bien con él o que no les gustaba cómo me trataba, pero yo no les daba bola porque estaba re enamorada y no quería cortar con él. Al principio hablaba con algunxs amigxs contándoles situaciones para pedirles opinión y consejos, pero él se enteró y se enojó porque “hablaba con otras personas de nuestras cosas”, así que empecé a guardarme las cosas y a tratar de resolverlas sola (obviamente no resolví nada sino que cada vez tenía la cabeza más confundida, cedía en más cosas y lloraba más).

La cotidianidad era cada vez más enfermiza. Una vez discutimos y se encerró en su casa gritando que se iba a matar y haciéndome sentir responsable de ello, hasta que con un amigo de ambxs logramos abrir la puerta y la situación se archivó con el resto de las situaciones que ya había empezado a naturalizar.

 

Empezó el 2013. Terminé la secundaria. Me mudé a Buenos Aires al departamento de un viejo que alquilaba una habitación. Él quiso quedarse en San Martín un tiempo más, pero nos extrañábamos mucho y encima a las dos semanas el viejo terminó siendo un violento que me echó de la casa, así que él se volvió a Buenos Aires, y un amigo suyo nos dejó parar en su casa hasta que conseguimos alquilar una habitación en una residencia estudiantil. Yo no quería compartir habitación con él, pero teníamos poca plata así que tuvimos que compartir. El lugar era copado, pero nuestra convivencia se tornó cada vez más tóxica y violenta.

Teníamos poca plata (a mí me bancaban mis viejxs mientras buscaba qué estudiar, aunque no me podían mandar mucha plata, y él trabajaba pero le pagaban poco), al punto de a veces no poder cargar la SUBE y buscar todas las ofertas posibles de comida. Aún así, él me forzaba a comprarle cigarrillos porque si no fumaba se ponía de mal humor y me trataba mal. Usualmente me trataba de menos porque a mí me bancaban mis viejxs y no era independiente, pero él también comía muchas veces de esa plata porque no le alcanzaba. Incluso le tuve que prestar plata para su parte del alquiler, que realmente necesitaba que me devolviera, y cuando cobraba se entusiasmaba y me compraba regalos innecesarios y caros, a lo que yo le agradecía y le decía que me gustaban pero que no los necesitaba y que lo que necesitaba era que me devolviera el efectivo, y no lo hacía, y seguía gastando en boludeces, luego no le alcanzaba para los gastos de comida y cosas de la casa y yo tenía que volver a hacerme cargo de esos gastos. Me compró un perfume carísimo de Carolina Herrera y yo no lo usaba en casa, lo reservaba para “ocasiones especiales”; una vez me invitaron a un cumple y me lo puse y se enojó porque “yo te lo compré y lo usás para salir y no para estar conmigo”.

Cuando me dolía algo físicamente (lo cual pasaba seguido), en vez de ofrecerme un té o algo, me miraba con desdén y me decía que estaba somatizando.

Cuando yo me ponía triste por algo, me decía que mi vida había sido muy fácil y contaba las cosas que había vivido él, “lo mío sí fue grave, lo tuyo son boludeces, deberías madurar”.

Le molestaba que hable con una de mis mejores amigas por whatsapp porque decía que nuestra relación era rara y nos teníamos ganas.

Seguía sin dejarme pasar tiempo sola o con otra gente sin él. De hecho yo siempre le ofrecí de dejarlo solo o de que vaya a ver a sus amigxs él solo porque no quería ser invasiva, pero siempre me decía que no y me invitaba a todos lados con él, y jamás me ofreció de darme mi espacio ni se tomó bien cuando yo se lo pedía.

Yo tenía una compu y cuando la usaba se enojaba porque no le daba bola, pero cuando él la quería usar tenía que dejarlo porque si no me trataba de egoísta. O sea, tenía más derecho y prioridad que yo para usar mis cosas.

El cuarto tenía cucheta y era incómodo dormir en la misma cama siempre, pero si yo me quería ir a dormir a la cama de arriba, él se enojaba. Una vez me fui a la cama de arriba para leer un libro y se re enojó.

Jugando “verdad o consecuencia” con uno de sus mejores amigos (con quien yo me llevaba re bien), me hizo mostrarle los pelos de mis piernas (que estaban sarpados en largos) y ambos se rieron y burlaron de mí.

Me obligaba a ir a visitar a su familia a su pueblo, que quedaba a cuatro horas. Parte de su familia me caía muy bien y me gustaba visitarlxs, pero a veces no tenía ganas o quería hacer otra cosa y él me la jugaba con la culpa de que no le hacía el aguante y siempre terminaba yendo. También había parte de su familia que me caía mal y me incomodaba, y cuando estábamos allá yo quería quedarme con lxs que me caían bien y él me forzaba a ir a visitar a lxs que me caían mal.

En un evento que fuimos con amigxs habían unas pibas repartiendo morrales pero no pudimos conseguir uno porque se terminaron re rápido. Más tarde buscaron más y logré conseguir uno, fui corriendo re emocionada a mostrárselo (siempre compartíamos todo, la ropa, las mochilas, etc.) y se enojó porque no le avisé que estaban las pibas (no daba el tiempo) y me trató re mal hasta que terminé llorando y me pidió que no arruine el día poniéndome así.

Empecé a sentirme mal cada vez que terminaba de comer, me sentía muy llena y con dolor de panza y náuseas, y me di cuenta que vomitando se me pasaba, por lo que empecé a vomitar seguido y me dijo que dejara de hacerlo porque así empezaban las bulímicas. Me lo dijo con el peor tono del mundo, como una mezcla de reto y reclamo, no como cuidándome. Al tiempo había bajado bastante de peso y me dijo que no le gustaba porque estaba demasiado flaca, me miró con cara de asco.

A todo esto, cada vez más seguido y cada vez más insoportable, lo que yo decía, sentía y pensaba estaba MAL.

Cada vez que le planteaba que algo me molestaba o me hacía sentir mal, amenazaba con dejarme, o retrucaba con “ah, pero vos tal cosa” y al final siempre deviaba la conversación a lo que ÉL sentía y a lo que YO hacía mal (TODO). Nunca había lugar para hablar de lo que yo quería hablar. Siempre terminaba deformando la charla y mi cabeza estaba cada vez más mareada y confundida. Era insoportable.

Hace muchos años que tengo bastante mala memoria para algunas cosas, y él se agarraba de eso para convencerme de que una conversación o situación no había sido como yo recordaba. Empezó a usar eso para invalidar todo lo que yo decía, confundiéndome cada vez más, haciéndome desconfiar cada vez más de mi memoria, mi percepción y mi criterio tergiversando todo, siempre, TODO, SIEMPRE.

Me convirtió en una persona totalmente anulada, y ya que no podía confiar en mí misma, no me quedaba otra que confiar en él, o mejor dicho, hacerle caso a él. Esto se prolongó mucho tiempo y me destruyó la cabeza por completo. No puedo realmente expresar con palabras cómo me sentía. Quería arrancarme el cuerpo, la cabeza, arrancarme de esa cotidianeidad horrible en la que me había metido (no sabía cómo) y no podía salir. Era un ente sin pensamiento ni decisión propia.

Cada vez que quería hablar de algo con él (aunque cada vez lo intentaba menos para evitar problemas), me criticaba el tono de voz. Incluso cuando yo tenía esto MUY presente para que no le moleste y llegué hasta a ensayar en el espejo lo que le iba a decir para medir que mi voz fuera calma, pero aún así, siempre me decía que le hablaba mal. Y si yo le decía que no era cierto, me recordaba que mi percepción y memoria fallaban. Llegué a concentrarme tanto cada vez que iba a hablar, que al parecer me convertí en un robot, y ahora se quejaba de que siempre hablaba con tono bajón y no le ponía onda.

Empecé a tener ataques de pánico / de nervios / de estrés / de ansiedad. Realmente no sé qué eran, pero sé que eran ataques de llanto muy intensos que empezaban cuando una situación me resultaba injusta. Sentía que me manipulaba pero mis palabras no valían, no había manera de ganarle al capo esgrimista verbal y yo empezaba a ponerme nerviosa. Empezaba a temblar levemente pero terminaba llorando a chorros gritando, sentía que me costaba respirar, me daban puntadas muy fuertes en el pecho, me sentía extremadamente débil, sentía que estaba atrapada en una vida horrible y que no tenía cómo salir de ahí, la cara se me ponía bordó, los ojos se me llenaban de venas al punto que me daba miedo cuando iba a lavarme la cara y me veía en el espejo. La angustia era una mezcla del miedo a que me deje, la confusión que me generaba todo lo que él tergiversaba a su favor, el estrés de no poder salir de esa situación eterna, la impotencia de sentir que todo era sarpadamente injusto, la culpa de sentirme una mierda porque él me hacía sentir que era una mierda.

Una vez estábamos discutiendo a gritos y le grité “¡me voy a matar!”. Al segundo me di cuenta de que no era cierto y que lo estaba diciendo de bronca y que eso era ser tan manipuladora como él, así que paré y le dije “Pará. No me voy a matar, lo dije de bronca, estuve mal, perdón.” Él jamás se disculpaba conmigo, su orgullo siempre fue su peor defecto y siempre fue hiriente a propósito. Todxs nos equivocamos a veces, pero yo jamás tuve malas intenciones y lo que nunca pude perdonarle es que él me hiciera tanto daño a propósito (lo confesó más adelante).

 

Mis ataques empezaron a ser de a poco cada vez más violentos. Primero me rascaba los brazos nerviosamente, cada vez más fuerte, al principio sin darme cuenta que me estaba comenzando a hacer daño, pero luego totalmente consciente de ello y buscando más daño aún. Empecé a golpearme. Me sentía poseída por mis propios gritos y la sensación de dolor, estrés, nervios, impotencia, abrumamiento, confusión y desborde total que sentía en la cabeza era tan insoportable que quería arrancarme la mente y comprarme una nueva, una “sana”. Me pegaba piñas y cachetadas a mí misma, como si golpeándome la cabeza se me fueran a acomodar las ideas, como quien golpea un televisor para que funcione bien. Mis manos me parecieron poco, empecé a incorporar objetos. Me golpeaba la cara, la cabeza, los brazos, las piernas con los objetos que se ponían en mi paso o las paredes. También me tiraba del pelo o me metía con ropa en la ducha de agua helada para ver si lograba calmarme, aunque en el fondo sólo quería castigarme y sufrir mucho mucho hasta que se acabara el dolor, o algo así. Esto empezó a pasar varias veces por semana. Una vez le rompí contra el piso un mate de cerámica que le había regalado. Me arrepentí al instante y me dio muchísima culpa, pero fue un impulso tan rápido que no pude evitarlo.

Obviamente todo esto que estoy contando es súper violento. Creo que es importante contar la historia completa, con mis violencias y no sólo las suyas porque no pretendo lavarme las manos y me hago cargo de lo que hice, pero repito lo que dije al principio: no se puede comparar la violencia de lx oprimidx con la de lx opresorx. Yo realmente creo (y SÉ) que esta persona me enfermó la cabeza y que no podría haber hecho las cosas distintas a como las hice. De todas formas estoy más que dispuestx a hablar de esto si alguien difiere.

Detecté algunas frases que me detonaban cuando estaba al borde de uno de esos ataques y se las hice saber. “Bueno, sí, vos sieeemmpre tenés razón” y un par más, todas con tono sarcástico e invalidando lo que yo decía. Le pedí que al menos en esos momentos no me las dijera y accedió. Pero luego noté que lejos de evitarlas, me las decía aún más, y yo luchando para no ceder ante el brote le decía “pará, me estás diciendo las frases que te pedí que no, por favor, pará”, y él me seguía bardeando y manipulando hasta que yo me ponía demasiado violenta golpeándome y ahí intentaba frenarme, agarrándome de las manos y eso.

Tiempo después, me confesó llorando que lo hacía a propósito “para ver hasta dónde llegaba”. No sé qué flashó experimentando conmigo, pero no podía creer que me haya incentivado a tener esos episodios adrede. Más adelante se me ocurrió la teoría de que a él le convenía que yo también fuera violenta para agarrarse de eso y minimizar sus violencias. Hoy mantengo esa teoría.

Al ver que no podía reprimir esos ataques (algunos seguían siendo sólo llanto sarpado, pero la mayoría llegaban a ser violentos) y no quería seguir golpeándome delante suyo porque sabía que estaba exponiéndolo a él a situaciones muy violentas, cuando tenía uno comencé a salir a correr. La zona no era muy segura, pero en esos momentos no me importaba ni eso, ni el frío, ni que fuera de noche, yo necesitaba escapar de mi realidad y salía corriendo, como quien corre por su vida, y me golpeaba con cosas que encontraba tiradas, ramas, chocaba los brazos contra paredes rasposas, me acostaba en la calle y sentía todo el cuerpo, era una sensación muy primitiva en la cual me sentía absolutamente viva, consciente de cada partecita de mi cuerpo y libre de todo hogar o posesión material. Era muy interesante y raro, porque estaba llorando angustiadísima pero a la vez sentía mucha libertad y simplicidad al estar sola y lejos suyo. Él se enojaba mucho conmigo porque realmente era tarde y le preocupaba que me haya pasado algo (claro que esta preocupación no le surgía cuando a los mismos horarios me pedía que vaya a dar una vuelta y pedirle un pucho a alguien que me cruzara).

Todo esto que relaté desde que nos mudamos a Buenos Aires, fue la vida cotidiana de los años 2013 y 2014. Agrego algunas cosas que pasaron en el medio.

Para mediados del 2013, yo no sabía qué estudiar así que conseguimos un laburo en el que teníamos que hacer viajes de una o dos semanas por el país. Arriba del micro, se enojaba si me ponía a escuchar música porque “no le hacía el aguante”, pero me forzaba a prestarle mis auriculares para escuchar música él. Nunca entendí por qué él tenía derecho a hacerlo y yo no.

En una ocasión tuvimos que compartir cuarto con unas pibas pakis que una noche iban a salir y nos pidieron opinión sobre qué ponerse. Yo me sentí bien porque me había pasado de que pibas se sintieran incómodas de cambiarse delante mío por ser torta y me alegró poder volver a tener esa confianza entre pibas, pero él se enojó porque dijo que yo las estaba “mirando” y me hizo quilombo. También pegué muy buena onda con un compa de laburo muy marika y se enojó porque dijo que nos teníamos ganas (cabe recordar que mi compañero era muy cisputo y yo muy cistorta). O sea que ahora ya no sólo me hacía problema por pibas tortas sino también por pibas pakis y pibes cisputos.

Aclaro que yo también era una persona celosa, pero siempre que le hablé de cosas que me ponían celosa fue desde un lugar de “te comparto lo que me pasa porque sos mi pareja, para que lo charlemos o me contengas o aconsejes”. Jamás le prohibí ver a nadie, de hecho se hablaba con todo el amor con una piba de San Martín que había inventado por el pueblo mentiras sobre mí (y él lo sabía) y ni siquiera en esa situación le pedí que deje de hablar con ella.

Estando de viaje nuestra relación era como todo lo que describí anteriormente, con el agravante de que es aún más difícil de llevar estando en provincias desconocidas y teniendo que caretear con gente del laburo. En un momento tuve un ataque re sarpado en un hotel de Jujuy, desencadenado por maltrato suyo, en el que me arañé la cara y me quedó toda marcada. A la mañana siguiente trabajábamos y a mí las marcas no se me habían ido. Le pedí base a una compañera y zafé, pero después de trabajar un rato la base se me corrió y se notaron las marcas, yo me morí de vergüenza y él se enojó conmigo porque “la gente iba a pensar que me había lastimado él”.

A fines del 2013 dejé el trabajo porque elegí una carrera y también porque estaba muy mal mentalmente. En enero me fui dos semanas a San Martín a ver a mi familia y amigxs. Quería ir más tiempo, pero él no podía ir y yo “tenía que hacerle el aguante”. En ese viaje jugando a “verdad o consecuencia” una piba se me sentó encima  y yo le di un beso en el cachete. Me sentí re culpable y se lo conté. Me trató más o menos como si lo hubiese engañado con 10 minas durante meses y lo usó como argumento para seguir ganando discusiones.

También conocí a una piba que me cayó re bien y cuando volví a Buenos Aires, seguimos hablando por facebook. Hablábamos en plan amistad, pero él me dijo “vos no te das cuenta que te está tirando onda porque no entendés el chamuyo de las tortas” y me obligó a escribirle cosas que él me dictó con las que yo no estaba de acuerdo (algo de que yo tenía novia y que le estaba faltando el respeto a nuestra relación).

También me criticó con cara de asco una foto que me saqué allá con la camisa de una amiga y puse de perfil, porque dijo que parecía un chabón y que “no me quedaba bien hacerme el chonguito”.

Empecé la facultad. Él siguió en ese trabajo, que era parte en Capital y cada tanto había un viaje de entre dos días y dos semanas. La residencia donde vivíamos de repente cerró, nos tuvimos que mudar a una pensión horrible por tres meses y de ahí nos fuimos a un departamento en Lanús. Yo no quería irme a un depto con él porque era como demasiado compromiso y me daba miedo, pero vivir en la pensión era tan feo que terminamos decidiendo eso. Contrato a nombre de ambxs, gastos a medias, fantasía de que al vivir en un departamento nuestros problemas se solucionaran y fuésemos felices por siempre (?).

Pero residencia, pensión o departamento, nuestra relación iba a ser una mierda igual. Todo siguió exactamente como lo que ya conté, aunque empeorando gradualmente.

Él fumaba en el departamento aunque yo era re anti-tabaco y le había pedido mil veces que no fume adentro, pero se enojaba y me decía “¡no puedo fumar tranquilo en mi propia casa!” y yo le decía “¡y yo no puedo respirar aire en mi propia casa!”, pero no me daba bola.

Una vez se re enojó y me hizo un escándalo porque le pregunté si podía invitar a estudiar y dormir (teníamos una habitación para nosotrxs y un colchón en el living para invitadxs) a un compañero de la facu que vivía lejos entonces si venía a estudiar se tenía que quedar, pero él pensaba que si lo invitaba a dormir era porque seguramente  me lo quería mover.

Una vez un profe nos pidió a un par que nos quedáramos después de clase a pintar unos paneles para una muestra y él se enojó primero porque quiso venir a pintar y le dije que la facultad era mi espacio y que me sentía invadida si él iba, y segundo porque “no era obligatorio y elegí quedarme a ayudar” en vez de ir a comer con él (las siguientes veces que nos pidieron que nos quedemos a ayudar, re quería, pero dije que no podía y fui a casa para almorzar con él y evitar problemas).

Las discusiones siguieron y los ataques también, aunque con el tema de que yo iba a la facultad y empezaba a relacionarme con otra gente, y él seguía viajando con el laburo, teníamos ciertos descansos entonces algo había mejorado nuestro trato.

Pero seguían pasando cosas, al punto que una vez me siguió por el living apretándose un cuchillo contra la muñeca y gritándome que se iba a matar. Mi ataque de esa noche no fue violento, sino que fue un ataque de llanto y desesperación sarpados, no pude calmarlo a él entonces me senté como pude en una silla agarrándome la cabeza sin poder creer lo que estaba viviendo, sin poder parar de llorar, aterrada. Recién ahí bajó el cuchillo y vino a querer abrazarme y consolarme. Creo que fue la misma noche que me pegó una cachetada, aunque no estoy segurx. Esa cachetada fue el único golpe que hubo en toda la relación. Él dice que yo le pegué, pero ese “golpe” del que habla fue de una vez que yo quería irme y él me estaba reteniendo agarrándome de los brazos, entonces forcejeé para soltarme y le pasé a pegar sin querer.

Un día le dije que estaba sintiendo ganas de estar con otra gente pero que no quería dejar de estar con él y que capaz podíamos pensar en abrir la relación. Se re calentó, estuvo un rato gritándome de todo hasta que se calmó, me abrazó y me dijo que lo dejara demostrarme que no necesitaba estar con nadie más. Accedí.

Así fue como seguimos juntxs hasta un buen día de diciembre del 2014 en el cual me armó un quilombo por una pelotudez tan insignificante que me hizo un click en la cabeza y me di cuenta de que si peleábamos por esa boludez, no teníamos solución. Le corté. Me fui a pasar unos días a lo de mi abuela. Iba a irme a San Martín por dos meses, así que decidimos pasar los últimos días juntxs. Arreglamos seguir pagando a medias los dos meses que yo estuviera en San Martín, a él le servía porque así pagaba menos y a mí me servía tener mis cosas ahí hasta volver y resolver quién se quedaba el depto y qué hacíamos. Me fui a San Martín (soltera) y todo quedó en buenos términos.

Pero en San Martín me chapé a alguien, y como seguíamos hablando por teléfono, se lo conté. De hecho, yo en realidad no quería chapar con esta persona y me sentí presionada a hacerlo y la pasé mal, pero nada de esto le importó. Me insultó como nadie me insultó en mi vida y me dijo que yo estaba muerta para él.

Los días/semanas que siguieron, me dio mil vueltas con el departamento. Primero dijo que él no se iba a ir y me pareció injusto porque nos habíamos mudado a Lanús porque a mí me quedaba bien para ir a la facu, de su laburo era lejos, pero tenía miedo de que me hiciera alguna forreada, así que le dije que ok, que se lo quede. Después me amenazó con irse inmediatamente del departamento “crecé, madurá y fijate cómo te las arreglás para pagarlo”. Fue alternando con que se lo quedaba o se iba (yo comunicándole todo a mis viejxs porque ellxs me bancaban y como que les rendía cuentas a ellxs, hasta que mi vieja se cansó y me dijo que le diga que la corte o que ella iba a hablar con él). También me amenazó con sacar todas mis cosas a la calle. Cuando le dije lo de mi vieja se calmó un toque y quedamos con el arreglo que teníamos al principio.

 

Cuando me mandó a la mierda por haberme chapado a esta persona, diez días lo extrañé y lloré. Al día 11 me di cuenta de que era libre, que mi tiempo era mío y que podía hacer lo que quisiera y juntarme con quien quisiera, o estar sola, y dejé de llorar y de extrañar. Pasaba de la bronca a la indiferencia cuando pensaba en él, pero más que nada estaba muy eufórica de sentirme libre después de tres años.

Empecé a expresarme de nuevo, de a poquito, a animarme a decir lo que sentía, lo que pensaba, muy de a poco, y la gente con la que compartí ese verano me recibió y acompañó con mucho amor. Fueron mis primeros meses de empoderamiento, empezando el 2015 con todo.

Hablamos por teléfono un par de veces durante ese verano. Yo no quería, pero se había calmado y me hablaba bien, y yo se la careteaba para mantener el buen trato y que no volviera a amenazarme con cosas del depto. Me embolaba mucho hablar con él porque se hacía el agrandado diciéndome que estaba re bien y contándome cosas que no me interesaban, pero por miedo a que se mandara alguna, me la banqué.

Me fui al Festivxl por la Diversidad al Bolsón y me seguí comiendo sus llamadas. En un momento me contó que estaba saliendo con un chabón y me agarró terrible felicidad porque pensé que eso significaba que no iba a intentar volver conmigo. Yo también estaba conociendo a una piba, con la que compartimos abrazos y besos durante algunos días y luego quedamos como amigas. Esta piba tenía la mandíbula un poco adelantada (esto cobra sentido más adelante).

Cuando volví a Buenos Aires, arreglamos para que yo fuera a su casa en momentos que él no estaba para empezar a poner mis cosas en cajas. Un día él llego antes de que yo me fuera y atiné a irme pero me dijo de tomar unos mates. Accedí sin muchas ganas, pero quería mantener el ambiente falsamente ameno hasta que sacara todas mis cosas. Fuimos al súper a comprar algo para acompañar el mate y él actuaba de forma superada, haciéndose el banana pagando lo del súper, examinando una caja de forros de manera exagerada, tipo para que yo lo note, etc.

No sé cómo nos empezamos a ver seguido y me enganché de nuevo. Me encariñé de cero, él estaba más tranquilo y sentí como si fuese una persona y una relación nueva.

Me mudé a un monoambiente en Banfield y empezó a venir seguido a casa. Una vez estábamos mirando una peli o algo y se puso a bardear y criticar a un personaje que tenía la mandíbula adelantada. Estuvo un tiempo sospechosamente largo expresando su asco por ello, yo sabía que seguramente había stalkeado a la piba que yo había conocido en el verano y que estaba bardeándola indirectamente a ella. Me dio mucha bronca que bardee por algo físico, pero me quedé callada. Otro día me preguntó si yo había garchado con la piba esta y le dije que no. Primero no me creyó y después me preguntó por qué no garchamos; le dije que porque ella no quiso, y se enojó.

Al tiempito me dijo que estaba dudando de su género, que no se sentía hombre ni mujer y le acompañé el proceso. Creo que por acompañar esto me banqué cosas que no me tendría que haber bancado, porque quería ser comprensiva con el momento importante y difícil que él estaba atravesando.

Esta “nueva relación abierta” duró poco porque me di cuenta de que hacía cosas para darme celos y lastimarme a propósito, seguía invalidándome todo el tiempo, era pasivo-agresivo y manipulador como siempre, y ahora encima se la pasaba en mi casa comiendo mi comida y usando mi wifi porque él estaba mal de plata. Le dije que no quería estar más con él porque nunca podía decirle lo que sentía y pensaba y no quería una relación así, se ofendió, me dijo que “me parece cualquiera la pasada de factura” y cortamos definitivamente.

Al tiempo, me escribió diciendo que había renunciado y se iba a ir de viaje por el mundo y que no quería irse y que quede todo mal conmigo. Nos juntamos en una plaza y me reconoció muchísimas cosas, me pidió perdón por todo lo que me había hecho, incluso me devolvió la plata que hacía tanto le había prestado.

Para ese momento, ya nadie era cis. Me dijo que en algún momento le gustaría presentarme a Juan Manuel, “es un pibe copado y tranquilo”, y que le gustaría conocer a Felipe. Le dije que Felipe era la misma persona, que sólo había cambiado el género. Me dio la impresión estaba usando su cambio de género para lavarse las manos de todo lo que había hecho y me pareció bastante ofensivo para con la comunidad trans ya que me recordó a cuando tus viejxs no aceptan tu cambio de género y te dicen “ay, pero yo TENÍA unA hijA” y es como “no me morí, sólo me cambié el nombre”, pero ignoré eso, hablamos bien, quedamos en buenos términos y se fue de viaje.

Pero antes de viajar por el mundo, quiso pasar por San Martín, porque había hecho buenxs amigxs en el tiempo que vivió allá, y se terminó quedando a vivir en Bariloche y activando por la lucha trans.

Ese verano (2015-2016) me escribió diciéndome que iba a ir a San Martín y que le gustaría que nos juntemos a tomar unos mates. Le dije que por todo lo que habíamos pasado a mí me daba mucho miedo y estrés la idea de estar caminando y cruzármelo. Que capaz podíamos arreglar para tomar unos mates, pero que la idea de cruzarlo de imprevisto me daba mucha intranquilidad. Se mostró sorpresivamente comprensivo y me dijo “no quiero hacerte más mal, ni te vas a enterar de que fui”.

Me quedé re tranqui con eso hasta que un día estaba sola en una plaza sentada en el pasto dibujando, y de atrás alguien se agacha y me habla al oído: “¿pan relleno calentito?”. Era él, que estaba acompañando a un ex-compa mío de la escuela. Me sobresalté y en shock los saludé y se fueron. Al ratito reaccioné y le escribí: “¿no era que no me iba a enterar de que viniste?”. Me contestó ofendido “¿Qué querés que haga? No puedo elegir a quién me cruzo.” Me enojé muchísimo porque no sólo faltó a su palabra, sino que se me acercó creepymente por atrás cuando le dije que le tenía miedo (ESO ES ACOSO) y me la había careteado de comprensivo. Me di cuenta de que toda la charla que habíamos tenido en aquella plaza no valía de nada, que esa persona siempre que pudiera se iba a cagar en mí y que no tenía que creerle nunca más, aunque sonara sincero, aunque jurara y llorara. Aunque cambiara de género, de nombre, de color de pelo, me tenía que meter en la cabeza que siempre iba a ser una persona tóxica.

El resto de ese verano, me lo crucé en el centro de día, en distintos bares de noche, fue insoportable y me sentí súper invadidx y con alta impotencia porque el pueblo no era mío y no tenía derecho de echarlo. Cada vez que salía de mi casa, caminaba estresadx con miedo a cruzármelo.

A fines de noviembre del 2016, fue la marcha del orgullo en Bs. As. y viajó para ir, lo sé porque en un momento lo vi entre la gente festejando re enfiestado y me asusté, agarré a mis amigxs y nos fuimos rápido para otro lado. Al rato, una de mis amigas me dijo que lo había visto que estaba tranqui y que cuando me vio se apuró a hacerse el enfiestado. Esto no tiene mucha importancia, pero denota que es un careta y que hace cosas a propósito cuando está cerca mío.

Ese verano (enero 2017), fui nuevamente al Festivxl por la Diversidad del Bolsón, al que cada año que fui me pareció el espacio más seguro y hermoso del mundo, pero este año estaba él (ya que ahora vivía en Bariloche), y cada vez que me lo cruzaba me daba miedo, ansiedad, asco. No nos saludamos porque había quedado todo mal, pero el chabón siempre aparecía cerca mío. Caminando por una callecita volviendo del picnic en el camping Ni Nada yo iba caminando con unx amigx y escuchaba que un grupo de pibxs caminando atrás nuestro estaba cada vez más y más cerca; no le di importancia y justo un auto se ofreció a llevarme a mí y a mi amigx y cuando me subo y cierro la puerta, me pasa por al lado y veo que era él, me re asusté. Bailando en el recital de la carpa, yo me fijaba de estar lejos y él se ponía a bailar a un metro atrás mío, como si no me hubiese visto. Marchando en la marcha yo estaba atrás y veía que se acercaba, me iba caminando rápido bien adelante de todo y aparecía ahí también al ratito. Yo siempre intentando estar lo más lejos posible y él acercándose reiteradas veces como si no me viera, como si no fuera obvio que lo está haciendo a propósito y sabiendo que yo le tenía miedo y que me incomodaba su presencia. Esto también es acoso e invasión del espacio personal.

 

Desde que corté con él hasta hoy, cada vez se hace más y más insoportable tener tantxs amigxs y conocidxs en común, y coincidir en espacios con él. Es complicado porque tiene carisma, o simpatía, o algo así, y la gente lo suele querer mucho, suele agradar. Sinceramente no sé si cambió, porque muchas veces prometió hacerlo y después me daba cuenta de que seguía siendo el mismo forro careta acosador, pero aunque haya cambiado, aunque la gente lo quiera, aunque tenga cosas buenas, no me importa: conmigo fue asquerosamente manipulador y cuando lo veo sólo veo un abusador psicológico y emocional de nivel profesional, y nunca lo voy a ver de otra manera.

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