Testimonio de acoso y abuso en INIDEP #YaNoNosCallamosMas

Desde el 2008 al 2014 fui observadora de pesca en el Inidep. Tuve que subirme a barcos donde nunca se habían embarcado mujeres. Tuve que estar 2 meses en alta mar con 90 hombres, siendo la única mujer a bordo. Pasé por situaciones que no me fueron nada fáciles de afrontar.

Hoy soy consciente de que desde que subí al primer barco hasta que pedí a gritos el desembarco en el último, fui víctima de muchísimos acosos en situaciones muy extremas.

Como quien dice, sin dejar que eso me afecte, seguí embarcándome y las situaciones de abuso y acoso por parte de capitanes, oficiales y marineros nunca pararon. Como quién dice, sin dejar que esto me afecte… pero la realidad es que me afectó mucho y acumulé muchas broncas.

Estos abusos son tan normales que se pasan por alto o minimizan. No quisiera que esto siga pasando en la sociedad.

Para quién nunca se embarcó es muy difícil llegar a entender que arriba de un barco se vive al límite.

También es cierto que muchas empresas no quieren contratar mujeres a bordo, justamente para ahorrarse todos estos problemas de violencia de género.

Nada distinto de lo que pasa en tierra. Tanto arriba como abajo de los barcos hay muchos hombres que se piensan con derecho a estos abusos. Se manejan con total impunidad.

Mi historia en los barcos terminó mal por no hablar a tiempo de estos abusos que tan sutiles parecen a veces.

Lo único que hice público en uno de mis informes como observadora de pesca fue el nombre y apellido de un capitán, pero no di detalles. Todo quedó en una queja mía por el mal desempeño que tuvo este señor para con toda la tripulación durante la marea.
No dije nunca hasta hoy, que el señor Jorge Zanier tuvo que ser contenido por el primer oficial y solo por eso no se atrevió a proponerme tener relaciones sexuales con él. Agradezco que había un primer oficial mucho mas profesional que el capitán que supo manejar la situación. Ese mismo capitán, cargaba con un arma de fuego escondida en una bolsa los últimos días de marea como protección porque tenía miedo de que su tripulación se amotine por, entre otras cosas, querer extender la marea solo porque a él le resultaba económicamente beneficioso.
Jorge Zanier era un peligro para su tripulación, y al mismo tiempo el responsable de la seguridad a bordo. Solo por eso lo denuncié en mi informe. Hasta donde sé, tres años después seguía navegando para la misma empresa.

Esto que cuento fue anecdótico para mí. Es normal vivir situaciones así a bordo.

Quiero dar testimonio también de algo ocurrido en mi última marea, en el 2014. El problema puntual lo tuve con el enfermero del barco (no recuerdo el nombre, le decían “bruja”). A este otro señor se le había metido en su cabeza que yo le recordaba a su esposa y por eso tuve que soportar, producto de su psicosis, un cuestionamiento totalmente fuera de lugar sobre porque yo había llegado tarde a almorzar un día, sin contar torturas psicológicas como por ejemplo decirme que no trabaje tanto ya que me estaba obsesionando con mi trabajo y que mi cara tenia un aspecto muy amarillo. Nunca trabaje de más, solo cumplía con el protocolo, y en muchos casos y ya a esas alturas de la marea, ni llegaba a cumplirlo. Pero este señor estaba obsesionado conmigo. Esa misma noche durante la cena él y el primer oficial hablaron entre risas de que la comida estaba envenenada. Se reían. Si eso fue un chiste o no, no lo voy a saber nunca. Esa misma noche fui a hablar con el capitán respecto de lo acosada que me sentía por el enfermero. Sobre el episodio de la cena no dije nada. También recuerdo luego de eso haber tenido una charla con el jefe de máquinas, en la cual me alertó de que me cuide del enfermero porque era una persona jodida. No pude dormir y me sentí muy mal esa noche. Sudaba mucho y tenia palpitaciones. Estaba descompuesta y tuve sangrado vaginal. Tuve miedo, mucho miedo de que me estuvieran envenenando y violando.
Al dia siguiente fui a hablar con el capitán para pedir mi desembarque. Me pidió explicaciones que no pude darle. Ya había llegado a mi límite y solo me quería bajar. Discutimos y en mi impotencia tuve un arrebato de ira y lo agarré del cuello. Aun así me dijo que la secretaria de pesca no autorizaba mi desembarco. Tenía que esperar 4 días para hacer un trasbordo a otro barco que me llevase a puerto. Yo no me sentía en condiciones de esperar. Seguí gritando y rompí algunas cosas en el puente. El enfermero subió y le dijo al capitán que no se animaba a darme un sedante. Era consciente, de a ratos, de a ratos la voz que me salía ni siquiera sentía que fuese mía. El capitán me dijo que el no podía hacer nada para acelerar mi desembarco y que intentara llamar por mi cuenta. Logré comunicarme con una administrativa del Inidep que entendió que la situación era grave y enviaron al barco a puerto.

Al día antes de llegar a rada y un poco mas tranquila recuerdo haberle preguntado al enfermero si tenía algo que decirme a lo que respondió: “si hablo voy preso”. Ese día me desembarqué y no quise saber mas nada con el Inidep. No conté nada ni a la empresa ni al Inidep. Bajé muy desequilibrada del barco y decidí que no quería saber que había pasado. No me hice estudios médicos ni de sangre. No podía dormir. Gritaba y tenía mucha bronca. No me acuerdo de todo. Tengo algunos baches. Me acuerdo que a los pocos días fui al Inidep a entregar el informe. Me acuerdo que me sentía excitada y mi mente no paraba. Me acuerdo que en un momento dejé que quienes me acompañaban esos días me llevaran a ver un psiquiatra que me medicó y me dormía a cada rato. Me acuerdo poco de esa semana. Se que viajé con mi mamá a Buenos Aires pero no me acuerdo cómo. Se que a los pocos días me sentí mejor y decidí que ya esta bien y que me podía volver sola a Mar del Plata. Pero seguía mal de a ratos y una noche tomé una sobredosis de la medicación esperando despertarme en otra realidad. Pero no fue así. Después de eso corté por mi cuenta con el tratamiento psiquiátrico. Esto fue por noviembre de 2014.

Al día siguiente, una amiga me propuso que hagamos el curso de guardavidas, viajé a Buenos Aires a reponerme y decidí que era un buen plan para empezar de cero. A principios de Diciembre volví a Mar del Plata acompañada por mi prima y en marzo comencé el curso de guardavidas en la Escuela A.R.A. de Mar Chiquita, con sede en el club Kimberley de Mar del Plata.

Al final me encontré con compañeras en la misma situación de abuso y acoso que yo. Algunas llegaban de otras escuelas de guardavidas porque tenían los mismos problemas en los otros establecimientos. Pocas se animan a hacerlo público hasta hoy.

El 31 de marzo de 2016, día del examen final de trabas y zafaduras, ninguna de las mujeres fuimos aprobadas.
El 28 de abril de 2016, día de la segunda fecha para el examen de trabas y zafaduras, Horacio Martin, uno de los directores de la escuela, me avisa telefónicamente que por el fallecimiento del padre de uno de los profesores, el examen quedaba postergado hasta nuevo aviso. Sí justifico la situación esa como razón válida para postergar el examen, lo que no puedo justificar después de todo lo vivido es la respuesta fuera de lugar por parte del sr. Horacio Martin cuando le expliqué que ya no podía esperar para rendir (tenía un viaje programado). Su respuesta fue: “pasate por casa jua”.

Como mi reacción fue negativa, me dijo que era broma. Y ese es el punto. NO ES BROMA. Una respuesta así dada por un directivo de un establecimiento NO es ninguna broma. Es una provocación que genera mucha bronca y es un ACOSO mas.
Antes de volverme a Buenos Aires pedí por favor un certificado con las materias aprobadas hasta el momento y días después me llegó a mi domicilio el título de guardavidas. Declarando que el 31 de marzo de 2016 yo había aprobado trabas y zafaduras. Firmado por Horacio Martin, Fernando Soto, y certificado al dorso por Nestor Nardone. No sé por qué me dieron ese título sin haber aprobado nunca el examen final. Supongo que Horacio me apreciaba y sintió que me estaría haciendo un favor. No lo sé, pero prefiero no callarme mas nada.

Florencia Maccarini, 06/06/2017.

Testimonio sobre abuso sexual y violencias ejercidas por Joaquin Tenenbaum. #YaNoNosCallamosMas

Estoy viva porque lo dejé.

Estoy “viva”.

Respiro, camino, por suerte leo, sigo fumando, voy al cine, tengo amigos y tengo amigas.

Estoy viva porque hablé.

Estoy “viva”.

Simbólicamente le dije basta un 2 de Abril del 2016, simbólicamente le dije basta la noche anterior cuando decidí contestarle con una mentira a sus “¿dónde estás?”, “¿qué hacés?”, mientras me metía en la cama de otro pibe y pensaba: ya está.

Ya está un carajo.

Me volví a la mañana siguiente feliz a la casa de mi cómplice, encubridora y amiga con un alfajor para dejar en su heladera y una historia bonita para compartir junto a un desayuno. Tenía el teléfono apagado pero cuando llegué a su casa lo prendí: tenía más mensajes de él y todos se leían enojados, con ese tono que sonaba a “sé que hiciste algo mal, algo me molesta pero suplicame porque no te voy a contar nada”. Fui a bailar, contesté. Te amo, agregué con algo de rechazo para que se calmara.

***

Él se llama Joaquín, Joaquín Tenenbaum. Tenemos la misma edad, fuimos a la misma secundaria. Su papá era profesor en el colegio. Lo conocí en 2014 apenas llegada a la Argentina. Tuve la mala suerte —y la inmensa suerte, por las otras personas que conocí— de caer en 4° “2” y de estar bajo su mira desde el comienzo de las clases. Todo empezó de manera tierna: yo era muy tímida y él muy torpe, nos reíamos en clase y nos mirábamos de reojo. Lo charlaba con algunas chicas que en los pocos meses que llevaba en el país podía considerar mis amigas. Una de ellas, un día decidió que era tiempo de actuar. Así que con la excusa de fumar algo, los llevé a los dos a mi casa después de clase un viernes a la tarde. Era Junio, y el día anterior se había dado la inauguración del Mundial. Lo recuerdo porque por mucho tiempo dijo que dos de sus pasiones habían empezado juntas. Estábamos bastante locos mirando la tele y riéndonos de nuestra profesora de Literatura cuando nuestra amiga decidió que era momento de dejarnos solxs. La miré con cara de desesperación cuando se iba y ella se rió. Estaba muy nerviosa, tenía mucho miedo de que la situación se hiciera oscura pero esa noche no pasó nada: miramos las Chicas Superpoderosas, nos dibujamos las manos y me besó. Después del beso me quedé en silencio. Cuando decidió irse, me besó de nuevo en la puerta y yo di un paso para atrás. Estaba contenta porque me gustaba. Todo empezó en ese momento.

***

Ese 2 de Abril del 2016 me dió una cita en Parque Centenario. Yo no sabía nada pero me lo veía venir: nunca me salen bien las mentiras y una parte de mi deseaba esa discusión. Había intentado dejarlo muchas otras veces pero nunca podía: me sentía culpable, siempre. Lo amo, me esta dando un lugar donde vivir y me ayuda. Yo me había escapado de un padre con el cual no me llevaba nada bien y de una madre que decidió que su lugar para vivir era uno que yo no compartía para nada. Con dieciocho años me fui a “vivir sola” teniendo mucha Fe en esa fuerza imaginaria que de alguna forma u otra me llevaba como un barrilete hacia casas calientes y platos de comida. Estaba sola, no trabajaba, me habían dejado afuera de la secundaria por el solo hecho de que no podía cursar en la misma institución en la que enseñaba su padre y encima, la única familia que sentía tener era la suya.

Me dio una cita en el lago, pero algo en mi me dijo que no, que era necesario un lugar más visible. Quedamos en el Mastil. Estaba ahí parado con ojos muy… turbios. Eran ojos turbios, como agua sucia. Yo estaba en piyama —mi amiga vivía a unas cuadras de ahí— con un buzo y cagándome de frío. Lista a para irme en cuanto todo se pusiese demasiado intenso.

Me dijo que sabía que yo nunca fui a bailar y me preguntaba en donde había estado. No le contesté porque si sabía eso, también sabía que había estado haciendo. Y eso le dije, le dije que ya sabía y que no necesitaba escucharlo de mí. Me contestó que no lo podía creer —y yo menos— y que me había estado revisando el Facebook porque ese pibe que yo le había nombrado de pasada no le había convencido. Se había leído todas nuestras conversaciones, hasta citó una parte en la que este chico me decía: “tu curiosidad es encantadora”. Lo recuerdo y tengo escalofríos porque me lo repitió más de una vez. Empezó a gritarme: porque le había faltado así el respeto, porque no lo habíamos charlado. Me quedé muda porque sabía que tenía razón y al mismo tiempo le quería decir que siempre le había tenido miedo. “Necesito tiempo”, le dije antes de irme. “Espero que haya sido un buen polvo, por lo menos”, lo dijo para herirme pero yo solo me reí con todos los nervios que tenía en la panza. Mientras caminaba lloraba y en vez de sentirme mal sentí un gran, gran, gran alivio.

***

Empiecé a recibir mensajes y más mensajes: por whatsapp, por facebook…

Se presentó esa misma noche al cumpleaños de un amigo y me acorraló en el balcón: me pidió que volviéramos. Le dije que no con insistencia y entonces empezó a reclamarme todo lo que había hecho por mí. Me dijo que yo era una hija de puta, que era una desagradecida y que era/soy una puta. Que nuestra relación había sido hermosa y que sí, que él se había equivocado mucho pero que él estaba tratando de enmendar todo. Le pedí perdón por haberlo engañado pero le repetí que así tenían que quedar las cosas, que la relación se había terminado. Me abrazó, me pidió por favor que volviéramos. Mientras, adentro había una fiesta y nosotros dos estábamos llorando de manera desconsolada en el balcón. Y yo no sabía ni por qué lloraba, solo quería que dejara de tocarme. Todos se fueron, él se fue. Yo estaba ebria de vino tinto y en un momento me dormí.

Puta.

Fui puta durante, fui puta después:

Me decía “puta” mientras me tironeaba muy fuerte el pelo.

Me decía “puta” mientras me rasguñaba la espalda.

“Puta” mientras me agarraba con mucha fuerza los pechos llenándolos de marcas.

“Puta” mientras me lastimaba los pezones llevándolos a la insensibilidad.

“Puta” mientras me pegaba.

Y todo lo expresado mientras me cogía.

Puta, me sentí por mucho tiempo una puta. Mientras me bajaba los pantalones sin que yo dijera que sí, mientras sentía que sus manos eran mas fuertes que yo. Me sentí una puta las veces que me desperté y él ya me estaba manoseando bajo las sábanas. Las veces que me desperté porque yo estaba durmiendo y él me estaba penetrando. Las veces que me “rompió el orto” —así lo dijo, porque lo dijo, porque lo contó, porque se jactó de ser el primero— sin que yo diera mi consentimiento. Me acuerdo sobre todo de la primera vez y del dolor que empezó a subir por la sangre rumbo a mi cerebro para después estallar en mi cara: lloré en silencio, en cuatro, en su habitación, mientras mi cuerpo estaba inmóvil y él me cogía haciéndose el boludo.

Puta me sentí cuando me hizo sexo oral pero yo cerré las piernas. Y me las abrió. Me sentí puta la tercera vez que cogimos, me dolía muchísimo y le pedí si podíamos parar. Se hizo el boludo, como siempre, aunque cuando terminó yo estaba temblando. Fui al baño, me miré al espejo: supuse que eso era normal y que al principio el dolor siempre es parte del placer. “Supuse” porque no lo sabía, el sexo para mi era algo totalmente nuevo.

Puta me sentí con todas las otras personas que vinieron después de él: me gustaban y no me gustaban, los quería pero me desnudaban y me asustaban. Tuve sexo con ellos, pero estuve perdida en otros tiempos. Los miraba pero no recuerdo nada de sus caras. Me movía sobre ellos, pero solo había una pared. Me esforzaba en ser buena en lo que hacía, porque también por mucho tiempo sentí —y siento todavía— que lo único que me quedaba para ofrecer no era más que un orgasmo. Me sentía desvalijada, desamparada y con los bolsillos vacíos.

***

Me vi esconderme en las penumbras. Me vi correr como cucaracha. Me vi rechazar caricias, me vi pero no me sentí porque por mucho tiempo fui incapaz de sentir de verdad mis pensamientos. Me escuché mentir: “sí, te quiero”, “sí, me gustas”, “sí, está todo bien”, “sí, hoy duermo en lo de una amiga”. Me vi buscando el lugar más seguro de la calle porque no estaba dispuesta a molestar a nadie, nunca más. No quería molestar nunca más, quería desaparecer. Me vi por fin durmiendo en un banco del Parque Avellaneda, me vi llorando a la mañana. Me vi llena de vergüenza, una vergüenza que se nota por todos lados en el cuerpo. Me vi triste, me vi silenciosa y desesperada. Me vi tan en el fondo, sin saber el por qué. Nunca voy a olvidar mi mirada vacía en las vidrieras, nunca voy a olvidar el frío que tuve. Porque fue mucho, fue violento, fue de adentro y de afuera para los huesos y para mi psiquis.

Este es mi testimonio:

De como se apropió de mi vida. De como me ató las manos a las suyas. De como me menospreció en cada cosa que decía. De como me rebajaba, de como me callaba, de como me manipulaba para hacerme sentir loca. De como me alejó de mi familia, de como me alejó de mis amigxs, de como me persiguió en las pesadillas. De como me aisló y no pude sacármelo de encima.

Me costó muchísimo dejar de verlo e incluso, después de haber cortado oficiamente nos volvimos a encontrar luego de un par de meses. Volvimos a hablar, a vernos y a coger. A coger con más enojo que antes. Volví a ser su objeto sexual favorito y mientras descargaba su ira en mi cuerpo podía ver pequeñas neuronas explotar en mis ojos. Lloré todas las veces. Fueron meses interminables, fue un invierno muy largo. Pasaba días enteros en la cama sin querer salir. No pude escribir nunca más. Dormía todo el día y a toda hora. Tenía ataques de pánico en el colectivo, ataques de pánico en los baños. No sabía en que pensar, porque todo me recordaba que había algo que no me dejaba vivir. Supe lo que era en la fiesta de un amigo, abrumada por el vino: lo vi sentado riéndose a unos metros míos. Gozando la vida mientras se me morÍa algo en la garganta. Recuerdo que lo vi y pensé en matarlo. Después pensé:  “no es justo”.

¿No es justo qué? Me pregunté.

Me lo pregunté un par de días después en voz alta en la pieza. Y ahí mismo me contesté:

No es justo que mi violador disfrute de la vida mientras me estoy muriendo.

Fui a vomitar. Vomité por cinco minutos.

Empecé a recordar todas sus actitudes machistas. Actitudes que él me convencía de que eran celos y no simple asco: como seguía el culo de las pibas en las calles, cuando le encontré fotos en bolas de una chica de 14 años; o cuando con intención de salvar en una carpeta una foto graciosa para ponerle de fondo de pantalla, se me abrió una carpeta en la cual coleccionaba fotos de un montón de chicas que yo conocía —todas sacadas de Instagram, Twitter o alguna red social— en ropa interior o semi-desnudas, hasta había  —otra vez— fotos de muchachas de 13 años y hasta algunas de su hermana que se había sacado fotos artísticas con proyecciones sobre el cuerpo. Él las tenía en la que de a poco descubrí que era su carpeta “porno”.

***

Fue denunciado el 24 de Marzo 2017 en la Comisaria 43 de Floresta.  A menos de un mes de realizada la denuncia el fiscal y luego la jueza decidieron sobreseer la causa por “falta de elementos” en primera instancia. Este ser humano nefasto no solo vive gozando de su impunidad si no que estudia para ser docente, protegido por un amplio grupo de profesores y profesoras del lugar en el cual estudia. Lugar que estigmatiza y señala como violentos a los y las que luchan desde dentro por una comunidad libre de abusadores y violadores.

Ningune de nosotres elije ser víctima, recuerden siempre que si hay una víctima hay un victimario avalado por una sociedad que fomenta y se nutre de sus practicas violentas y de nuestra sumisión. Y que con tus dudas, tu doble moral, tus ojos cerrados estas eligiendo el bando del opresor. Ya no nos callamos. Ya muchxs salieron, muchxs estamos saliendo, muchxs más van a salir. Frente a la violencia machista, ¡organización! Seguimos de pie, seguiremos por siempre de pie, por amor seguiremos.

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Ariell Luján debate en La Nación sobre el Registro de Violadores #yanonoscallamosmas

Necesitamos que el sistema judicial actúe eficaz y rápidamente sin revictimizar, necesitamos más espacios como Dovic, Ufem y Atajo donde poder informarnos, asesorarnos, contenernos y denunciar en un espacio propicio, necesitamos que se tenga en cuenta que nosotras nos exponemos a denunciar, a la muerte constantemente, a la revictimización y a la pobreza, porque encima se nos obliga a seguir con nuestras vidas como si nada, cuando se ha socavado en historias realmente traumáticas y dolorosas que te dejan en shock.
Tuve y tengo el privilegio de tener una familia, un círculo que me sostiene cuando lo necesito y ser independiente laboralmente, pero no es así en todos los casos y esto debe estar contemplado, fue y es duro poder comer.
Necesitamos que haya educación real desde la primaria, sexual, emocional y con perspectiva de género, espacios de autodefensa en todos los barrios y claro, despenalizarla.
Porque también nos exponen a que si nos persiguen, violan, golpean y nos defendemos, vamos presas.
Realizan una acción que no previene ni educa y en el contexto histórico que atravesamos es urgente ver la raíz de un problema que viene de hace siglos y es este sistema opresor desplegando sus más perversas formas.
Necesitamos que nuestras voces y la de quienes se especializan en género sean escuchadas y poder así abordar la problemática desde todas sus aristas.

Muchas gracias por el espacio.

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Procesaron a Miguel del Pópolo por violación

El poder de la voz expresada.
Hoy es un día para festejar este gran logro de Mailén Frías y el colectivo que viene dando lucha a través de la visibilización, el debate y el compañerismo.
¡Gracias Mai   por tu palabra, por tu fuerza, nuestro esfuerzo no es en vano, que estas noticias alienten a que las voces se multipliquen!

¡¡¡#Yanonoscallamosmas !!!

Lee la nota completa aquí

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El trabajo de UFEM, DOVIC y ATAJO en las denuncias contra Cristian Aldana por abuso sexual

Video realizado por el Área Audiovisual de la Dirección de Comunicación Institucional de la Procuración General de la Nación.


Separarme de este sujeto me supuso separarme de todo el círculo que creía de contención y de amistad, porque como ya saben, los violentos te alejan de tu gente para tener el control.
De todas esas personas, quedó una amiga nada más y claro, mi familia, que me ayudaron a ponerle freno cuando durante 2 años ya luego de separarnos seguía viniendo a la puerta de mi casa, llorando y pidiéndome volver.
Fue un trabajo muy duro rehacer MI vida.
Hasta que en abril del 2011, luego de haberlo denunciado en su ambiente en 2007, tomé la fuerza de realizar la primer denuncia, no fue una, fueron 3. Solo que el maltrato fue tan grande y lo inoperante de las comisarías es tan elevado que solo se tomó la última.
Hoy es una prueba contundente para que esté preso.

Recuerdo cuando me dijo que iba a matarme si lo denunciaba, rebajando mi autoestima y desvalidando mi poder de decisión.
Hoy no solo está privado de su libertad, si no que se sumaron muchas mujeres a denunciarlo.

Los espacios como Atajo, Ufem y Dovic son de suma importancia, es URGENTE que se multipliquen por todo el país para que dejemos de callar porque un sistema completamente revictimizador vuelve a avalar la cultura de la violación en sus comisarías.

Agradezco de corazón a Ornella Nociti quien me tomó esta 4ta denuncia con compromiso, cariño, respeto y perspectiva de género.

Y a todas esas personas que pusieron y siguen poniendo su abrazo, escucha y amor en todo este proceso.

¡#YANONOSCALLAMOSMAS !

#YANONOSCALLAMOSMAS en Cámara del Crimen [25/03/2017]

Llamamos a todxs a expresarse, denunciar y hablar de los distintos tipos de violencias que nos atravesaron o atraviesan. Es necesario descargarnos de todo eso que no nos pertenece para poder observar desde otras perspectivas y caminar la vida de la forma que nos merecemos: Libres.

Gracias a todas las personas que nos apoyan y dan fuerzas.

Gracias a Cámara del Crimen por el espacio.

Pueden mirar la entrevista a partir del minuto 18:12.

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