Jorge Machado Garibaldi ABUSADOR DE MENORES del Partido socialista del Frente Amplio #YaNoNosCallamosMas

Soy de uruguay y quiero mantener el anonimato.

Quiero denunciar al ex pareja de mi madre: Jorge Machado Garibaldi (en facebook Jorge Kfouri). Abusó sexual y psicológicamente de mi hermano menor y de mí cuando teníamos 10 y 8 años. Entraba en nuestro cuarto cuando mi madre estaba ocupada y nos manoseaba en la oscuridad. No nos dejaba que lo viéramos, venía siempre de noche y le decía a nuestra madre (que en realidad era su amante, ya que él tenía esposa e hijos en Bolivia) que no quería que lo viéramos para preservar el anonimato porque “los niños cuentan todo”.

Mi madre se encontraba en una situación de vulnerabilidad psicológica debido a una situación de acoso laboral, y Jorge se aprovechó de ella y la manipuló. La destrataba frente a nosotros, no solo nos manoseaba, sino que nos decía como tenía sexo con nuestra madre sin ningún tipo de filtro, era un asco. Mi hermano y yo estamos muy traumados hasta el día de hoy. Es un viejo verde, hacía comentarios sexuales sobre su hija, vivió en mi casa hasta que cumplí 15 años. Me miraba el cuerpo, me hacía comentarios obscenos, se sentaba a mi lado y tocaba mi pierna mientras yo me paralizaba por el miedo. No paraba de estar arriba mío constantemente.

Hoy en día está acomodado en el Partido socialista del Frente Amplio, está en una lista y es parte del congreso de intendentes. Se fue de mi casa un día que mi hermano le dijo “no toques más a mi hermana”, se levantó enfurecido y jamás volvió.

Volví a verlo en la calle una vez y me saludó desde el ómnibus con cinismo.

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Ilustración: Tenshi
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Juan Manuel Halvide Manipulador,Violento, Abusador Psicológico, Acosador. #YaNoNosCallamosMas!

Vengo a compartir mi testimonio que no contaba por ser viejo (como si un par de años borraran lo que viví), por no contener golpes (como si el abuso psicológico fuera aceptable), porque me creía sin derecho a escrachar por haber hecho cosas horribles yo también (como si la violencia de lx oprimidx justificara la violencia de lx opresorx).

Yo, piba tranquila, estudiante de secundaria, 19 años viviendo en la pequeña San Martín de los Andes. Ella, cuatro años mayor, rapada, con camisa a cuadros y fiestera de Capital Federal. Estereotipo de torta chonga que me encandiló y me sumió en la fantasía lésbica, mononormada y dramática.

Voy a nombrarme en femenino porque prefiero respetar mis pronombres de esa época (ahora me identifico como no binarie). Él es un pibe trans, pero en ese momento se identificaba como mujer. Voy a nombrarlo en masculino para respetar su género actual, pero creo que es importante aclarar que los tres años de relación nos identificábamos ambxs como mujeres cis lesbianas, porque considero que tiene relevancia en cómo se dieron las cosas. Jamás habría tolerado estos tratos de un chongo cis. Fui sumisa y me dejé manipular porque pensaba que las mujeres “no eran forras como los hombres”. Muchas veces me encontré pensando “si fuera un chabón, lo que está haciendo me parecería re machista”. Sí, era una pueblerina muy boluda, pero no tenía nada de calle, de experiencia ni de información. De todas formas esta historia me sirvió para empoderarme y para aprender que las mujeres pueden ser abusadoras y que lo trans no quita lo machirulo. Y no me lo olvido más.

A finales del 2011, conocí por facebook a un amigo de un amigo. Yo tenía una vida tranquila en mi mini ciudad, vivía con mi familia, iba a la escuela, a algunos talleres, el tiempo libre lo pasaba dando vueltas con amigxs, o leyendo, o dibujando, o tocando el piano. Él vivía en Capital Federal con su mejor amigo, trabajaba y salía mucho a bailar. Empezamos a chatear todos los días. Desde siempre me hablaba de las mujeres con las que se había acostado de una manera machista e irrespetuosa: “me cogía una mina distinta cada fin de semana”, “después de coger me daba vuelta y las ignoraba”, “cuando se hacía de día les señalaba un cartel en la pared que decía vestite y andate”. Se hacía el frío, el duro, y el fuerte, pero en su heladera sólo había agua, y en sus ojos también. Yo comía hasta no tener hambre y me sentía mal hablando por teléfono con su agotamiento, su hambre, su tristeza.

Durante mucho tiempo tuve mucho magnetismo con las personas que están en una mala situación. Flashaba príncipe azul y me urgía “rescatarlxs” y demostrarles que la vida era hermosa. Nuestro amigo en común y yo juntamos nuestros mangos y le pagamos un pasaje para que venga a pasar unas semanas con nosotrxs a San Martín. A los días, ya éramos inseparables. Empezamos a estar.

Un par de semanas duró ese viaje. Él me parecía una persona bastante imponente, egocéntrica y orgullosa, siempre era el centro de atención autoproclamado y hablaba todo el tiempo de sí mismo, pero yo justificaba esas actitudes y las minimizaba porque me atraía mucho, por la comprensión hacia todas las cosas horribles que le habían pasado en su vida y por la admiración que le tenía por poder ser una persona tan alegre pese a todo ello.

Cuando se fue, no lo soportamos y me fui yo para allá. Paré en su casa otro par de semanas. De ese viaje sólo recuerdo sexo, porro, escabio, baile, plaza, risas y diversión. La pueblerina encantada. Pero  también tuve el primer indicio de que las cosas no iban a estar bien. Una noche en una plaza decidí decirle, de la mejor manera que pude, que sentía que me mandoneaba y que no me gustaba. Su respuesta fue interrumpirme diciendo “no quiero estar más con vos”. Lo acepté, me brotaron las lágrimas y me dispuse a irme, pero me paró, me abrazó y seguimos juntxs. Esa fue la primera vez (de millones) que usó el “cortar” para desviar una conversación donde yo estaba expresando lo que sentía o pensaba.

Los meses que siguieron, fueron a distancia. Nos veíamos para semana santa o algún finde largo que algunx pudiera viajar. Cuando cumplimos los seis meses, a mediados del 2012, decidió venirse a vivir a San Martín. Yo le aclaré que no quería cargar con la responsabilidad de que se mudara por mí, y me dijo que no era así, que se había enamorado del lugar. Me quedé tranquila con esa respuesta, pero desde que pisó San Martín empezó a absorberme y controlarme cada vez más.

Yo estaba en mi último año de secundaria y al terminar planeaba irme a Buenos Aires y mi casa la iban a vender. Aparte de que siempre necesité pasar tiempo sola, viví toda mi vida en esa casa y le tenía mucho cariño y apego, quería disfrutar ese útimo tiempo de la casa y mi cuarto, pero casi nada estuve ahí porque él no me dejaba estar sola o juntarme con gente sin él, me manipulaba por el lado de la culpa, del “me vine a vivir acá y me dejás solo”, y aunque me parecía injusto, me terminaba convenciendo de que yo era una forra y cedía.

Una vez estábamos en mi casa y se enojó porque “dibujé todo el día y no le di bola a él y se aburría”. Éste es sólo un ejemplo de miles de situaciones que se daban cada vez más seguido y me hacían sentir la responsabilidad de entretenerlo y estar con él todo el tiempo, cuando antes de mudarse yo le había dicho que no quería eso.

Durante el tiempo que estuvo en San Martín (9 meses) me consumió todo el tiempo, pero gradualmente, por lo que nunca pude hacer click y reaccionar. En dos ocasiones conocí a dos pibas (tortas) y pegué buena onda, y me prohibió verlas porque “seguro había onda y me las quería chamuyar”, cosa que nada que ver.

Me molestaba mucho no poder hacer nuevas amigas sólo por el hecho de que fueran tortas, pero él es una persona muy hábil de palabras y siempre lograba “tener razón” (aunque yo en el fondo no me conformaba, sentía que era injusto pero como él argumentaba con más destreza que yo, cedía ante lo que me pedía o exigía). Una de esas veces se fue gritándome “¡Sos una puta de mierda (o hija de puta, o algo por el estilo) y no te quiero ver nunca más!”. Eso me re shockeó porque nunca me había insultado hasta ese día, y me hizo mierda, me fui a mi casa llorando. Parecía que ese día terminaba nuestra relación, pero seguimos. En un par de ocasiones me ha gritado de manera súper violenta “¡Andá, cogetelá, cogetelá!” refiriéndose a chicas con las que yo sólo quería amistad.

También me hizo cambiar mi trato con mis amigas que tenía hacía años porque decía que éramos muy cariñosas y que me tenían ganas. Varios días me obligaba a acompañarlo al trabajo porque “yo tengo que trabajar toda la tarde y vos no sos capaz de hacerme el aguante”. Yo le expliqué que cuando yo estaba en la escuela él tenía tiempo para estar solo y que yo también necesitaba ese tiempo para mí, pero él nunca me lo permitió y siempre terminaba convenciéndome de que yo era una forra. Una vez me invitaron a una juntada con amigxs en una casa por la tarde y se enojó porque yo fui (él estaba invitado pero tenía que trabajar).

Cada vez más amigxs y familiares me decían que no me veían bien con él o que no les gustaba cómo me trataba, pero yo no les daba bola porque estaba re enamorada y no quería cortar con él. Al principio hablaba con algunxs amigxs contándoles situaciones para pedirles opinión y consejos, pero él se enteró y se enojó porque “hablaba con otras personas de nuestras cosas”, así que empecé a guardarme las cosas y a tratar de resolverlas sola (obviamente no resolví nada sino que cada vez tenía la cabeza más confundida, cedía en más cosas y lloraba más).

La cotidianidad era cada vez más enfermiza. Una vez discutimos y se encerró en su casa gritando que se iba a matar y haciéndome sentir responsable de ello, hasta que con un amigo de ambxs logramos abrir la puerta y la situación se archivó con el resto de las situaciones que ya había empezado a naturalizar.

 

Empezó el 2013. Terminé la secundaria. Me mudé a Buenos Aires al departamento de un viejo que alquilaba una habitación. Él quiso quedarse en San Martín un tiempo más, pero nos extrañábamos mucho y encima a las dos semanas el viejo terminó siendo un violento que me echó de la casa, así que él se volvió a Buenos Aires, y un amigo suyo nos dejó parar en su casa hasta que conseguimos alquilar una habitación en una residencia estudiantil. Yo no quería compartir habitación con él, pero teníamos poca plata así que tuvimos que compartir. El lugar era copado, pero nuestra convivencia se tornó cada vez más tóxica y violenta.

Teníamos poca plata (a mí me bancaban mis viejxs mientras buscaba qué estudiar, aunque no me podían mandar mucha plata, y él trabajaba pero le pagaban poco), al punto de a veces no poder cargar la SUBE y buscar todas las ofertas posibles de comida. Aún así, él me forzaba a comprarle cigarrillos porque si no fumaba se ponía de mal humor y me trataba mal. Usualmente me trataba de menos porque a mí me bancaban mis viejxs y no era independiente, pero él también comía muchas veces de esa plata porque no le alcanzaba. Incluso le tuve que prestar plata para su parte del alquiler, que realmente necesitaba que me devolviera, y cuando cobraba se entusiasmaba y me compraba regalos innecesarios y caros, a lo que yo le agradecía y le decía que me gustaban pero que no los necesitaba y que lo que necesitaba era que me devolviera el efectivo, y no lo hacía, y seguía gastando en boludeces, luego no le alcanzaba para los gastos de comida y cosas de la casa y yo tenía que volver a hacerme cargo de esos gastos. Me compró un perfume carísimo de Carolina Herrera y yo no lo usaba en casa, lo reservaba para “ocasiones especiales”; una vez me invitaron a un cumple y me lo puse y se enojó porque “yo te lo compré y lo usás para salir y no para estar conmigo”.

Cuando me dolía algo físicamente (lo cual pasaba seguido), en vez de ofrecerme un té o algo, me miraba con desdén y me decía que estaba somatizando.

Cuando yo me ponía triste por algo, me decía que mi vida había sido muy fácil y contaba las cosas que había vivido él, “lo mío sí fue grave, lo tuyo son boludeces, deberías madurar”.

Le molestaba que hable con una de mis mejores amigas por whatsapp porque decía que nuestra relación era rara y nos teníamos ganas.

Seguía sin dejarme pasar tiempo sola o con otra gente sin él. De hecho yo siempre le ofrecí de dejarlo solo o de que vaya a ver a sus amigxs él solo porque no quería ser invasiva, pero siempre me decía que no y me invitaba a todos lados con él, y jamás me ofreció de darme mi espacio ni se tomó bien cuando yo se lo pedía.

Yo tenía una compu y cuando la usaba se enojaba porque no le daba bola, pero cuando él la quería usar tenía que dejarlo porque si no me trataba de egoísta. O sea, tenía más derecho y prioridad que yo para usar mis cosas.

El cuarto tenía cucheta y era incómodo dormir en la misma cama siempre, pero si yo me quería ir a dormir a la cama de arriba, él se enojaba. Una vez me fui a la cama de arriba para leer un libro y se re enojó.

Jugando “verdad o consecuencia” con uno de sus mejores amigos (con quien yo me llevaba re bien), me hizo mostrarle los pelos de mis piernas (que estaban sarpados en largos) y ambos se rieron y burlaron de mí.

Me obligaba a ir a visitar a su familia a su pueblo, que quedaba a cuatro horas. Parte de su familia me caía muy bien y me gustaba visitarlxs, pero a veces no tenía ganas o quería hacer otra cosa y él me la jugaba con la culpa de que no le hacía el aguante y siempre terminaba yendo. También había parte de su familia que me caía mal y me incomodaba, y cuando estábamos allá yo quería quedarme con lxs que me caían bien y él me forzaba a ir a visitar a lxs que me caían mal.

En un evento que fuimos con amigxs habían unas pibas repartiendo morrales pero no pudimos conseguir uno porque se terminaron re rápido. Más tarde buscaron más y logré conseguir uno, fui corriendo re emocionada a mostrárselo (siempre compartíamos todo, la ropa, las mochilas, etc.) y se enojó porque no le avisé que estaban las pibas (no daba el tiempo) y me trató re mal hasta que terminé llorando y me pidió que no arruine el día poniéndome así.

Empecé a sentirme mal cada vez que terminaba de comer, me sentía muy llena y con dolor de panza y náuseas, y me di cuenta que vomitando se me pasaba, por lo que empecé a vomitar seguido y me dijo que dejara de hacerlo porque así empezaban las bulímicas. Me lo dijo con el peor tono del mundo, como una mezcla de reto y reclamo, no como cuidándome. Al tiempo había bajado bastante de peso y me dijo que no le gustaba porque estaba demasiado flaca, me miró con cara de asco.

A todo esto, cada vez más seguido y cada vez más insoportable, lo que yo decía, sentía y pensaba estaba MAL.

Cada vez que le planteaba que algo me molestaba o me hacía sentir mal, amenazaba con dejarme, o retrucaba con “ah, pero vos tal cosa” y al final siempre deviaba la conversación a lo que ÉL sentía y a lo que YO hacía mal (TODO). Nunca había lugar para hablar de lo que yo quería hablar. Siempre terminaba deformando la charla y mi cabeza estaba cada vez más mareada y confundida. Era insoportable.

Hace muchos años que tengo bastante mala memoria para algunas cosas, y él se agarraba de eso para convencerme de que una conversación o situación no había sido como yo recordaba. Empezó a usar eso para invalidar todo lo que yo decía, confundiéndome cada vez más, haciéndome desconfiar cada vez más de mi memoria, mi percepción y mi criterio tergiversando todo, siempre, TODO, SIEMPRE.

Me convirtió en una persona totalmente anulada, y ya que no podía confiar en mí misma, no me quedaba otra que confiar en él, o mejor dicho, hacerle caso a él. Esto se prolongó mucho tiempo y me destruyó la cabeza por completo. No puedo realmente expresar con palabras cómo me sentía. Quería arrancarme el cuerpo, la cabeza, arrancarme de esa cotidianeidad horrible en la que me había metido (no sabía cómo) y no podía salir. Era un ente sin pensamiento ni decisión propia.

Cada vez que quería hablar de algo con él (aunque cada vez lo intentaba menos para evitar problemas), me criticaba el tono de voz. Incluso cuando yo tenía esto MUY presente para que no le moleste y llegué hasta a ensayar en el espejo lo que le iba a decir para medir que mi voz fuera calma, pero aún así, siempre me decía que le hablaba mal. Y si yo le decía que no era cierto, me recordaba que mi percepción y memoria fallaban. Llegué a concentrarme tanto cada vez que iba a hablar, que al parecer me convertí en un robot, y ahora se quejaba de que siempre hablaba con tono bajón y no le ponía onda.

Empecé a tener ataques de pánico / de nervios / de estrés / de ansiedad. Realmente no sé qué eran, pero sé que eran ataques de llanto muy intensos que empezaban cuando una situación me resultaba injusta. Sentía que me manipulaba pero mis palabras no valían, no había manera de ganarle al capo esgrimista verbal y yo empezaba a ponerme nerviosa. Empezaba a temblar levemente pero terminaba llorando a chorros gritando, sentía que me costaba respirar, me daban puntadas muy fuertes en el pecho, me sentía extremadamente débil, sentía que estaba atrapada en una vida horrible y que no tenía cómo salir de ahí, la cara se me ponía bordó, los ojos se me llenaban de venas al punto que me daba miedo cuando iba a lavarme la cara y me veía en el espejo. La angustia era una mezcla del miedo a que me deje, la confusión que me generaba todo lo que él tergiversaba a su favor, el estrés de no poder salir de esa situación eterna, la impotencia de sentir que todo era sarpadamente injusto, la culpa de sentirme una mierda porque él me hacía sentir que era una mierda.

Una vez estábamos discutiendo a gritos y le grité “¡me voy a matar!”. Al segundo me di cuenta de que no era cierto y que lo estaba diciendo de bronca y que eso era ser tan manipuladora como él, así que paré y le dije “Pará. No me voy a matar, lo dije de bronca, estuve mal, perdón.” Él jamás se disculpaba conmigo, su orgullo siempre fue su peor defecto y siempre fue hiriente a propósito. Todxs nos equivocamos a veces, pero yo jamás tuve malas intenciones y lo que nunca pude perdonarle es que él me hiciera tanto daño a propósito (lo confesó más adelante).

 

Mis ataques empezaron a ser de a poco cada vez más violentos. Primero me rascaba los brazos nerviosamente, cada vez más fuerte, al principio sin darme cuenta que me estaba comenzando a hacer daño, pero luego totalmente consciente de ello y buscando más daño aún. Empecé a golpearme. Me sentía poseída por mis propios gritos y la sensación de dolor, estrés, nervios, impotencia, abrumamiento, confusión y desborde total que sentía en la cabeza era tan insoportable que quería arrancarme la mente y comprarme una nueva, una “sana”. Me pegaba piñas y cachetadas a mí misma, como si golpeándome la cabeza se me fueran a acomodar las ideas, como quien golpea un televisor para que funcione bien. Mis manos me parecieron poco, empecé a incorporar objetos. Me golpeaba la cara, la cabeza, los brazos, las piernas con los objetos que se ponían en mi paso o las paredes. También me tiraba del pelo o me metía con ropa en la ducha de agua helada para ver si lograba calmarme, aunque en el fondo sólo quería castigarme y sufrir mucho mucho hasta que se acabara el dolor, o algo así. Esto empezó a pasar varias veces por semana. Una vez le rompí contra el piso un mate de cerámica que le había regalado. Me arrepentí al instante y me dio muchísima culpa, pero fue un impulso tan rápido que no pude evitarlo.

Obviamente todo esto que estoy contando es súper violento. Creo que es importante contar la historia completa, con mis violencias y no sólo las suyas porque no pretendo lavarme las manos y me hago cargo de lo que hice, pero repito lo que dije al principio: no se puede comparar la violencia de lx oprimidx con la de lx opresorx. Yo realmente creo (y SÉ) que esta persona me enfermó la cabeza y que no podría haber hecho las cosas distintas a como las hice. De todas formas estoy más que dispuestx a hablar de esto si alguien difiere.

Detecté algunas frases que me detonaban cuando estaba al borde de uno de esos ataques y se las hice saber. “Bueno, sí, vos sieeemmpre tenés razón” y un par más, todas con tono sarcástico e invalidando lo que yo decía. Le pedí que al menos en esos momentos no me las dijera y accedió. Pero luego noté que lejos de evitarlas, me las decía aún más, y yo luchando para no ceder ante el brote le decía “pará, me estás diciendo las frases que te pedí que no, por favor, pará”, y él me seguía bardeando y manipulando hasta que yo me ponía demasiado violenta golpeándome y ahí intentaba frenarme, agarrándome de las manos y eso.

Tiempo después, me confesó llorando que lo hacía a propósito “para ver hasta dónde llegaba”. No sé qué flashó experimentando conmigo, pero no podía creer que me haya incentivado a tener esos episodios adrede. Más adelante se me ocurrió la teoría de que a él le convenía que yo también fuera violenta para agarrarse de eso y minimizar sus violencias. Hoy mantengo esa teoría.

Al ver que no podía reprimir esos ataques (algunos seguían siendo sólo llanto sarpado, pero la mayoría llegaban a ser violentos) y no quería seguir golpeándome delante suyo porque sabía que estaba exponiéndolo a él a situaciones muy violentas, cuando tenía uno comencé a salir a correr. La zona no era muy segura, pero en esos momentos no me importaba ni eso, ni el frío, ni que fuera de noche, yo necesitaba escapar de mi realidad y salía corriendo, como quien corre por su vida, y me golpeaba con cosas que encontraba tiradas, ramas, chocaba los brazos contra paredes rasposas, me acostaba en la calle y sentía todo el cuerpo, era una sensación muy primitiva en la cual me sentía absolutamente viva, consciente de cada partecita de mi cuerpo y libre de todo hogar o posesión material. Era muy interesante y raro, porque estaba llorando angustiadísima pero a la vez sentía mucha libertad y simplicidad al estar sola y lejos suyo. Él se enojaba mucho conmigo porque realmente era tarde y le preocupaba que me haya pasado algo (claro que esta preocupación no le surgía cuando a los mismos horarios me pedía que vaya a dar una vuelta y pedirle un pucho a alguien que me cruzara).

Todo esto que relaté desde que nos mudamos a Buenos Aires, fue la vida cotidiana de los años 2013 y 2014. Agrego algunas cosas que pasaron en el medio.

Para mediados del 2013, yo no sabía qué estudiar así que conseguimos un laburo en el que teníamos que hacer viajes de una o dos semanas por el país. Arriba del micro, se enojaba si me ponía a escuchar música porque “no le hacía el aguante”, pero me forzaba a prestarle mis auriculares para escuchar música él. Nunca entendí por qué él tenía derecho a hacerlo y yo no.

En una ocasión tuvimos que compartir cuarto con unas pibas pakis que una noche iban a salir y nos pidieron opinión sobre qué ponerse. Yo me sentí bien porque me había pasado de que pibas se sintieran incómodas de cambiarse delante mío por ser torta y me alegró poder volver a tener esa confianza entre pibas, pero él se enojó porque dijo que yo las estaba “mirando” y me hizo quilombo. También pegué muy buena onda con un compa de laburo muy marika y se enojó porque dijo que nos teníamos ganas (cabe recordar que mi compañero era muy cisputo y yo muy cistorta). O sea que ahora ya no sólo me hacía problema por pibas tortas sino también por pibas pakis y pibes cisputos.

Aclaro que yo también era una persona celosa, pero siempre que le hablé de cosas que me ponían celosa fue desde un lugar de “te comparto lo que me pasa porque sos mi pareja, para que lo charlemos o me contengas o aconsejes”. Jamás le prohibí ver a nadie, de hecho se hablaba con todo el amor con una piba de San Martín que había inventado por el pueblo mentiras sobre mí (y él lo sabía) y ni siquiera en esa situación le pedí que deje de hablar con ella.

Estando de viaje nuestra relación era como todo lo que describí anteriormente, con el agravante de que es aún más difícil de llevar estando en provincias desconocidas y teniendo que caretear con gente del laburo. En un momento tuve un ataque re sarpado en un hotel de Jujuy, desencadenado por maltrato suyo, en el que me arañé la cara y me quedó toda marcada. A la mañana siguiente trabajábamos y a mí las marcas no se me habían ido. Le pedí base a una compañera y zafé, pero después de trabajar un rato la base se me corrió y se notaron las marcas, yo me morí de vergüenza y él se enojó conmigo porque “la gente iba a pensar que me había lastimado él”.

A fines del 2013 dejé el trabajo porque elegí una carrera y también porque estaba muy mal mentalmente. En enero me fui dos semanas a San Martín a ver a mi familia y amigxs. Quería ir más tiempo, pero él no podía ir y yo “tenía que hacerle el aguante”. En ese viaje jugando a “verdad o consecuencia” una piba se me sentó encima  y yo le di un beso en el cachete. Me sentí re culpable y se lo conté. Me trató más o menos como si lo hubiese engañado con 10 minas durante meses y lo usó como argumento para seguir ganando discusiones.

También conocí a una piba que me cayó re bien y cuando volví a Buenos Aires, seguimos hablando por facebook. Hablábamos en plan amistad, pero él me dijo “vos no te das cuenta que te está tirando onda porque no entendés el chamuyo de las tortas” y me obligó a escribirle cosas que él me dictó con las que yo no estaba de acuerdo (algo de que yo tenía novia y que le estaba faltando el respeto a nuestra relación).

También me criticó con cara de asco una foto que me saqué allá con la camisa de una amiga y puse de perfil, porque dijo que parecía un chabón y que “no me quedaba bien hacerme el chonguito”.

Empecé la facultad. Él siguió en ese trabajo, que era parte en Capital y cada tanto había un viaje de entre dos días y dos semanas. La residencia donde vivíamos de repente cerró, nos tuvimos que mudar a una pensión horrible por tres meses y de ahí nos fuimos a un departamento en Lanús. Yo no quería irme a un depto con él porque era como demasiado compromiso y me daba miedo, pero vivir en la pensión era tan feo que terminamos decidiendo eso. Contrato a nombre de ambxs, gastos a medias, fantasía de que al vivir en un departamento nuestros problemas se solucionaran y fuésemos felices por siempre (?).

Pero residencia, pensión o departamento, nuestra relación iba a ser una mierda igual. Todo siguió exactamente como lo que ya conté, aunque empeorando gradualmente.

Él fumaba en el departamento aunque yo era re anti-tabaco y le había pedido mil veces que no fume adentro, pero se enojaba y me decía “¡no puedo fumar tranquilo en mi propia casa!” y yo le decía “¡y yo no puedo respirar aire en mi propia casa!”, pero no me daba bola.

Una vez se re enojó y me hizo un escándalo porque le pregunté si podía invitar a estudiar y dormir (teníamos una habitación para nosotrxs y un colchón en el living para invitadxs) a un compañero de la facu que vivía lejos entonces si venía a estudiar se tenía que quedar, pero él pensaba que si lo invitaba a dormir era porque seguramente  me lo quería mover.

Una vez un profe nos pidió a un par que nos quedáramos después de clase a pintar unos paneles para una muestra y él se enojó primero porque quiso venir a pintar y le dije que la facultad era mi espacio y que me sentía invadida si él iba, y segundo porque “no era obligatorio y elegí quedarme a ayudar” en vez de ir a comer con él (las siguientes veces que nos pidieron que nos quedemos a ayudar, re quería, pero dije que no podía y fui a casa para almorzar con él y evitar problemas).

Las discusiones siguieron y los ataques también, aunque con el tema de que yo iba a la facultad y empezaba a relacionarme con otra gente, y él seguía viajando con el laburo, teníamos ciertos descansos entonces algo había mejorado nuestro trato.

Pero seguían pasando cosas, al punto que una vez me siguió por el living apretándose un cuchillo contra la muñeca y gritándome que se iba a matar. Mi ataque de esa noche no fue violento, sino que fue un ataque de llanto y desesperación sarpados, no pude calmarlo a él entonces me senté como pude en una silla agarrándome la cabeza sin poder creer lo que estaba viviendo, sin poder parar de llorar, aterrada. Recién ahí bajó el cuchillo y vino a querer abrazarme y consolarme. Creo que fue la misma noche que me pegó una cachetada, aunque no estoy segurx. Esa cachetada fue el único golpe que hubo en toda la relación. Él dice que yo le pegué, pero ese “golpe” del que habla fue de una vez que yo quería irme y él me estaba reteniendo agarrándome de los brazos, entonces forcejeé para soltarme y le pasé a pegar sin querer.

Un día le dije que estaba sintiendo ganas de estar con otra gente pero que no quería dejar de estar con él y que capaz podíamos pensar en abrir la relación. Se re calentó, estuvo un rato gritándome de todo hasta que se calmó, me abrazó y me dijo que lo dejara demostrarme que no necesitaba estar con nadie más. Accedí.

Así fue como seguimos juntxs hasta un buen día de diciembre del 2014 en el cual me armó un quilombo por una pelotudez tan insignificante que me hizo un click en la cabeza y me di cuenta de que si peleábamos por esa boludez, no teníamos solución. Le corté. Me fui a pasar unos días a lo de mi abuela. Iba a irme a San Martín por dos meses, así que decidimos pasar los últimos días juntxs. Arreglamos seguir pagando a medias los dos meses que yo estuviera en San Martín, a él le servía porque así pagaba menos y a mí me servía tener mis cosas ahí hasta volver y resolver quién se quedaba el depto y qué hacíamos. Me fui a San Martín (soltera) y todo quedó en buenos términos.

Pero en San Martín me chapé a alguien, y como seguíamos hablando por teléfono, se lo conté. De hecho, yo en realidad no quería chapar con esta persona y me sentí presionada a hacerlo y la pasé mal, pero nada de esto le importó. Me insultó como nadie me insultó en mi vida y me dijo que yo estaba muerta para él.

Los días/semanas que siguieron, me dio mil vueltas con el departamento. Primero dijo que él no se iba a ir y me pareció injusto porque nos habíamos mudado a Lanús porque a mí me quedaba bien para ir a la facu, de su laburo era lejos, pero tenía miedo de que me hiciera alguna forreada, así que le dije que ok, que se lo quede. Después me amenazó con irse inmediatamente del departamento “crecé, madurá y fijate cómo te las arreglás para pagarlo”. Fue alternando con que se lo quedaba o se iba (yo comunicándole todo a mis viejxs porque ellxs me bancaban y como que les rendía cuentas a ellxs, hasta que mi vieja se cansó y me dijo que le diga que la corte o que ella iba a hablar con él). También me amenazó con sacar todas mis cosas a la calle. Cuando le dije lo de mi vieja se calmó un toque y quedamos con el arreglo que teníamos al principio.

 

Cuando me mandó a la mierda por haberme chapado a esta persona, diez días lo extrañé y lloré. Al día 11 me di cuenta de que era libre, que mi tiempo era mío y que podía hacer lo que quisiera y juntarme con quien quisiera, o estar sola, y dejé de llorar y de extrañar. Pasaba de la bronca a la indiferencia cuando pensaba en él, pero más que nada estaba muy eufórica de sentirme libre después de tres años.

Empecé a expresarme de nuevo, de a poquito, a animarme a decir lo que sentía, lo que pensaba, muy de a poco, y la gente con la que compartí ese verano me recibió y acompañó con mucho amor. Fueron mis primeros meses de empoderamiento, empezando el 2015 con todo.

Hablamos por teléfono un par de veces durante ese verano. Yo no quería, pero se había calmado y me hablaba bien, y yo se la careteaba para mantener el buen trato y que no volviera a amenazarme con cosas del depto. Me embolaba mucho hablar con él porque se hacía el agrandado diciéndome que estaba re bien y contándome cosas que no me interesaban, pero por miedo a que se mandara alguna, me la banqué.

Me fui al Festivxl por la Diversidad al Bolsón y me seguí comiendo sus llamadas. En un momento me contó que estaba saliendo con un chabón y me agarró terrible felicidad porque pensé que eso significaba que no iba a intentar volver conmigo. Yo también estaba conociendo a una piba, con la que compartimos abrazos y besos durante algunos días y luego quedamos como amigas. Esta piba tenía la mandíbula un poco adelantada (esto cobra sentido más adelante).

Cuando volví a Buenos Aires, arreglamos para que yo fuera a su casa en momentos que él no estaba para empezar a poner mis cosas en cajas. Un día él llego antes de que yo me fuera y atiné a irme pero me dijo de tomar unos mates. Accedí sin muchas ganas, pero quería mantener el ambiente falsamente ameno hasta que sacara todas mis cosas. Fuimos al súper a comprar algo para acompañar el mate y él actuaba de forma superada, haciéndose el banana pagando lo del súper, examinando una caja de forros de manera exagerada, tipo para que yo lo note, etc.

No sé cómo nos empezamos a ver seguido y me enganché de nuevo. Me encariñé de cero, él estaba más tranquilo y sentí como si fuese una persona y una relación nueva.

Me mudé a un monoambiente en Banfield y empezó a venir seguido a casa. Una vez estábamos mirando una peli o algo y se puso a bardear y criticar a un personaje que tenía la mandíbula adelantada. Estuvo un tiempo sospechosamente largo expresando su asco por ello, yo sabía que seguramente había stalkeado a la piba que yo había conocido en el verano y que estaba bardeándola indirectamente a ella. Me dio mucha bronca que bardee por algo físico, pero me quedé callada. Otro día me preguntó si yo había garchado con la piba esta y le dije que no. Primero no me creyó y después me preguntó por qué no garchamos; le dije que porque ella no quiso, y se enojó.

Al tiempito me dijo que estaba dudando de su género, que no se sentía hombre ni mujer y le acompañé el proceso. Creo que por acompañar esto me banqué cosas que no me tendría que haber bancado, porque quería ser comprensiva con el momento importante y difícil que él estaba atravesando.

Esta “nueva relación abierta” duró poco porque me di cuenta de que hacía cosas para darme celos y lastimarme a propósito, seguía invalidándome todo el tiempo, era pasivo-agresivo y manipulador como siempre, y ahora encima se la pasaba en mi casa comiendo mi comida y usando mi wifi porque él estaba mal de plata. Le dije que no quería estar más con él porque nunca podía decirle lo que sentía y pensaba y no quería una relación así, se ofendió, me dijo que “me parece cualquiera la pasada de factura” y cortamos definitivamente.

Al tiempo, me escribió diciendo que había renunciado y se iba a ir de viaje por el mundo y que no quería irse y que quede todo mal conmigo. Nos juntamos en una plaza y me reconoció muchísimas cosas, me pidió perdón por todo lo que me había hecho, incluso me devolvió la plata que hacía tanto le había prestado.

Para ese momento, ya nadie era cis. Me dijo que en algún momento le gustaría presentarme a Juan Manuel, “es un pibe copado y tranquilo”, y que le gustaría conocer a Felipe. Le dije que Felipe era la misma persona, que sólo había cambiado el género. Me dio la impresión estaba usando su cambio de género para lavarse las manos de todo lo que había hecho y me pareció bastante ofensivo para con la comunidad trans ya que me recordó a cuando tus viejxs no aceptan tu cambio de género y te dicen “ay, pero yo TENÍA unA hijA” y es como “no me morí, sólo me cambié el nombre”, pero ignoré eso, hablamos bien, quedamos en buenos términos y se fue de viaje.

Pero antes de viajar por el mundo, quiso pasar por San Martín, porque había hecho buenxs amigxs en el tiempo que vivió allá, y se terminó quedando a vivir en Bariloche y activando por la lucha trans.

Ese verano (2015-2016) me escribió diciéndome que iba a ir a San Martín y que le gustaría que nos juntemos a tomar unos mates. Le dije que por todo lo que habíamos pasado a mí me daba mucho miedo y estrés la idea de estar caminando y cruzármelo. Que capaz podíamos arreglar para tomar unos mates, pero que la idea de cruzarlo de imprevisto me daba mucha intranquilidad. Se mostró sorpresivamente comprensivo y me dijo “no quiero hacerte más mal, ni te vas a enterar de que fui”.

Me quedé re tranqui con eso hasta que un día estaba sola en una plaza sentada en el pasto dibujando, y de atrás alguien se agacha y me habla al oído: “¿pan relleno calentito?”. Era él, que estaba acompañando a un ex-compa mío de la escuela. Me sobresalté y en shock los saludé y se fueron. Al ratito reaccioné y le escribí: “¿no era que no me iba a enterar de que viniste?”. Me contestó ofendido “¿Qué querés que haga? No puedo elegir a quién me cruzo.” Me enojé muchísimo porque no sólo faltó a su palabra, sino que se me acercó creepymente por atrás cuando le dije que le tenía miedo (ESO ES ACOSO) y me la había careteado de comprensivo. Me di cuenta de que toda la charla que habíamos tenido en aquella plaza no valía de nada, que esa persona siempre que pudiera se iba a cagar en mí y que no tenía que creerle nunca más, aunque sonara sincero, aunque jurara y llorara. Aunque cambiara de género, de nombre, de color de pelo, me tenía que meter en la cabeza que siempre iba a ser una persona tóxica.

El resto de ese verano, me lo crucé en el centro de día, en distintos bares de noche, fue insoportable y me sentí súper invadidx y con alta impotencia porque el pueblo no era mío y no tenía derecho de echarlo. Cada vez que salía de mi casa, caminaba estresadx con miedo a cruzármelo.

A fines de noviembre del 2016, fue la marcha del orgullo en Bs. As. y viajó para ir, lo sé porque en un momento lo vi entre la gente festejando re enfiestado y me asusté, agarré a mis amigxs y nos fuimos rápido para otro lado. Al rato, una de mis amigas me dijo que lo había visto que estaba tranqui y que cuando me vio se apuró a hacerse el enfiestado. Esto no tiene mucha importancia, pero denota que es un careta y que hace cosas a propósito cuando está cerca mío.

Ese verano (enero 2017), fui nuevamente al Festivxl por la Diversidad del Bolsón, al que cada año que fui me pareció el espacio más seguro y hermoso del mundo, pero este año estaba él (ya que ahora vivía en Bariloche), y cada vez que me lo cruzaba me daba miedo, ansiedad, asco. No nos saludamos porque había quedado todo mal, pero el chabón siempre aparecía cerca mío. Caminando por una callecita volviendo del picnic en el camping Ni Nada yo iba caminando con unx amigx y escuchaba que un grupo de pibxs caminando atrás nuestro estaba cada vez más y más cerca; no le di importancia y justo un auto se ofreció a llevarme a mí y a mi amigx y cuando me subo y cierro la puerta, me pasa por al lado y veo que era él, me re asusté. Bailando en el recital de la carpa, yo me fijaba de estar lejos y él se ponía a bailar a un metro atrás mío, como si no me hubiese visto. Marchando en la marcha yo estaba atrás y veía que se acercaba, me iba caminando rápido bien adelante de todo y aparecía ahí también al ratito. Yo siempre intentando estar lo más lejos posible y él acercándose reiteradas veces como si no me viera, como si no fuera obvio que lo está haciendo a propósito y sabiendo que yo le tenía miedo y que me incomodaba su presencia. Esto también es acoso e invasión del espacio personal.

 

Desde que corté con él hasta hoy, cada vez se hace más y más insoportable tener tantxs amigxs y conocidxs en común, y coincidir en espacios con él. Es complicado porque tiene carisma, o simpatía, o algo así, y la gente lo suele querer mucho, suele agradar. Sinceramente no sé si cambió, porque muchas veces prometió hacerlo y después me daba cuenta de que seguía siendo el mismo forro careta acosador, pero aunque haya cambiado, aunque la gente lo quiera, aunque tenga cosas buenas, no me importa: conmigo fue asquerosamente manipulador y cuando lo veo sólo veo un abusador psicológico y emocional de nivel profesional, y nunca lo voy a ver de otra manera.

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¡Exigimos la inmediata liberación de Pilar Díaz! #YaNoNosCallamosMas

Pilar Díaz fue una de las tantas detenidas en la última represión y cacería policial que se desarrolló en el marco de la masiva movilización contra la reforma previsional que fue impulsada por el gobierno impulsada y posteriormente aprobada por ambas cámaras del poder legislativo.

Reforma previsional que implica una política prácticamente eugenésica y un ataque brutal a las mínimas condiciones de subsistencia de lxs jubiladxs, lxs beneficiarixs de planes sociales, AUH y pensiones por discapacidad entre otrxs.

Creemos que su detención forma parte de la escalada represiva y el estado de excepción impuesto por el macrismo y particularmente por la ministra de seguridad Patricia Bullrich.

El Juez Bonadío, conocido por ser el brazo ejecutor en el poder judicial de la persecución orquestada desde el ejecutivo nacional, se apoyó en problemas burocráticos que se generaron a la hora de constatar el domicilio de Díaz, para dictar su traslado al Penal de Ezeiza sin fecha de excarcelación.

Previo a su detención fue amenazada por efectivos policiales para que “se deje de joder” porque “iba a terminar como Santiago Maldonado”  

Durante su detención fue hostigada por la policía debido a sus ideas políticas.

La carátula de la causa (armada) es “intimidación pública”, imputación arbitraria y realizada sin ningún tipo de prueba

La compañera es una destacada referente del movimiento anarco-feminista: “Madres Amazonas” y se dedica a ayudar a madres solteras víctimas de violencia machista, policial e institucional

Salgamos a las calles contra el ajuste y el saqueo macrista, ejecutado con la complicidad de todo el arco político.

Construyamos redes de solidaridad y apoyo mutuo contra las políticas de hambre de los gobiernos títeres del Fondo Monetario Internacional

¡LIBERTAD INMEDIATA PARA PILAR DIAZ Y TODXS LXS PRESXS POLÍTICOS!

 

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Ilustración: Tenshi

 

Segundo Testimonio!Santiago Cajuso Violador! #YaNoNosCallamosMas

1. Inocentes de saber quiénes éramos.

Observaba y me comparaba todo el tiempo, me estigmatizaba mi cuerpo y la falta de experiencia en relaciones sexuales a los 16 años. Siempre me sentí asquerosa pero nunca como después de haber perdido la virginidad con Santiago Cajuso.

Todo empezó en los últimos días de Julio del 2016, empezamos a hablar por mensajes en Facebook, era la primera vez que me interesaba alguien hasta que realmente lo conocí. Era nuevo todo con él, los besos y los juegos, solo le seguía el paso pero no sabía dónde estaba caminando.

La primera vez que salimos fuimos al cine, a ver Suicide squad, todo terminó bastante tarde. Comimos, después él me acompañó a la parada y recuerdo como me temblaban las manos de lo nerviosa que estaba. Nunca había salido con nadie ni dado un beso. Una vez que estábamos en la parada, hablábamos y nos mirábamos hasta que se me acercó y me besó de una. Estuvimos así por un rato hasta que llegó mi colectivo y me fui.

Las charlas por Facebook siguieron un par de días más y volvimos a salir al cine una vez más… hasta que el desinterés empezó. Dejé de gustarle y dejamos de hablar aunque fue solo por un tiempo.

Volvió pero esta vez no fue nada suave, ahí empecé a saber quién era Cajuso.

2. “Chupa pija”.

Así me decía, me denigraba siempre que podía.

“Gorda, calentona, soquete…”

Siempre había algo para rebajarme un poco más.

Hablábamos de vez en cuando, más que nada cuando él estaba caliente y me llamaba por la madrugada. Así fue después de haber perdido la virginidad con él en un viaje escolar.

Estaba bastante mareada e inconsciente cuando empezamos a besarnos en la habitación que estaban todes les del grupe. Fuimos al baño y cuando quería darme cuenta no tenía puesto los pantalones y él empezó a penetrarme sin preservativo. Las embestidas bruscas empezaron y le encantaba pegarme en la nalga siempre que podía.

“Que culo que tenes…”, siempre algún que otro comentario innecesario.

Una vez que acabó… en mi boca, salí del baño y me acosté en una de las camas. Todavía mareada, vi como mi bombacha estaba manchada de sangre. Cuando él salió del baño me preguntó con desprecio si había manchado la cama. Hablamos hasta que se acostó conmigo donde estaba, seguimos hablando y yo no había tomado consciencia de nada de lo que había pasado.

La vuelta a la capital fue la peor parte, con resaca y dolor en todo el cuerpo él me miraba.

Después de eso, volvió a hablarme por Facebook.

3. Cuando duele no es amor.

Más borrosos son los recuerdos.

Siempre que manteníamos relaciones sexuales yo estaba inconsciente.

Esta vez fue en el cumpleaños de una amiga, la famosa noche fiesta de disfraces que terminó como la peor noche del 2016.

Fuimos juntos porque no tenía con quien ir y porque no conocía el lugar. Hablamos bastante. Una vez que llegamos a la casa, entre música y personas casi ni nos hablamos. Empecé a beber hasta llegar al punto de no poder moverme bien, ahí fue cuando él empezó a acercarse y tirar comentarios innecesarios.

Al final terminé abajo, en una habitación con él, yo acostada y el tirándose sobre mí. Me susurraba al oído “Mira cómo te ponés”. Él seguía manoseándome mientras yo estaba cansada y ebria, aunque siempre prestando atención a que no entrara nadie a la habitación.

Terminamos en el baño, otra vez el baño.

Recordé tener un preservativo en mi bolsillo y le dije que lo usara si iba a hacerlo. No estaba lo suficientemente estable de todas formas.

Me puso de espaldas contra la pared y mis pantalones estaban bajos, nunca voy a olvidar como me penetró y el dolor impregnado que empecé a sentir en el vientre. Fue brusco, me calló cuando pegué un gemido de dolor. Seguía callándome y diciéndome que no haga ruido.

Tanto el dolor que sentí como un líquido caliente comenzaba a esparcirse por debajo, era sangre y mucha.

Él se sacó el preservativo lleno de sangre y exclamó:

“¿Te vino boluda?”

Estaba confundida y adolorida, solo quería que pare el dolor. Y así todavía seguía sin darme cuenta lo que estaba pasando otra vez. Lo miré arrepentida y culpable… cuando el culpable era él. Solo se limitó a contestarme:

“Manchaste mi pantalón favorito”.

Me había lastimado tanto que terminó en una infección que tuve que tratar con el médico.

Cuando se lo comenté solo dijo:

“Mal ahí”.

Esto pasó en la madrugada del 26 de noviembre del 2016. Las escenas se siguen repitiendo en mi cabeza, la impotencia me come de vez en cuando.

4. “Querida”.

Siempre me llamaba así, es una palabra que siempre la identifico a él.

Habíamos dejado de hablar por mensajes en Facebook pero lamentablemente me lo seguía cruzando. Intercambiamos un par de palabras en las que se reía de mí y seguía rebajándome, siempre en un actitud de wacho poronga que me daba asco.

Entonces, otra noche que terminó en pesadilla, en el cumpleaños de un amigo.

Fui al baño otra vez inconsciente y él estaba en la puerta antes que yo. Me dejó pasar y cuando salí dejo pasar a otra persona. Quedando los dos solos en el pasillo, otra vez los besos y manoseos. 

Él siempre quería más. Recuerdo como esa noche me mandaba mensajes desesperados para que nos encontremos, al final fui, todavía inocente de lo que él estaba haciendo.

Terminó acabando en mi boca y se esfumó, no pare de llorar y seguir sintiéndome usada.

No quería que terminara así otra vez.

5. El peor año nuevo.

Y así, empezando el 2017 con un ataque de pánico en la casa de una amiga, éramos un grupe de amigues y entre elles estaba él. Charlas y mas charlas entre todes, hasta que recordé que había un teclado en la casa de mi amiga. Cuando lo encontré y me iba a poner a tocarlo me lo arrebato él. Se lo llevó a la habitación y se encerró ahí. Estaba enojada, quería tocar el teclado y él seguía provocando la situación. Entonces ya que los dos queríamos tocar el teclado pusimos tiempos. Cosas que él no respetó y al final, tuve que ir a la habitación.

Besos y demás, bruto y agresivo siempre, comentarios innecesarios, terminé contra la puerta de la habitación.

Él apretándome contra la puerta y metiéndome sus dedos de forma agresiva. Recuerdo que acabó en mi cuello y en la remera. Se me salían las lágrimas, así sin más, se fue dejándome el teclado de una vez.

El vacío que empecé a sentir, el dolor en el pecho y en las yemas, comencé a tocar el teclado tratando de calmarme, respirando y aguantando. Siempre manipulada por él, siempre el mal trato. Recuerdo estar sentada en la ventana y no dejar de pensar en tirarme, no dejar de odiarme por lo que había pasado, mire mi short: entre las piernas había sangre.

Santiago Cajuso me abusó reiteradas veces, me manipuló y extorsionó hasta el final.

Me destrozó de forma física y mental.

Jamás me preguntó nada y hasta el día de hoy tengo pesadillas en las que los recuerdos vuelven y sigue susurrándome.

#YaNoNosCallamosMas

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Gato Fernández

Alejo Chornobroff Actual Jefe de Gabinete, Secretario de Juventud de Avellaneda Misógino denunciado por acoso sexual y hostigamiento. #YaNoNosCallamosMas

Este es Alejo Chornobroff, Actual Jefe de Gabinete, Secretario de Juventud de Avellaneda y pre candidato a Concejal denunciado por acoso sexual y hostigamiento.

En el año 2014 comienzo a realizar tareas comunitarias en mi barrio, en búsqueda de la igualdad social. Es allí donde conocí a esta persona, ya que el era encargado municipal en Villa Tranquila, un barrio sesgado por la vulnerabilidad social, económica y cultural. En ese entorno comienza mi infierno y la de mi familia, que paso a relatar:

Ya en los comienzos de mis tareas barriales, soy advertida por los punteros de las costumbres de Alejo con las chicas de los barrios carenciados. “Mirá que Alejo se conoce la casa de todas las chicas de acá”. “Alejo les hace favores a las pibas a cambio de amor, jaja”, algo que escuché en varias oportunidades, pero siempre creí que exageraban.

Tuve que ser yo quien padezca en carne propia lo que otros contaban.

Comienzo haciendo una recolección de firmas para llevar a cabo el mejoramiento de la iluminación y el asfalto (era de adoquines, mientras pagamos los impuestos como cualquier ciudadano). Luego de un tiempo en el que contacto con la gente que trabaja en Villa Tranquila, se realizan dichas obras. A partir de ahí soy invitada a participar de las reuniones barriales (reuniones cerradas, en las que ellos deciden quien participa y a quien se le entregan los insumos correspondientes bajo un criterio nulo: amiguismo, etc.). Este chico Alejo designa las tareas barriales, es en ese caso que me aloja en un comedor para comenzar a dar apoyo escolar a los más chicos. Ya en ese momento comienzan las insinuaciones sexuales y amorosas a las cuales me niego. “Sos un nene, dejame trabajar”. “Tengo marido, dos hijos. No quiero nada con vos”.

La respuesta de él siempre fue :

“No me importa nada”.

“Que fuerte que estás”.

En ese momento yo tenía 35 años y el 23. Me llamaba para charlar sobre las nuevas directivas en torno al trabajo y luego cuando tenía que retirarme no me dejaba ir, me abrazaba, se me tiraba encima. Terminaba excitado, sí, señoras y señores, eso que están imaginando. Dejé de ir a su despacho. Cuando le comuniqué que no quería acercarme, luego de un mes llamando para terminar de concretar una sede de Fines que yo estaba armando, me amenazó con la policía. Tenía que hacer lo que él decía:

“¿Quién te pensas que sos? “. “Tenés que hacer lo que te digo”. Me dijo.

No finalizó en ese momento, recién comenzaba mi tormento. 

Luego de dos años de trabajo ad honorem, es decir gratuito (en los que brindamos apoyo escolar, alfabetización a personas mayores, entrega de insumos, talleres, cine, jornadas barriales y diferentes eventos) tengo que mudarme de mi hogar. Ya que un grupo de vecinos trabajadores municipales vinieron a agredir, insultar y golpear a mí familia y a mí. Le rompieron el auto a mi marido. Todo esto a causa de la nula representatividad en el ámbito de mejoras, contención, desarrollo cultural, social y económico en el barrio.
Es decir el abandono total en que se encuentran, la antagónica vivencia en el que se ven sumergidos día tras día. En la que los oídos se vuelven sordos, los ojos ciegos y los bolsillos cada vez mas codiciosos de poder.
Mi marido acude a Alejo para solicitar intermediación ante este pavoroso acontecimiento. Alejo se niega, aludiendo que yo lo insultaba.

Lo insultaba porque me impedía el trabajo, porque se negaba a brindar ayuda a los más necesitados, cuando esa era y es su labor. Pero sí se abocaba a demostraciones afectuosas a mi persona y a chicas menores de edad, demostraciones que atestigüé. 

Es en ese momento cuando decidimos mudarnos del barrio por un tiempo, cansados de los malos tratos.
Transcurrió un tiempo y entonces, aquellos que abandonamos nuestras costumbres y nuestros lazos fraternos quisimos regresar a nuestro hogar. Nos convocan a participar de jornadas (como anteriormente lo veníamos haciendo y que tan bien nos hacía) y acudimos. Es allí que me encuentro con la noticia de que la nueva encargada barrial municipal pasaba a ser yo…. Pero, con la disyuntiva de que debía realizar un trabajo en equipo con Alejo, tarea no menor dado lo anteriormente acontecido.
Es entonces que me apresto a comunicarme con esta persona (Alejo). Lo único que consigo es que comience a perseguirme y a acosarme de forma continua y permanente. 

¿Cómo? Así como lo describo, juro que no exagero ni en una coma.

Primero me envía solicitud un compañero de militancia de él y alumno de la facultad donde estudio (a él hacía bastante tiempo que no lo tenía mas entre mis contactos). Es así que se pasan fotografías mías con intenciones pocos decorosas. Me percato y le hablo por mesenger, advirtiendo que si seguía con la práctica lo publicaba en el facebook. No obtuve respuesta y me bloqueó. Luego comienza a investigar mi vida privada: cuál es el título que tengo, quienes fueron mis novios, cuantos embarazos tuve, que notas tengo en la facultad… Prosigue un proceso persecutorio y de hostigamiento al mejor estilo dictadura de los años 70. Pierdo mi derecho a la libertad, al libre tránsito, me veo amenazada para no hablar de lo que sobreviene.

Me persigue hasta mi nuevo hogar alojado en Longchamps, comienza a preguntar mis gustos, mis tareas diarias. Me espía y envía a terceros a realizarlo. Conoce a mí depiladora, pregunta las marcas que tengo en el cuerpo, que ropa uso, donde la compro, cuantos dientes tengo, que como, cuanto dinero tengo, que libros leo… Investiga a mis hijos, a mi marido, a mi familia entera.
Les juro que hemos tratado de parar a este “ser humano”, de buenas maneras y de malas también, no se pudo.

Casi me hacen un informe a mí por insultarlo, sus compañeras en un acto total de frivolidad, como ya los caracteriza. En todo momento se las ingenian para posicionarlo a él como la pobre víctima. Con burdas actitudes, en los que justifican el maltrato a rasgos impensados: que lo insulto, que le envío mensajes, que lo maltrato… Cuanta peculiaridad se le venga a la mente es utilizada como artimaña para desviar la atención del daño psicológico, psíquico y emocional al que era sometida.

Jamás tuve un solo llamado, una señal de ayuda de esta gente, todo lo contrario.

Termina este enfermo, hijo de puta, cobarde o la denominación que usted quiera darle, pinchándome el teléfono, monitoreando mis movimientos por las cámaras de seguridad, con la policía local, hablando con mis vecinos, maltratándome por no querer tener una relación con él, por negarme de forma continua.

Me persigue hasta mis vacaciones: Córdoba y San Bernardo.

Habiendo realizado ya la denuncia, escraché en los medios de comunicación y acudido a hablar con todos nuestros conocidos para que lo contengan y pare…

No paró, me orilló a la locura.

En el medio de las tres denuncias por abuso y amenazas el Intendente de la ciudad bonaerense de Avellaneda Jorge Ferraresi, lo posiciona como Jefe de gabinete y como si esto no fuera poco agravio, lo postula como Candidato a Concejal por la lista de Unidad Ciudadana. Queda mas que claro la impunidad con que se manejan, perpetrando una y mil veces la Constitucion Nacional.
Las causas tienen su curso en las UFI N 9 del juzgado de Avellaneda y la UFI N 6 de juzgado de Lomas de Zamora. Cabe destacar el grotesco manejo con que se dirijen los letrados en la causa, primero en Lomas de Zamora la causa se sortea para el juzgado de familia, siendo que no son familiares, luego, en Avellaneda y teniendo ya tres denuncias, otorgan una orden perimetral en contra de la victima.. Algo fuera de la legalidad.

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Patricio Ivanovich VIOLENTO MISÓGINO #YaNoNosCallamosMas

Estuve algunos días, más de un mes en realidad, pensando en si debía hacer esto público o no, por diferentes cuestiones que no tiene que ver con este desagradable personaje.

Finalmente decidí escracharlo con nombre y apellido, además de haberlo denunciado en la comisaria de la mujer, porque gente así no merece andar por la calle, en el laburo, o en recitales, tocando en una banda y siendo invitado a participar en tantas otras más, sin que se sepa que ante un conflicto que no le cabía no titubeó en amenazarme de muerte a mí y a mi familia. 

Así que este tipo, PATRICIO IVANOVICH, que trabaja en el Astillero, vive en Ensenada pero es de Berisso, y toca en una banda de reggae que se llama Hombre Árbol en realidad es un Machito, pistolero en este caso, que cual milico de los 70´s me amenaza con darme un tiro y después al río. 

Otro de estos violentos encubiertos en una banda de reggae. Parece que está de moda seguir este género musical pero no respetar sus principios, parece que está de moda que pasen desapercibidos durante un tiempo, hasta que al fin una chispa cualquiera les enciende el espíritu misógino que tienen escondido, aunque socialmente levanten otra bandera.

¡A TODOS LES VAMOS A SACAR LA CARETA, A TODOS! 

¡BASTA DE MACHITOS VIOLENTOS! 

Gracias por el apoyo, el espacio y las posibilidades que brindan las personas que manejan la página, a las mujeres que dentro de esta sociedad machista son vulneradas, pero cada vez más acompañadas, ¡VAMOS LAS PIBAS!

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Ariell Luján y Nvard Nazaryan en Radio la Retaguardia Aclarando ante la intimación de Diego Boris actual presidente de la INAMU. #YaNoNosCallamosMas

¡Muchas gracias a La Retaguardia, Fernando Tebele, Eugenia y Natacha por el espacio, la contención y el compromiso!


Ariell Carolina Luján vuelve a Radio la Retaguardia a aclarar algunas cosas luego del intento de intimidación y solicitud de retractación por carta documento por parte de Diego Boris a raíz de la entrevista anterior. 

En dicha carta documento el señor Boris acusa a Ariell de haberlo calumniado, injuriado y dado testimonio falso. Vale aclarar que las declaraciones judiciales en un proceso no son calumnias ni injurias. Nvard Nazaryan pone en contexto en esta entrevista el marco teórico sobre el cual se delimita el término “injuria” y “calumnia” para las acusaciones de Boris. Por otro lado, en la carta documento, el señor Boris nunca desconoce el hecho, solo solicita que se le quiten las “etiquetas”.

¿”Retractarse”? Retractarse es decir que Ariell Carolina Luján está mintiendo, por ello lejos de esto subimos la noticia (tal como lo pidió en su intimación) para ACLARAR y seguir dando herramientas al colectivo en lucha ante estas violencias.

Pedido que se entiende al comienzo de la entrevista cuando Ariell hace un racconto de la manera en la cual la UMI manejó la situación de Cristian Aldana, contándose entre ellas esto: “ellos dijeron a periodistas que el problema de Aldana era un problema de cama con una ex”. Cuando nunca fue un problema solo de Cristian Aldana y Ariell Luján. Sino que el violento tiene todo un sistema que le permitió y permite actuar de esta manera. 

En esta entrevista Ariell profundiza un poco más sobre los hechos expuestos en su declaración judicial, la participación de Diego Boris y la gravedad de los hechos realizados por Cristian Aldana, la coautoría por omisión y la complicidad de su entorno para encubrirlo. Además de los medios intimidatorios del violento y su entorno para desmotivar a las víctimas a realizar denuncias y hablar.

Porque siempre el objetivo es que las sobrevivientes se callen la boca (como también lo intentaron hacer en el caso Tenembaum y otros tantos).

Es importante que la UMI e INAMU limpien sus espacios, se proclamen públicamente, pidan disculpas y dejen de encubrir ya que es un espacio que representa a un sector de la sociedad , lxs musicxs independientes.

Escuchá la entrevista completa aquí:

 

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