Matías Javier Rodríguez Pennacchi alias “Morti” abusador de menores! #YaNoNosCallamosMas

Soy de Necochea. Quería escrachar públicamente a Matías Javier Rodríguez Pennacchi alias “Morti”.

Abusó de una niña de 5 años (hoy tiene 14) en su momento se hizo la denuncia penal porque ella decía que “mi papá me pone el pito en la boca”. “Me toca la vagina“.

La causa se archiva por falta de prueba y porque las psicólogas que la atendían rechazaron la cámara Gesell por el bienestar de ella.

El año pasado fue denunciado por lo mismo: abusó de un nene de 7 años y además lo vieron mirando pornografía infantil varias veces además de confesar que se sentía atraído por menores.

La cuestión es que hoy me entero que él está ayudando en una escuelita de verano de un barrio muy vulnerable y dije basta hay que hacerlo saber de alguna manera.

Si no hay justicia hay escrache.

Las feministas de mi ciudad ya lo escracharon y salió gente a defenderlo como todo hijo de este patriarcado.

Quería hacerlo más masivo el escrache ya que el vivió en la plata y en Bahía blanca y ahora está acá en Necochea.

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Ilustración: Tenshi

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Thomas Vollmer golpeador y violador #YaNoNosCallamosMas

Hola, solo quería compartir mi experiencia con mi ex pareja, Thomas Vollmer de 19 años. Porque tengo miedo de que otra chica sufra las manipulaciones y abusos que sufrí yo todo un año completo.

Mi testimonio es corto pero voy a tratar de incluir todo.

Al primer mes de relación empezó el maltrato psicólogico, al tener algunos problemas en casa, recurría a él para que me acompañe y nunca obtenía una respuesta que me haga bien en algo: me ignoraba, apagaba el celular en el mejor de los casos, o sino siempre eran minimizaciones o insultos.

Ignorando eso, al quinto mes de noviazgo, a raíz de un vídeo que subí a mi storie de Instagram, bailando reggaeton, en una discusión sostuvo que yo era una “puta de mierda” y que “hacía todo para molestarlo”. Yo, ignorando una vez más los insultos, decidí acompañarlo a su casa donde tuvimos relaciones a la mañana siguiente. Cuando estaba boca abajo, me agarró fuertemente de los brazos (a pesar de ser más chico que yo en edad, tiene una contextura física muy diferente a la mía y bastante fuerza) diciéndome “¿te gusta mostrar el culo?” Y empezó a pegarme, porque según él, a mí eso “me gustaba y me calentaba”, me pegó una piña en las costillas y una en el brazo, quedando toda llena de moretones en distintas partes de mi cuerpo y sus dedos marcados en toda la zona del brazo (tengo fotos de los golpes).

Luego de eso nos separamos un mes y medio.

Yo no me sentía muy segura, aún así volvió explicándome que lo que pasó era simplemente “un juego sexual” y que jamás tuvo intención de lastimarme, que me amaba y no sería capaz de hacerme algo así. Se rió de mi planteo ridículo sobre maltrato, y yo volví con él de todas formas.

La indiferencia se volvió más notable, las peleas fueron en aumento, esta vez de parte de los dos. Existía un fuerte intercambio de insultos y gritos muy seguido, dado que él jamás estaba para mí y me repetía todos los días que yo estaba equivocada y la culpa de todos nuestros problemas la tenía yo. Escapaba a tal punto que me dejó plantada con dinero ahorrado para unas vacaciones planeadas y dijo que “tenía que aceptar y entender que yo NO era prioridad, ni iba a serlo”. Se desligaba de mí y yo no tenía el derecho a poder hacer mi vida sin él porque me amenazaba diciendo que “me iba a arrepentir cuando esté con otro” que “no iba a ser feliz con nadie”, etc. Me perseguía y me llamaba constantemente a cualquier hora y en muchas ocasiones llorando al teléfono o rogándome. Porque él sabía lo mucho que lo amaba y que a pesar de todo yo no podía darle vuelta la cara.

Me creí mucho tiempo que las relaciones eran así, que simplemente no podías contar con la otra persona para nada, que yo y lo que me pasaba no era importante, que valía más un partido de fútbol que un pedido de ayuda. Creí que era normal, hasta que un día me llevó al cuarto de mi madre en medio de una crisis de llanto que tenía yo a raíz de una discusión más que tuvimos ese día, me seco las lágrimas, me besó y me dijo que no me preocupe, que todo iba a estar bien, que me amaba, etc. Que fuéramos a acostarnos un rato a relajar. Accedí, y me acosté. Teniendo relaciones una vez más, me penetró analmente sin ni siquiera preguntarme si quería, ya que había estado llorando y habíamos estado discutiendo fuerte hacía menos de 10 minutos atrás. Yo lloraba y le decía que me dolía, a lo que él me respondía en un tono de burla “ay, ¿¿¿te duele???” Empecé a llorar de dolor, él se levantó muy enojado y comenzó a decirme que “era una enferma, que no podía disfrutar nada conmigo, ni siquiera coger un rato en paz y cagarnos de risa”. Acto seguido de eso se fue de mi casa, dejándome tirada, llorando en el piso (como si yo fuera menos que un pedazo de mierda, no le importó).

Dos días después me bloqueó de todos lados y desapareció.

Argumentó que “ya no se sentía cómodo” y se borró de todos lados. Me olvidé mencionar que a pesar de que él sabía que yo no podía tomar pastillas anticonceptivas ni pastillas como la del día después ya que me provocan un enorme malestar y pequeños quistes en la zona de los pechos, solía acabarme adentro o insistirme muchas veces ante mi negativa.

A él no le interesaba mi salud, sino pasarla bien.

Para terminar quiero decir que escribir todo esto me costó mucho, ya que él a pesar de lo que fue conmigo, es muy querido, buen amigo e hijo. Siempre fui yo la “loca” que quedó mal parada por lo que él contaba, siempre fue mi palabra contra la de él y la gente que lo defiende a muerte.

Nunca tuve la oportunidad de decir la verdad.

Mi intención no es ninguna más que advertirle a las demás que vengan después de mí para que nadie tenga que sentir ni pasar por lo que yo pasé gracias a él. Sin haber mencionado antes los repetidos engaños e infidelidades. Dejándome mal parada con chicas que yo ni siquiera conocía, inventando cosas acerca de mí.

Me maltrató, me golpeó, me abusó y ensució ni nombre sin motivos.

Su excusa ante el maltrato era que “él no podía hacer feliz a nadie”, por eso yo me merecía todo lo que pasaba, porque él era incapaz de hacerme feliz pero también era incapaz de dejarme en paz y no amenazarme si yo simplemente seguia con mi vida.

Yo le creí todo y me costó mucho darme cuenta de que las situaciones que vivía al lado de él no eran normales y estaban llenas de maltrato, y me arrepiento muchísimo de haber dejado que esto llegue tan lejos.

Cuídense todas y por favor no se callen si viven estas situaciones, ¡hablen!

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Ilustración: Tenshi

 

Mauricio Yute, Baterista de Dedicación ABUSADOR #YaNoNosCallamosMas

MAURICIO YUTE POBRE
BATERISTA DE DEDICACION, PARA TODOS TODO Y SENTENCIERO ABUSADOR!

Les quiero contar algo que me pasó hace unos años cuando yo tenía 14 años: fui abusada por Mauricio Yute.

Él era mas grande que yo, mayor de edad y yo iba a verlo a sus recis, me gustaba mucho pero en esa época él tenía novia y ya era papá, aunque eso no le impedía que nos viéramos.
Nos veíamos seguido, a escondidas de todos.
Un día vino a casa y nos estábamos besando, él empezó a tocarme un poco, yo le decía que no, pero él seguía y me pedía que le haga sexo oral, que le bese el pecho… cosas así, yo las hice, pero despues de ese dia empecé a sentirme muy muy mal, ya que él me mentía y mucho.
Él tocaba con un chico que golpeaba a su novia y nadie hacía nada, para esto él se la pasaba mintiéndome a mí, a su novia y a la mamá de su hija.
Pasaron unos años pero ahora me animé a contarlo, más que nada porque últimamente me contaron que él está apoyando a las chicas abusadas y habla mucho de eso cuando su amigo golpeaba a su novia y él abusaba de mí.
Él es una persona muy compradora por eso todos lo quieren.
Reservo mi identidad ya que mi pareja de este momento y yo decidimos abrirnos de todo ese ambiente lleno de mentiras y gente mala.

Me da lástima que muchas chicas sigan apoyando a gente así.

BASTA DE ABUSADORES Y DE GENTE QUE NO MUESTRA SU VERDADERA CARA

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Ilustración: Tenshi

Germán Antoncik ABUSADOR #YaNoNosCallamosMas

Muchxs conocen a este personaje el “gordo” Ger, German Antoncik, Germán Antoncic, German Chinaski.

Escribo esto porque recién hoy cobro coraje. El pasado día del amigo, 20 de junio de 2017, nos juntamos como cualquiera de nuestros días a ranchar y tomar unas birras. Nos conocÍamos hace mas de 10 años, teníamos muchos amigos en común, ya que fui a la misma secundaria con ellos: ese colegio de curas “Don Bosco”, en Capital Federal. Crecimos prácticamente juntxs, ya que éramos del mismo barrio. Desde muy chico cuando no tenía donde parar, paró en mi casa. Mi familia y yo le dimos apañe siempre que pudimos, porque sabíamos que en su casa no lo bancaban, a veces se la pasaba yendo y viniendo de Córdoba a Ciudad de Buenos Aires, pero en todos esos años, pasamos buenos y malos momentos, acrecentamos nuestras diferencias de pensamientos, pero al fin de cuentas, nos bancábamos igual. Éramos amigos, él odiaba que siempre le recalcara que no estaba bueno que no se hiciera cargo de un nene que tiene que aun hoy ni lo ve, y yo odiaba que siempre respondiera con chistes misóginos o/y hasta algunos xenófobos, pero como lo conocía y a pesar de todo esto, era una persona con la que podía contar en momentos de mierda de mi vida, o eso al menos creía. Nos confiábamos casi todo: desde anécdotas íntimas hasta boludeces de cosas cotidianas, como ir a un recital o ponerse en pedo o ideales de lo mierda que es este mundo. Él sabía como pensaba con temas respecto a injusticias y mas aun temas referidos al abuso. Una sola vez tuvimos una situación de violencia donde me empujó y me esguincé el pie, fue porque yo lo gedeaba. Pasaron los años y eso fue algo que quedo en el pasado, y volvimos a restablecer “amistad y confianza”, eso es lo que solemos hacer, ¿no?

Cuando creemos que una persona puede quizás rescatarse o unx mismx piensa que de todo se aprende y se puede seguir adelante…. quizás….. Fue así que forjamos o creí forjar una amistad de más de 10 años con él.

Durante el 2016 me había declarado que gustaba de mí. Yo me distancié por un tiempo, porque me decepcionaba en un punto ver que quizás todos esos años que creía de amistad no eran verdaderos, y ¡zas! al pasar las semanas, quedamos en claro que preferíamos la amistad. Yo porque en realidad no sentí mas que un sentimiento de hermandad para con él, y él porque sabía que no era correspondido en cierta forma y pareciera que lo había comprendido. Compartíamos muchos años de confianza por eso siempre él podía quedarse en mí casa a dormir o yo en la de él, sin que pasara nada, aun estando en pedo, pasados de rosca lo ke fuese, y seguí confiando en él hasta el 20 de junio del 2017, que fue el día del amigo.

Solíamos juntarnos a tomar birras y pelotudear en las tardes por el barrio o en su casa siempre. El día del amigo no era ni una excusa ni una excepción para seguir haciendo lo que siempre hacíamos: compartir birras y cagarnos de risa 😞 , junto con él y una amiga mía.

Llegada la noche cae la novia, amiga que le había presentado tiempo atrás, por la cual lamento que hoy esté involucrada de forma afectiva en todo esto. En su momento le conté pero muy limitadamente, porque tomo coraje recién hoy. Ella estaba esa noche, junto a otrxs amigxs en común. Yo ni me acordaba de hecho ya de ese momento al día siguiente, ya que estaba muy en pedo y como siempre solía quedarme en lo de mi “amigo”…

Me tiré a dormir esa noche como cualquier otra y al despertarme al día siguiente, me levanté con él al lado, lo cual no me llamó la atención, pero seguía entre un pedo y resaka, entonces advierto que estaba semi desnuda, solo tenía puesta la remera. No recordaba nada y me angustié, traté de despertalo, seguía durmiendo, como no había mas gente pensé qué quizás había sido algo mutuo y entonces la gente se había ido. Aunque no me convencía del todo, fue lo primero que quise pensar y creer quizás… en eso se despierta, le pregunto y me dice que sÍ, que estuvimos con total naturalidad. Comienzo a preguntarle y entre chiste y chiste se le escapa…

“No sé, no me acuerdo mucho”, afirmó haber tenido sexo oral para conmigo y me dice “Gemías como si te gustara y en un momento dije no puedo hacerle esto a Fulana”…. Después se excusa diciéndome que era un chiste y por ese momento preferí creer en que era un chiste. Pero hoy recién tomo coraje para asimilar todo esto, no quería exponer su relación, ni menos la falsa amistad que teníamos. Llegué a mi casa confundida, todavía mareada, y fue en horas, que me iban cayendo todas las fichas, le escribí para hablar con él sobre esto que había pasado porque yo no me acordaba de nada… si podía darme detalles, pero él solo me pedía que no le contara a su novia, sin importarle siquiera su supuesta mejor amiga, faltando a una confianza de años. Le pregunté sobre el chiste, si realmente era verdad necesitaba sacarme la duda por si existía la posibilidad de que pudiera estar embarazada… A lo que me contestó que no, no había posibilidad. Era obvio, si se acuerda y recordaba, quizás se rescató que lo que estaba haciendo era una mierda, un abuso, una violación: porque mí consentimiento no lo tuvo nunca.

Es verdad, no recuerdo nada, pero cuando le pregunté a todas las personas que estuvieron la noche anterior, todas coincidieron en que me había ido a dormir re temprano. Y muchas saben, que cuando me duermo porque estoy en pedo no reacciono con nada. Entonces, caí en cuenta que su chiste no era tan chiste. Solíamos tener un humor extraño pero también reconozco que me costó asimilar la situación como tal. Por el afecto y confianza que le tenía. Quizás se rescató a medias, pero la intención la tuvo y yo ya no confío más en esa persona. Ni siquiera puedo estar de su lado machista, si bien las distintas formas que hemos tenido de afrontar la vida, se parecen cada vez mas a la muerte, todo esto nos termina por poner en una posición donde hay que hacerse cargo. Y yo me hago cargo de lo que no quiero reproducir más para conmigo misma, y menos apañar esto con naturalidad. Podría pensar que bueno, se rescató en medio de todo, y no se acuerda más, pero la realidad para mí es una sola.

Espero que esto sea una advertencia para pibas y para él. Pero lo sé, somos grandes y cada une sabe bien lo que hace, no hay nada que justifique esta mierda, ni alcohol, ni drogas, porque todas las personas que la han pasado peor sumergidxs en vicios serían igual o peor, y eso es una mentira, las aguas son muy claras y yo sé que no estoy mas de ese lado, del lado de la falsedad, de apañar una persona que es agresiva para con sus compañeras. Él mismo se determina “una mierda” y si bien en un momento le escribí para poder aclarar las cosas, fue porque creo que no todos paramos de crecer, y espero que esto alerte a pibes para que se rescaten antes de mandarse la cagada, cuestionándose desde el respeto por él o la otra persona, ser, nada les dará derecho a decidir por sobre una persona inconciente y aun conciente. Y si lo hacen se están condenando a ser la misma mierda y eskoria que hace ke este mundo sea tan putre, la vida es muy corta como para tomar malas decisiones y solo une sabe ke miserias lleva dentro y ya se sabe que lo ke une hace, es lo que uno es.

Dejarse chupar por el estereotipo de macho superior a los demas es caer en ese facismo que repugno.

También escribo esto para motivar y alertar a las chicas que viven situaciones similares y aun les cuesta asumir o quizas comunicarlo. Hay que sacarse la mierda de encima y yo no tengo vergüenza, nada mas que asko a todo tipo de situaciones como éstas, donde el amiguismo es la prioridad para que personas abusivas como éste se refugien. Tuvo la oportunidad de hablarlo, charlarlo, pero prefirió no dar siquiera la cara.

Ahora veo mas claro todo el por qué y lo asumo, asumo mi posición de no seguir siendo cómplice desde mi silencio para con todas su actitudes ke tuvo en un pasado y no sé, ojalá que no, pero puede que siga reroduciendo en un presente y futuro.

Creo ke no keda mas que cuidarnos entre nosostres , y que corra la voz, agradezco difusión.

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Ilustración: Tenshi

Alberto Fernando García Requena líder de “Corp. Cápsula” y “Sailor Noise”, ABUSADOR, VIOLENTO, PEDÓFILO y MANIPULADOR. #YaNoNosCallamosMas

Alberto Fernando García Requena, en Facebook y redes sociales: Akira Shi / Ovejanegra Delagalaxia / Albert Pumpkins / Michael Jackson / Augustito Skywalker, líder de la banda “Corp. Cápsula” y “Sailor Noise”, es una persona manipuladora que ejerce violencia física, verbal y psicológica contra las mujeres.

Comenzó aislando a su ex pareja de una parte de su familia, de sus amigxs, de sus compañeras de activismo feminista con total impunidad.

La presionaba para que tengan relaciones sexuales de formas en las que ella no se sentía cómoda, no respetaba sus límites ni sus deseos. La contagió de una enfermedad de transmisión sexual a conciencia: había mantenido relaciones sexuales sin preservativo con otra persona días antes de conocer a la víctima y ésta persona se lo comunicó. Se aprovechó de sus estados de ebriedad para manipularla y obligarla a tener sexo sin preservativo.

Durante todo el vínculo y la convivencia en la vivienda de su ex pareja, la misma fue el único sostén económico del hogar, se hizo cargo de TODAS las tareas domésticas y del cuidado de su hijo menor cuando éste se encontraba en su domicilio.

Cuando Alberto García tocaba con su banda él se violentaba y la obligaba a cubrirlo con mentiras, responsabilizándola por su conducta agresiva.

Durante la relación de pareja, nunca la apoyó ni acompañó sino que por el contrario, la estigmatizó por ser neurodiversa, por tener ataques de pánico, de ansiedad grave y por su consumo de alcohol debido al estrés post traumático generado por una relación violenta y abusiva anterior, de la cual Alberto estaba completamente al tanto ya que la contactó al hacer público su testimonio.

Repetidas veces la violentaba a los gritos y forcejeos, le hacía canciones en burla diciendo “vos sos una cheta, careta”. La encerraba en su lavadero diciéndole que muchos amigxs de ella le caían mal, que los borrara de las redes sociales; cuando se negaba le arrebataba el celular de la mano, lastimándola.

Llegó a quitarle la contraseña de sus redes sociales para poder ver con quién hablaba, diciéndole “yo te voy a curar, lo hago por tu bien”. La obligaba a escribir mensajes a sus contactos con relatos que no eran verdad, manipulándola y ocultando la violencia de él hacia el resto de las personas; la amenazaba con que no cuente nada de lo que sucedía al resto.

En varias oportunidades ella quiso terminar la relación porque él le mostró que tenía chats con chicas menores, mintiéndoles con su edad, pero siempre lograba manipularla para que siga con él, prometiendo “que iba a cambiar, que ya no iba a hacer esas cosas porque quería ser una buena persona”.

Como ella sufre frecuentes ataques de pánico (producto de todas las relaciones abusivas que padeció), cada vez que tenía un episodio, Alberto no sólo no la ayudaba sino que subía el volumen de la televisión para no escuchar su sufrimiento. En una ocasión ella se salvó porque la vecina llamó al 911 a raíz de su llanto y sus gritos de ayuda. Afortunadamente la policía llegó a tiempo y no sucedió ninguna desgracia.

La difamó públicamente en un escrache por Facebook diciendo mentiras sobre ella, tales como: acusarla de “violenta y golpeadora, merquera desquiciada y que tenían que internarla para evitar que mate a alguien”. Se encargó de hablar por privado con todos sus contactos y familiares para ganar adhesiones y consolidar su falso relato. Publicó arteramente en las redes sociales el nombre completo y los datos personales de ella, a partir de lo cual mucha gente comenzó a hostigarla, tanto por Facebook como por celular.

Luego de finalizada su relación de pareja, siguió hostigándola yendo a su domicilio sin el consentimiento de ella, utilizando la llave de entrada del edificio de la cual tenía copia, forcejeando la puerta del departamento, porque ella había colocado otra cerradura por temor a que ingresara y le hiciera daño.

También escribió graffitis por el barrio, con frases amenazantes tales como que “ella tenía que prender fuego su casa y su familia para curarse”.

Creó un perfil falso de una mujer para hacerse pasar por una víctima de abuso, difamando al bajista de la banda de su ex, como “golpeador y misógino”, aunque su estratagema duró poco, porque se develó y confirmó que las fotos eran falsas ya que correspondían a una joven de España.

Alberto no tiene escrúpulos a la hora de mentir y de referirse a las mujeres feministas como “feminazis caretas”, burlándose sin piedad de las víctimas.

Ella actualmente continúa trabajando en el mismo lugar donde se desempeña hace más de 5 años, en cuyo servicio médico constan todos los antecedentes mencionados precedentemente, pero lamentablemente por seguridad, debió mudarse a otro domicilio.

Adjuntamos algunas de tantas copias de pantalla que pudimos recolectar como prueba.

Denunciamos a Alberto García por sociópata, mentiroso, manipulador, pedófilo, violento y perverso, y lo hacemos responsable tanto a él como a cualquier persona que lo apañe y/o defienda, de cualquier consecuencia anterior, actual y futura que sufra su ex pareja y las demás víctimas.
Hoy le decimos a este violento LAS PIBAS QUE ABUSASTE VAN A VOLVER!
BASTA DE MACHISMO EN EL ROCK Y EN TODOS LADOS!

Jorge Machado Garibaldi ABUSADOR DE MENORES del Partido socialista del Frente Amplio #YaNoNosCallamosMas

Soy de uruguay y quiero mantener el anonimato.

Quiero denunciar al ex pareja de mi madre: Jorge Machado Garibaldi (en facebook Jorge Kfouri). Abusó sexual y psicológicamente de mi hermano menor y de mí cuando teníamos 10 y 8 años. Entraba en nuestro cuarto cuando mi madre estaba ocupada y nos manoseaba en la oscuridad. No nos dejaba que lo viéramos, venía siempre de noche y le decía a nuestra madre (que en realidad era su amante, ya que él tenía esposa e hijos en Bolivia) que no quería que lo viéramos para preservar el anonimato porque “los niños cuentan todo”.

Mi madre se encontraba en una situación de vulnerabilidad psicológica debido a una situación de acoso laboral, y Jorge se aprovechó de ella y la manipuló. La destrataba frente a nosotros, no solo nos manoseaba, sino que nos decía como tenía sexo con nuestra madre sin ningún tipo de filtro, era un asco. Mi hermano y yo estamos muy traumados hasta el día de hoy. Es un viejo verde, hacía comentarios sexuales sobre su hija, vivió en mi casa hasta que cumplí 15 años. Me miraba el cuerpo, me hacía comentarios obscenos, se sentaba a mi lado y tocaba mi pierna mientras yo me paralizaba por el miedo. No paraba de estar arriba mío constantemente.

Hoy en día está acomodado en el Partido socialista del Frente Amplio, está en una lista y es parte del congreso de intendentes. Se fue de mi casa un día que mi hermano le dijo “no toques más a mi hermana”, se levantó enfurecido y jamás volvió.

Volví a verlo en la calle una vez y me saludó desde el ómnibus con cinismo.

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Ilustración: Tenshi

Juan Manuel Halvide Manipulador,Violento, Abusador Psicológico, Acosador. #YaNoNosCallamosMas!

Vengo a compartir mi testimonio que no contaba por ser viejo (como si un par de años borraran lo que viví), por no contener golpes (como si el abuso psicológico fuera aceptable), porque me creía sin derecho a escrachar por haber hecho cosas horribles yo también (como si la violencia de lx oprimidx justificara la violencia de lx opresorx).

Yo, piba tranquila, estudiante de secundaria, 19 años viviendo en la pequeña San Martín de los Andes. Ella, cuatro años mayor, rapada, con camisa a cuadros y fiestera de Capital Federal. Estereotipo de torta chonga que me encandiló y me sumió en la fantasía lésbica, mononormada y dramática.

Voy a nombrarme en femenino porque prefiero respetar mis pronombres de esa época (ahora me identifico como no binarie). Él es un pibe trans, pero en ese momento se identificaba como mujer. Voy a nombrarlo en masculino para respetar su género actual, pero creo que es importante aclarar que los tres años de relación nos identificábamos ambxs como mujeres cis lesbianas, porque considero que tiene relevancia en cómo se dieron las cosas. Jamás habría tolerado estos tratos de un chongo cis. Fui sumisa y me dejé manipular porque pensaba que las mujeres “no eran forras como los hombres”. Muchas veces me encontré pensando “si fuera un chabón, lo que está haciendo me parecería re machista”. Sí, era una pueblerina muy boluda, pero no tenía nada de calle, de experiencia ni de información. De todas formas esta historia me sirvió para empoderarme y para aprender que las mujeres pueden ser abusadoras y que lo trans no quita lo machirulo. Y no me lo olvido más.

A finales del 2011, conocí por facebook a un amigo de un amigo. Yo tenía una vida tranquila en mi mini ciudad, vivía con mi familia, iba a la escuela, a algunos talleres, el tiempo libre lo pasaba dando vueltas con amigxs, o leyendo, o dibujando, o tocando el piano. Él vivía en Capital Federal con su mejor amigo, trabajaba y salía mucho a bailar. Empezamos a chatear todos los días. Desde siempre me hablaba de las mujeres con las que se había acostado de una manera machista e irrespetuosa: “me cogía una mina distinta cada fin de semana”, “después de coger me daba vuelta y las ignoraba”, “cuando se hacía de día les señalaba un cartel en la pared que decía vestite y andate”. Se hacía el frío, el duro, y el fuerte, pero en su heladera sólo había agua, y en sus ojos también. Yo comía hasta no tener hambre y me sentía mal hablando por teléfono con su agotamiento, su hambre, su tristeza.

Durante mucho tiempo tuve mucho magnetismo con las personas que están en una mala situación. Flashaba príncipe azul y me urgía “rescatarlxs” y demostrarles que la vida era hermosa. Nuestro amigo en común y yo juntamos nuestros mangos y le pagamos un pasaje para que venga a pasar unas semanas con nosotrxs a San Martín. A los días, ya éramos inseparables. Empezamos a estar.

Un par de semanas duró ese viaje. Él me parecía una persona bastante imponente, egocéntrica y orgullosa, siempre era el centro de atención autoproclamado y hablaba todo el tiempo de sí mismo, pero yo justificaba esas actitudes y las minimizaba porque me atraía mucho, por la comprensión hacia todas las cosas horribles que le habían pasado en su vida y por la admiración que le tenía por poder ser una persona tan alegre pese a todo ello.

Cuando se fue, no lo soportamos y me fui yo para allá. Paré en su casa otro par de semanas. De ese viaje sólo recuerdo sexo, porro, escabio, baile, plaza, risas y diversión. La pueblerina encantada. Pero  también tuve el primer indicio de que las cosas no iban a estar bien. Una noche en una plaza decidí decirle, de la mejor manera que pude, que sentía que me mandoneaba y que no me gustaba. Su respuesta fue interrumpirme diciendo “no quiero estar más con vos”. Lo acepté, me brotaron las lágrimas y me dispuse a irme, pero me paró, me abrazó y seguimos juntxs. Esa fue la primera vez (de millones) que usó el “cortar” para desviar una conversación donde yo estaba expresando lo que sentía o pensaba.

Los meses que siguieron, fueron a distancia. Nos veíamos para semana santa o algún finde largo que algunx pudiera viajar. Cuando cumplimos los seis meses, a mediados del 2012, decidió venirse a vivir a San Martín. Yo le aclaré que no quería cargar con la responsabilidad de que se mudara por mí, y me dijo que no era así, que se había enamorado del lugar. Me quedé tranquila con esa respuesta, pero desde que pisó San Martín empezó a absorberme y controlarme cada vez más.

Yo estaba en mi último año de secundaria y al terminar planeaba irme a Buenos Aires y mi casa la iban a vender. Aparte de que siempre necesité pasar tiempo sola, viví toda mi vida en esa casa y le tenía mucho cariño y apego, quería disfrutar ese útimo tiempo de la casa y mi cuarto, pero casi nada estuve ahí porque él no me dejaba estar sola o juntarme con gente sin él, me manipulaba por el lado de la culpa, del “me vine a vivir acá y me dejás solo”, y aunque me parecía injusto, me terminaba convenciendo de que yo era una forra y cedía.

Una vez estábamos en mi casa y se enojó porque “dibujé todo el día y no le di bola a él y se aburría”. Éste es sólo un ejemplo de miles de situaciones que se daban cada vez más seguido y me hacían sentir la responsabilidad de entretenerlo y estar con él todo el tiempo, cuando antes de mudarse yo le había dicho que no quería eso.

Durante el tiempo que estuvo en San Martín (9 meses) me consumió todo el tiempo, pero gradualmente, por lo que nunca pude hacer click y reaccionar. En dos ocasiones conocí a dos pibas (tortas) y pegué buena onda, y me prohibió verlas porque “seguro había onda y me las quería chamuyar”, cosa que nada que ver.

Me molestaba mucho no poder hacer nuevas amigas sólo por el hecho de que fueran tortas, pero él es una persona muy hábil de palabras y siempre lograba “tener razón” (aunque yo en el fondo no me conformaba, sentía que era injusto pero como él argumentaba con más destreza que yo, cedía ante lo que me pedía o exigía). Una de esas veces se fue gritándome “¡Sos una puta de mierda (o hija de puta, o algo por el estilo) y no te quiero ver nunca más!”. Eso me re shockeó porque nunca me había insultado hasta ese día, y me hizo mierda, me fui a mi casa llorando. Parecía que ese día terminaba nuestra relación, pero seguimos. En un par de ocasiones me ha gritado de manera súper violenta “¡Andá, cogetelá, cogetelá!” refiriéndose a chicas con las que yo sólo quería amistad.

También me hizo cambiar mi trato con mis amigas que tenía hacía años porque decía que éramos muy cariñosas y que me tenían ganas. Varios días me obligaba a acompañarlo al trabajo porque “yo tengo que trabajar toda la tarde y vos no sos capaz de hacerme el aguante”. Yo le expliqué que cuando yo estaba en la escuela él tenía tiempo para estar solo y que yo también necesitaba ese tiempo para mí, pero él nunca me lo permitió y siempre terminaba convenciéndome de que yo era una forra. Una vez me invitaron a una juntada con amigxs en una casa por la tarde y se enojó porque yo fui (él estaba invitado pero tenía que trabajar).

Cada vez más amigxs y familiares me decían que no me veían bien con él o que no les gustaba cómo me trataba, pero yo no les daba bola porque estaba re enamorada y no quería cortar con él. Al principio hablaba con algunxs amigxs contándoles situaciones para pedirles opinión y consejos, pero él se enteró y se enojó porque “hablaba con otras personas de nuestras cosas”, así que empecé a guardarme las cosas y a tratar de resolverlas sola (obviamente no resolví nada sino que cada vez tenía la cabeza más confundida, cedía en más cosas y lloraba más).

La cotidianidad era cada vez más enfermiza. Una vez discutimos y se encerró en su casa gritando que se iba a matar y haciéndome sentir responsable de ello, hasta que con un amigo de ambxs logramos abrir la puerta y la situación se archivó con el resto de las situaciones que ya había empezado a naturalizar.

 

Empezó el 2013. Terminé la secundaria. Me mudé a Buenos Aires al departamento de un viejo que alquilaba una habitación. Él quiso quedarse en San Martín un tiempo más, pero nos extrañábamos mucho y encima a las dos semanas el viejo terminó siendo un violento que me echó de la casa, así que él se volvió a Buenos Aires, y un amigo suyo nos dejó parar en su casa hasta que conseguimos alquilar una habitación en una residencia estudiantil. Yo no quería compartir habitación con él, pero teníamos poca plata así que tuvimos que compartir. El lugar era copado, pero nuestra convivencia se tornó cada vez más tóxica y violenta.

Teníamos poca plata (a mí me bancaban mis viejxs mientras buscaba qué estudiar, aunque no me podían mandar mucha plata, y él trabajaba pero le pagaban poco), al punto de a veces no poder cargar la SUBE y buscar todas las ofertas posibles de comida. Aún así, él me forzaba a comprarle cigarrillos porque si no fumaba se ponía de mal humor y me trataba mal. Usualmente me trataba de menos porque a mí me bancaban mis viejxs y no era independiente, pero él también comía muchas veces de esa plata porque no le alcanzaba. Incluso le tuve que prestar plata para su parte del alquiler, que realmente necesitaba que me devolviera, y cuando cobraba se entusiasmaba y me compraba regalos innecesarios y caros, a lo que yo le agradecía y le decía que me gustaban pero que no los necesitaba y que lo que necesitaba era que me devolviera el efectivo, y no lo hacía, y seguía gastando en boludeces, luego no le alcanzaba para los gastos de comida y cosas de la casa y yo tenía que volver a hacerme cargo de esos gastos. Me compró un perfume carísimo de Carolina Herrera y yo no lo usaba en casa, lo reservaba para “ocasiones especiales”; una vez me invitaron a un cumple y me lo puse y se enojó porque “yo te lo compré y lo usás para salir y no para estar conmigo”.

Cuando me dolía algo físicamente (lo cual pasaba seguido), en vez de ofrecerme un té o algo, me miraba con desdén y me decía que estaba somatizando.

Cuando yo me ponía triste por algo, me decía que mi vida había sido muy fácil y contaba las cosas que había vivido él, “lo mío sí fue grave, lo tuyo son boludeces, deberías madurar”.

Le molestaba que hable con una de mis mejores amigas por whatsapp porque decía que nuestra relación era rara y nos teníamos ganas.

Seguía sin dejarme pasar tiempo sola o con otra gente sin él. De hecho yo siempre le ofrecí de dejarlo solo o de que vaya a ver a sus amigxs él solo porque no quería ser invasiva, pero siempre me decía que no y me invitaba a todos lados con él, y jamás me ofreció de darme mi espacio ni se tomó bien cuando yo se lo pedía.

Yo tenía una compu y cuando la usaba se enojaba porque no le daba bola, pero cuando él la quería usar tenía que dejarlo porque si no me trataba de egoísta. O sea, tenía más derecho y prioridad que yo para usar mis cosas.

El cuarto tenía cucheta y era incómodo dormir en la misma cama siempre, pero si yo me quería ir a dormir a la cama de arriba, él se enojaba. Una vez me fui a la cama de arriba para leer un libro y se re enojó.

Jugando “verdad o consecuencia” con uno de sus mejores amigos (con quien yo me llevaba re bien), me hizo mostrarle los pelos de mis piernas (que estaban sarpados en largos) y ambos se rieron y burlaron de mí.

Me obligaba a ir a visitar a su familia a su pueblo, que quedaba a cuatro horas. Parte de su familia me caía muy bien y me gustaba visitarlxs, pero a veces no tenía ganas o quería hacer otra cosa y él me la jugaba con la culpa de que no le hacía el aguante y siempre terminaba yendo. También había parte de su familia que me caía mal y me incomodaba, y cuando estábamos allá yo quería quedarme con lxs que me caían bien y él me forzaba a ir a visitar a lxs que me caían mal.

En un evento que fuimos con amigxs habían unas pibas repartiendo morrales pero no pudimos conseguir uno porque se terminaron re rápido. Más tarde buscaron más y logré conseguir uno, fui corriendo re emocionada a mostrárselo (siempre compartíamos todo, la ropa, las mochilas, etc.) y se enojó porque no le avisé que estaban las pibas (no daba el tiempo) y me trató re mal hasta que terminé llorando y me pidió que no arruine el día poniéndome así.

Empecé a sentirme mal cada vez que terminaba de comer, me sentía muy llena y con dolor de panza y náuseas, y me di cuenta que vomitando se me pasaba, por lo que empecé a vomitar seguido y me dijo que dejara de hacerlo porque así empezaban las bulímicas. Me lo dijo con el peor tono del mundo, como una mezcla de reto y reclamo, no como cuidándome. Al tiempo había bajado bastante de peso y me dijo que no le gustaba porque estaba demasiado flaca, me miró con cara de asco.

A todo esto, cada vez más seguido y cada vez más insoportable, lo que yo decía, sentía y pensaba estaba MAL.

Cada vez que le planteaba que algo me molestaba o me hacía sentir mal, amenazaba con dejarme, o retrucaba con “ah, pero vos tal cosa” y al final siempre deviaba la conversación a lo que ÉL sentía y a lo que YO hacía mal (TODO). Nunca había lugar para hablar de lo que yo quería hablar. Siempre terminaba deformando la charla y mi cabeza estaba cada vez más mareada y confundida. Era insoportable.

Hace muchos años que tengo bastante mala memoria para algunas cosas, y él se agarraba de eso para convencerme de que una conversación o situación no había sido como yo recordaba. Empezó a usar eso para invalidar todo lo que yo decía, confundiéndome cada vez más, haciéndome desconfiar cada vez más de mi memoria, mi percepción y mi criterio tergiversando todo, siempre, TODO, SIEMPRE.

Me convirtió en una persona totalmente anulada, y ya que no podía confiar en mí misma, no me quedaba otra que confiar en él, o mejor dicho, hacerle caso a él. Esto se prolongó mucho tiempo y me destruyó la cabeza por completo. No puedo realmente expresar con palabras cómo me sentía. Quería arrancarme el cuerpo, la cabeza, arrancarme de esa cotidianeidad horrible en la que me había metido (no sabía cómo) y no podía salir. Era un ente sin pensamiento ni decisión propia.

Cada vez que quería hablar de algo con él (aunque cada vez lo intentaba menos para evitar problemas), me criticaba el tono de voz. Incluso cuando yo tenía esto MUY presente para que no le moleste y llegué hasta a ensayar en el espejo lo que le iba a decir para medir que mi voz fuera calma, pero aún así, siempre me decía que le hablaba mal. Y si yo le decía que no era cierto, me recordaba que mi percepción y memoria fallaban. Llegué a concentrarme tanto cada vez que iba a hablar, que al parecer me convertí en un robot, y ahora se quejaba de que siempre hablaba con tono bajón y no le ponía onda.

Empecé a tener ataques de pánico / de nervios / de estrés / de ansiedad. Realmente no sé qué eran, pero sé que eran ataques de llanto muy intensos que empezaban cuando una situación me resultaba injusta. Sentía que me manipulaba pero mis palabras no valían, no había manera de ganarle al capo esgrimista verbal y yo empezaba a ponerme nerviosa. Empezaba a temblar levemente pero terminaba llorando a chorros gritando, sentía que me costaba respirar, me daban puntadas muy fuertes en el pecho, me sentía extremadamente débil, sentía que estaba atrapada en una vida horrible y que no tenía cómo salir de ahí, la cara se me ponía bordó, los ojos se me llenaban de venas al punto que me daba miedo cuando iba a lavarme la cara y me veía en el espejo. La angustia era una mezcla del miedo a que me deje, la confusión que me generaba todo lo que él tergiversaba a su favor, el estrés de no poder salir de esa situación eterna, la impotencia de sentir que todo era sarpadamente injusto, la culpa de sentirme una mierda porque él me hacía sentir que era una mierda.

Una vez estábamos discutiendo a gritos y le grité “¡me voy a matar!”. Al segundo me di cuenta de que no era cierto y que lo estaba diciendo de bronca y que eso era ser tan manipuladora como él, así que paré y le dije “Pará. No me voy a matar, lo dije de bronca, estuve mal, perdón.” Él jamás se disculpaba conmigo, su orgullo siempre fue su peor defecto y siempre fue hiriente a propósito. Todxs nos equivocamos a veces, pero yo jamás tuve malas intenciones y lo que nunca pude perdonarle es que él me hiciera tanto daño a propósito (lo confesó más adelante).

 

Mis ataques empezaron a ser de a poco cada vez más violentos. Primero me rascaba los brazos nerviosamente, cada vez más fuerte, al principio sin darme cuenta que me estaba comenzando a hacer daño, pero luego totalmente consciente de ello y buscando más daño aún. Empecé a golpearme. Me sentía poseída por mis propios gritos y la sensación de dolor, estrés, nervios, impotencia, abrumamiento, confusión y desborde total que sentía en la cabeza era tan insoportable que quería arrancarme la mente y comprarme una nueva, una “sana”. Me pegaba piñas y cachetadas a mí misma, como si golpeándome la cabeza se me fueran a acomodar las ideas, como quien golpea un televisor para que funcione bien. Mis manos me parecieron poco, empecé a incorporar objetos. Me golpeaba la cara, la cabeza, los brazos, las piernas con los objetos que se ponían en mi paso o las paredes. También me tiraba del pelo o me metía con ropa en la ducha de agua helada para ver si lograba calmarme, aunque en el fondo sólo quería castigarme y sufrir mucho mucho hasta que se acabara el dolor, o algo así. Esto empezó a pasar varias veces por semana. Una vez le rompí contra el piso un mate de cerámica que le había regalado. Me arrepentí al instante y me dio muchísima culpa, pero fue un impulso tan rápido que no pude evitarlo.

Obviamente todo esto que estoy contando es súper violento. Creo que es importante contar la historia completa, con mis violencias y no sólo las suyas porque no pretendo lavarme las manos y me hago cargo de lo que hice, pero repito lo que dije al principio: no se puede comparar la violencia de lx oprimidx con la de lx opresorx. Yo realmente creo (y SÉ) que esta persona me enfermó la cabeza y que no podría haber hecho las cosas distintas a como las hice. De todas formas estoy más que dispuestx a hablar de esto si alguien difiere.

Detecté algunas frases que me detonaban cuando estaba al borde de uno de esos ataques y se las hice saber. “Bueno, sí, vos sieeemmpre tenés razón” y un par más, todas con tono sarcástico e invalidando lo que yo decía. Le pedí que al menos en esos momentos no me las dijera y accedió. Pero luego noté que lejos de evitarlas, me las decía aún más, y yo luchando para no ceder ante el brote le decía “pará, me estás diciendo las frases que te pedí que no, por favor, pará”, y él me seguía bardeando y manipulando hasta que yo me ponía demasiado violenta golpeándome y ahí intentaba frenarme, agarrándome de las manos y eso.

Tiempo después, me confesó llorando que lo hacía a propósito “para ver hasta dónde llegaba”. No sé qué flashó experimentando conmigo, pero no podía creer que me haya incentivado a tener esos episodios adrede. Más adelante se me ocurrió la teoría de que a él le convenía que yo también fuera violenta para agarrarse de eso y minimizar sus violencias. Hoy mantengo esa teoría.

Al ver que no podía reprimir esos ataques (algunos seguían siendo sólo llanto sarpado, pero la mayoría llegaban a ser violentos) y no quería seguir golpeándome delante suyo porque sabía que estaba exponiéndolo a él a situaciones muy violentas, cuando tenía uno comencé a salir a correr. La zona no era muy segura, pero en esos momentos no me importaba ni eso, ni el frío, ni que fuera de noche, yo necesitaba escapar de mi realidad y salía corriendo, como quien corre por su vida, y me golpeaba con cosas que encontraba tiradas, ramas, chocaba los brazos contra paredes rasposas, me acostaba en la calle y sentía todo el cuerpo, era una sensación muy primitiva en la cual me sentía absolutamente viva, consciente de cada partecita de mi cuerpo y libre de todo hogar o posesión material. Era muy interesante y raro, porque estaba llorando angustiadísima pero a la vez sentía mucha libertad y simplicidad al estar sola y lejos suyo. Él se enojaba mucho conmigo porque realmente era tarde y le preocupaba que me haya pasado algo (claro que esta preocupación no le surgía cuando a los mismos horarios me pedía que vaya a dar una vuelta y pedirle un pucho a alguien que me cruzara).

Todo esto que relaté desde que nos mudamos a Buenos Aires, fue la vida cotidiana de los años 2013 y 2014. Agrego algunas cosas que pasaron en el medio.

Para mediados del 2013, yo no sabía qué estudiar así que conseguimos un laburo en el que teníamos que hacer viajes de una o dos semanas por el país. Arriba del micro, se enojaba si me ponía a escuchar música porque “no le hacía el aguante”, pero me forzaba a prestarle mis auriculares para escuchar música él. Nunca entendí por qué él tenía derecho a hacerlo y yo no.

En una ocasión tuvimos que compartir cuarto con unas pibas pakis que una noche iban a salir y nos pidieron opinión sobre qué ponerse. Yo me sentí bien porque me había pasado de que pibas se sintieran incómodas de cambiarse delante mío por ser torta y me alegró poder volver a tener esa confianza entre pibas, pero él se enojó porque dijo que yo las estaba “mirando” y me hizo quilombo. También pegué muy buena onda con un compa de laburo muy marika y se enojó porque dijo que nos teníamos ganas (cabe recordar que mi compañero era muy cisputo y yo muy cistorta). O sea que ahora ya no sólo me hacía problema por pibas tortas sino también por pibas pakis y pibes cisputos.

Aclaro que yo también era una persona celosa, pero siempre que le hablé de cosas que me ponían celosa fue desde un lugar de “te comparto lo que me pasa porque sos mi pareja, para que lo charlemos o me contengas o aconsejes”. Jamás le prohibí ver a nadie, de hecho se hablaba con todo el amor con una piba de San Martín que había inventado por el pueblo mentiras sobre mí (y él lo sabía) y ni siquiera en esa situación le pedí que deje de hablar con ella.

Estando de viaje nuestra relación era como todo lo que describí anteriormente, con el agravante de que es aún más difícil de llevar estando en provincias desconocidas y teniendo que caretear con gente del laburo. En un momento tuve un ataque re sarpado en un hotel de Jujuy, desencadenado por maltrato suyo, en el que me arañé la cara y me quedó toda marcada. A la mañana siguiente trabajábamos y a mí las marcas no se me habían ido. Le pedí base a una compañera y zafé, pero después de trabajar un rato la base se me corrió y se notaron las marcas, yo me morí de vergüenza y él se enojó conmigo porque “la gente iba a pensar que me había lastimado él”.

A fines del 2013 dejé el trabajo porque elegí una carrera y también porque estaba muy mal mentalmente. En enero me fui dos semanas a San Martín a ver a mi familia y amigxs. Quería ir más tiempo, pero él no podía ir y yo “tenía que hacerle el aguante”. En ese viaje jugando a “verdad o consecuencia” una piba se me sentó encima  y yo le di un beso en el cachete. Me sentí re culpable y se lo conté. Me trató más o menos como si lo hubiese engañado con 10 minas durante meses y lo usó como argumento para seguir ganando discusiones.

También conocí a una piba que me cayó re bien y cuando volví a Buenos Aires, seguimos hablando por facebook. Hablábamos en plan amistad, pero él me dijo “vos no te das cuenta que te está tirando onda porque no entendés el chamuyo de las tortas” y me obligó a escribirle cosas que él me dictó con las que yo no estaba de acuerdo (algo de que yo tenía novia y que le estaba faltando el respeto a nuestra relación).

También me criticó con cara de asco una foto que me saqué allá con la camisa de una amiga y puse de perfil, porque dijo que parecía un chabón y que “no me quedaba bien hacerme el chonguito”.

Empecé la facultad. Él siguió en ese trabajo, que era parte en Capital y cada tanto había un viaje de entre dos días y dos semanas. La residencia donde vivíamos de repente cerró, nos tuvimos que mudar a una pensión horrible por tres meses y de ahí nos fuimos a un departamento en Lanús. Yo no quería irme a un depto con él porque era como demasiado compromiso y me daba miedo, pero vivir en la pensión era tan feo que terminamos decidiendo eso. Contrato a nombre de ambxs, gastos a medias, fantasía de que al vivir en un departamento nuestros problemas se solucionaran y fuésemos felices por siempre (?).

Pero residencia, pensión o departamento, nuestra relación iba a ser una mierda igual. Todo siguió exactamente como lo que ya conté, aunque empeorando gradualmente.

Él fumaba en el departamento aunque yo era re anti-tabaco y le había pedido mil veces que no fume adentro, pero se enojaba y me decía “¡no puedo fumar tranquilo en mi propia casa!” y yo le decía “¡y yo no puedo respirar aire en mi propia casa!”, pero no me daba bola.

Una vez se re enojó y me hizo un escándalo porque le pregunté si podía invitar a estudiar y dormir (teníamos una habitación para nosotrxs y un colchón en el living para invitadxs) a un compañero de la facu que vivía lejos entonces si venía a estudiar se tenía que quedar, pero él pensaba que si lo invitaba a dormir era porque seguramente  me lo quería mover.

Una vez un profe nos pidió a un par que nos quedáramos después de clase a pintar unos paneles para una muestra y él se enojó primero porque quiso venir a pintar y le dije que la facultad era mi espacio y que me sentía invadida si él iba, y segundo porque “no era obligatorio y elegí quedarme a ayudar” en vez de ir a comer con él (las siguientes veces que nos pidieron que nos quedemos a ayudar, re quería, pero dije que no podía y fui a casa para almorzar con él y evitar problemas).

Las discusiones siguieron y los ataques también, aunque con el tema de que yo iba a la facultad y empezaba a relacionarme con otra gente, y él seguía viajando con el laburo, teníamos ciertos descansos entonces algo había mejorado nuestro trato.

Pero seguían pasando cosas, al punto que una vez me siguió por el living apretándose un cuchillo contra la muñeca y gritándome que se iba a matar. Mi ataque de esa noche no fue violento, sino que fue un ataque de llanto y desesperación sarpados, no pude calmarlo a él entonces me senté como pude en una silla agarrándome la cabeza sin poder creer lo que estaba viviendo, sin poder parar de llorar, aterrada. Recién ahí bajó el cuchillo y vino a querer abrazarme y consolarme. Creo que fue la misma noche que me pegó una cachetada, aunque no estoy segurx. Esa cachetada fue el único golpe que hubo en toda la relación. Él dice que yo le pegué, pero ese “golpe” del que habla fue de una vez que yo quería irme y él me estaba reteniendo agarrándome de los brazos, entonces forcejeé para soltarme y le pasé a pegar sin querer.

Un día le dije que estaba sintiendo ganas de estar con otra gente pero que no quería dejar de estar con él y que capaz podíamos pensar en abrir la relación. Se re calentó, estuvo un rato gritándome de todo hasta que se calmó, me abrazó y me dijo que lo dejara demostrarme que no necesitaba estar con nadie más. Accedí.

Así fue como seguimos juntxs hasta un buen día de diciembre del 2014 en el cual me armó un quilombo por una pelotudez tan insignificante que me hizo un click en la cabeza y me di cuenta de que si peleábamos por esa boludez, no teníamos solución. Le corté. Me fui a pasar unos días a lo de mi abuela. Iba a irme a San Martín por dos meses, así que decidimos pasar los últimos días juntxs. Arreglamos seguir pagando a medias los dos meses que yo estuviera en San Martín, a él le servía porque así pagaba menos y a mí me servía tener mis cosas ahí hasta volver y resolver quién se quedaba el depto y qué hacíamos. Me fui a San Martín (soltera) y todo quedó en buenos términos.

Pero en San Martín me chapé a alguien, y como seguíamos hablando por teléfono, se lo conté. De hecho, yo en realidad no quería chapar con esta persona y me sentí presionada a hacerlo y la pasé mal, pero nada de esto le importó. Me insultó como nadie me insultó en mi vida y me dijo que yo estaba muerta para él.

Los días/semanas que siguieron, me dio mil vueltas con el departamento. Primero dijo que él no se iba a ir y me pareció injusto porque nos habíamos mudado a Lanús porque a mí me quedaba bien para ir a la facu, de su laburo era lejos, pero tenía miedo de que me hiciera alguna forreada, así que le dije que ok, que se lo quede. Después me amenazó con irse inmediatamente del departamento “crecé, madurá y fijate cómo te las arreglás para pagarlo”. Fue alternando con que se lo quedaba o se iba (yo comunicándole todo a mis viejxs porque ellxs me bancaban y como que les rendía cuentas a ellxs, hasta que mi vieja se cansó y me dijo que le diga que la corte o que ella iba a hablar con él). También me amenazó con sacar todas mis cosas a la calle. Cuando le dije lo de mi vieja se calmó un toque y quedamos con el arreglo que teníamos al principio.

 

Cuando me mandó a la mierda por haberme chapado a esta persona, diez días lo extrañé y lloré. Al día 11 me di cuenta de que era libre, que mi tiempo era mío y que podía hacer lo que quisiera y juntarme con quien quisiera, o estar sola, y dejé de llorar y de extrañar. Pasaba de la bronca a la indiferencia cuando pensaba en él, pero más que nada estaba muy eufórica de sentirme libre después de tres años.

Empecé a expresarme de nuevo, de a poquito, a animarme a decir lo que sentía, lo que pensaba, muy de a poco, y la gente con la que compartí ese verano me recibió y acompañó con mucho amor. Fueron mis primeros meses de empoderamiento, empezando el 2015 con todo.

Hablamos por teléfono un par de veces durante ese verano. Yo no quería, pero se había calmado y me hablaba bien, y yo se la careteaba para mantener el buen trato y que no volviera a amenazarme con cosas del depto. Me embolaba mucho hablar con él porque se hacía el agrandado diciéndome que estaba re bien y contándome cosas que no me interesaban, pero por miedo a que se mandara alguna, me la banqué.

Me fui al Festivxl por la Diversidad al Bolsón y me seguí comiendo sus llamadas. En un momento me contó que estaba saliendo con un chabón y me agarró terrible felicidad porque pensé que eso significaba que no iba a intentar volver conmigo. Yo también estaba conociendo a una piba, con la que compartimos abrazos y besos durante algunos días y luego quedamos como amigas. Esta piba tenía la mandíbula un poco adelantada (esto cobra sentido más adelante).

Cuando volví a Buenos Aires, arreglamos para que yo fuera a su casa en momentos que él no estaba para empezar a poner mis cosas en cajas. Un día él llego antes de que yo me fuera y atiné a irme pero me dijo de tomar unos mates. Accedí sin muchas ganas, pero quería mantener el ambiente falsamente ameno hasta que sacara todas mis cosas. Fuimos al súper a comprar algo para acompañar el mate y él actuaba de forma superada, haciéndose el banana pagando lo del súper, examinando una caja de forros de manera exagerada, tipo para que yo lo note, etc.

No sé cómo nos empezamos a ver seguido y me enganché de nuevo. Me encariñé de cero, él estaba más tranquilo y sentí como si fuese una persona y una relación nueva.

Me mudé a un monoambiente en Banfield y empezó a venir seguido a casa. Una vez estábamos mirando una peli o algo y se puso a bardear y criticar a un personaje que tenía la mandíbula adelantada. Estuvo un tiempo sospechosamente largo expresando su asco por ello, yo sabía que seguramente había stalkeado a la piba que yo había conocido en el verano y que estaba bardeándola indirectamente a ella. Me dio mucha bronca que bardee por algo físico, pero me quedé callada. Otro día me preguntó si yo había garchado con la piba esta y le dije que no. Primero no me creyó y después me preguntó por qué no garchamos; le dije que porque ella no quiso, y se enojó.

Al tiempito me dijo que estaba dudando de su género, que no se sentía hombre ni mujer y le acompañé el proceso. Creo que por acompañar esto me banqué cosas que no me tendría que haber bancado, porque quería ser comprensiva con el momento importante y difícil que él estaba atravesando.

Esta “nueva relación abierta” duró poco porque me di cuenta de que hacía cosas para darme celos y lastimarme a propósito, seguía invalidándome todo el tiempo, era pasivo-agresivo y manipulador como siempre, y ahora encima se la pasaba en mi casa comiendo mi comida y usando mi wifi porque él estaba mal de plata. Le dije que no quería estar más con él porque nunca podía decirle lo que sentía y pensaba y no quería una relación así, se ofendió, me dijo que “me parece cualquiera la pasada de factura” y cortamos definitivamente.

Al tiempo, me escribió diciendo que había renunciado y se iba a ir de viaje por el mundo y que no quería irse y que quede todo mal conmigo. Nos juntamos en una plaza y me reconoció muchísimas cosas, me pidió perdón por todo lo que me había hecho, incluso me devolvió la plata que hacía tanto le había prestado.

Para ese momento, ya nadie era cis. Me dijo que en algún momento le gustaría presentarme a Juan Manuel, “es un pibe copado y tranquilo”, y que le gustaría conocer a Felipe. Le dije que Felipe era la misma persona, que sólo había cambiado el género. Me dio la impresión estaba usando su cambio de género para lavarse las manos de todo lo que había hecho y me pareció bastante ofensivo para con la comunidad trans ya que me recordó a cuando tus viejxs no aceptan tu cambio de género y te dicen “ay, pero yo TENÍA unA hijA” y es como “no me morí, sólo me cambié el nombre”, pero ignoré eso, hablamos bien, quedamos en buenos términos y se fue de viaje.

Pero antes de viajar por el mundo, quiso pasar por San Martín, porque había hecho buenxs amigxs en el tiempo que vivió allá, y se terminó quedando a vivir en Bariloche y activando por la lucha trans.

Ese verano (2015-2016) me escribió diciéndome que iba a ir a San Martín y que le gustaría que nos juntemos a tomar unos mates. Le dije que por todo lo que habíamos pasado a mí me daba mucho miedo y estrés la idea de estar caminando y cruzármelo. Que capaz podíamos arreglar para tomar unos mates, pero que la idea de cruzarlo de imprevisto me daba mucha intranquilidad. Se mostró sorpresivamente comprensivo y me dijo “no quiero hacerte más mal, ni te vas a enterar de que fui”.

Me quedé re tranqui con eso hasta que un día estaba sola en una plaza sentada en el pasto dibujando, y de atrás alguien se agacha y me habla al oído: “¿pan relleno calentito?”. Era él, que estaba acompañando a un ex-compa mío de la escuela. Me sobresalté y en shock los saludé y se fueron. Al ratito reaccioné y le escribí: “¿no era que no me iba a enterar de que viniste?”. Me contestó ofendido “¿Qué querés que haga? No puedo elegir a quién me cruzo.” Me enojé muchísimo porque no sólo faltó a su palabra, sino que se me acercó creepymente por atrás cuando le dije que le tenía miedo (ESO ES ACOSO) y me la había careteado de comprensivo. Me di cuenta de que toda la charla que habíamos tenido en aquella plaza no valía de nada, que esa persona siempre que pudiera se iba a cagar en mí y que no tenía que creerle nunca más, aunque sonara sincero, aunque jurara y llorara. Aunque cambiara de género, de nombre, de color de pelo, me tenía que meter en la cabeza que siempre iba a ser una persona tóxica.

El resto de ese verano, me lo crucé en el centro de día, en distintos bares de noche, fue insoportable y me sentí súper invadidx y con alta impotencia porque el pueblo no era mío y no tenía derecho de echarlo. Cada vez que salía de mi casa, caminaba estresadx con miedo a cruzármelo.

A fines de noviembre del 2016, fue la marcha del orgullo en Bs. As. y viajó para ir, lo sé porque en un momento lo vi entre la gente festejando re enfiestado y me asusté, agarré a mis amigxs y nos fuimos rápido para otro lado. Al rato, una de mis amigas me dijo que lo había visto que estaba tranqui y que cuando me vio se apuró a hacerse el enfiestado. Esto no tiene mucha importancia, pero denota que es un careta y que hace cosas a propósito cuando está cerca mío.

Ese verano (enero 2017), fui nuevamente al Festivxl por la Diversidad del Bolsón, al que cada año que fui me pareció el espacio más seguro y hermoso del mundo, pero este año estaba él (ya que ahora vivía en Bariloche), y cada vez que me lo cruzaba me daba miedo, ansiedad, asco. No nos saludamos porque había quedado todo mal, pero el chabón siempre aparecía cerca mío. Caminando por una callecita volviendo del picnic en el camping Ni Nada yo iba caminando con unx amigx y escuchaba que un grupo de pibxs caminando atrás nuestro estaba cada vez más y más cerca; no le di importancia y justo un auto se ofreció a llevarme a mí y a mi amigx y cuando me subo y cierro la puerta, me pasa por al lado y veo que era él, me re asusté. Bailando en el recital de la carpa, yo me fijaba de estar lejos y él se ponía a bailar a un metro atrás mío, como si no me hubiese visto. Marchando en la marcha yo estaba atrás y veía que se acercaba, me iba caminando rápido bien adelante de todo y aparecía ahí también al ratito. Yo siempre intentando estar lo más lejos posible y él acercándose reiteradas veces como si no me viera, como si no fuera obvio que lo está haciendo a propósito y sabiendo que yo le tenía miedo y que me incomodaba su presencia. Esto también es acoso e invasión del espacio personal.

 

Desde que corté con él hasta hoy, cada vez se hace más y más insoportable tener tantxs amigxs y conocidxs en común, y coincidir en espacios con él. Es complicado porque tiene carisma, o simpatía, o algo así, y la gente lo suele querer mucho, suele agradar. Sinceramente no sé si cambió, porque muchas veces prometió hacerlo y después me daba cuenta de que seguía siendo el mismo forro careta acosador, pero aunque haya cambiado, aunque la gente lo quiera, aunque tenga cosas buenas, no me importa: conmigo fue asquerosamente manipulador y cuando lo veo sólo veo un abusador psicológico y emocional de nivel profesional, y nunca lo voy a ver de otra manera.

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